Andrés Gómez Santos ganó su primer torneo satélite en Bonita Beach, Florida, en 1979, lo que ubicó al tenista guayaquileño, de entonces 19 años, en el puesto número 690 del escalafón mundial. En aquella temporada su trayectoria fue tan fulgurante que terminó en el casillero 58 de la ATP.

En 1980 Andrés mejoró su ubicación y finalizó el año en el lugar 45. En 1981 ganó su primer certamen grande en Burdeos (Francia). Pero 1981 fue un año tenístico clave para el jugador porteño, porque jugó el que en aquel momento fue el partido más significativo de su carrera. Ocurrió en el US Open, la cancha principal, contra el número dos del planeta, el aclamado y popular estadounidense Jimmy Connors.

Es importante recordar que Connors fue formado por Pancho Segura. En Beverly Hills, el célebre tenista nacido en Ecuador entrenaba y daba clases a estrellas del cine y jóvenes que buscaban perfeccionar su juego. En 1968 Gloria Thompson, una mujer de gran influencia social y madre de Jimmy Connors, lo llevó con Segura para que este lo entrenara.

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Alguna vez a Pancho Segura Cano se le preguntó qué hizo para convertir a Connors en un gran jugador, y contestó: “Lo hice agresivo en su juego. Lo obligué a ir más a la red. Hice que fortaleciera su golpe más débil para que le pegara a la bola con dos manos. Le enseñé a ser astuto y aplicar la psicología para descontrolar al rival, si era necesario”.

Este fue el Connors que enfrentó a Andrés Gómez en septiembre de 1981. El estadounidense nunca imaginó que tendría adelante a un joven ecuatoriano que comenzaba su andanza brillante en el tenis de alta jerarquía mundial. Connors disfrutaba del US Open, ya que ese Grand Slam coincidía con su cumpleaños y la celebración en el estadio era un gran acontecimiento. El público coreaba a todo pulmón: “Happy birthday, Jimbo”.

Foto: Archivo

Para conocer los detalles del partido me comuniqué con Andrés Gómez, para obtener referencias de lo que sucedió hace ya 42 años. Este es el testimonio del Zurdo de Oro.

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“Había jugado con Connors en Bruselas unos meses antes, en una cancha sintética cubierta, con victoria del norteamericano. En el US Open de 1981 me enfrenté a él de nuevo; era mi primera incursión en un estadio de verdad. Cuando llegó la hora de jugar el partido, el camino al estadio implicaba un paseo largo que debía hacer. Fue increíble cómo la gente se agolpaba en los alrededores, creando como una especie de avenida para ver a los jugadores. No había tenido la oportunidad de practicar en el estadio y el ingreso me pareció impresionante”.

Continúa: “Comenzamos a calentar y a pelotear, y el juez hizo las presentaciones. Anunciaron a Connors, con todo su currículo, incluyendo todos los Grand Slam ganados y más. Y luego mi presentación, que fue muy breve. El juez ordenó iniciar el partido y mencionó mi servicio como ‘Andrés Gómez, de México’. Me acerqué y le dije que no era de México, sino de Ecuador. Entonces me dijo: ‘Está bien’. Me fui a parar, pero no dijo nada. Me acerqué de nuevo y le dije que quería que me anunciara como tenista de Ecuador. Finalmente, el juez tuvo que anunciar a ‘Andrés Gómez, de Ecuador’, ante la sorpresa y los aplausos de los presentes en el estadio”.

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Prosigue el relato de Andrés: “En ese primer game que saqué, en el punto de break point, me acerqué a la red y Connors tiró un globo muy alto al lado de la red. La pelota rebotó, miré hacia arriba, el sol me dio en la cara y no pude golpear la pelota. Connors hizo un ademán burlón como el de un ciego con un bastón caminando por toda la cancha. Esa especie de burla, paradójicamente, me relajó. Después de eso, me metí en el partido, sorprendiendo a los casi 20.000 espectadores. Hasta que llegamos al tie break en el quinto set. Connors tenía calambres en los dedos de una mano y, en cada punto, iba hasta la hielera para sumergir los dedos en agua fría. Jimbo, ese día, con el consentimiento del juez, aprovechaba todo el tiempo que quería”.

“Fue un momento de inexperiencia del que tuve que aprender. Con 6-5 a favor de Connors en el tie break del quinto set, él sacó muy lento y amplio sobre mi derecha, y la pelota fue claramente mala, una doble falta para seis iguales, pero el juez de línea no dijo absolutamente nada. Nuevamente, mi inexperiencia como tenista me llevó a dejar pasar la pelota, y así llegó el game, set y match, y se terminó el partido. Para mí, representó una vivencia increíble ese partido. Fue la confirmación de que estaba listo en el tenis, que eso era lo que me gustaba y que definitivamente era lo que iba a hacer”, rememora Gómez sobre aquella batalla.

La prensa estadounidense comentó mucho las incidencias del partido, llegando a ubicarlo entre los diez mejores jugados en la historia del US Open hasta esa fecha. The New York Times publicó al día siguiente este titular en su información: ‘Connors derrota a Gómez en cinco sets’ para una nota firmada por Neil Admur. El rotativo decía: “Jimmy Connors despertó ayer el campeonato de tenis del Abierto de los Estados Unidos al ganar en animada maratón de cinco sets contra Andrés Gómez de Ecuador. Los resultados fueron 6-7, 6-3, 6-1, 4-6, 7-6. Con un Connors emocionalmente cargado, tomando el play off final siete puntos a cinco y lanzando sus brazos al aire como si hubiera acabado de ganar el título”.

“El partido duró 4 horas y 23 minutos, y ambos jugadores salieron del estadio en el Centro Nacional de Tenis preocupados por los calambres. ‘Eludí una bala’, dijo Connors, quien tuvo que romper el servicio a Gómez en el 6-5 para enviar el partido al desempate y luego lo aseguró con un ace. Connors demostró una vez más que es el jugador más emocionante del deporte. Gómez, un zurdo de 20 años, dijo que Connors había sido su ídolo desde los 15 años. Con seis pies cinco pulgadas (1,95 metros) y 190 libras, Gómez tiene una presencia imponente”.

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“A pesar de su clasificación número 50 y sus modestas ganancias de la temporada ($ 47.000), en comparación con los millonarios del deporte, su golpe puede ser un martillo, y cuando corre alrededor de su revés y golpea desde los callejones del dobles puede resultar intimidante. ‘Obviamente, es un buen jugador’, dijo Connors, disipando las nociones de que Gómez podría haber tenido una tarde de suerte. ‘No creo que hayas visto muchas zurdas como esa’. Connors estaba emocionado, agitando los brazos por encima de la cabeza y pavoneándose por toda la cancha, mientras la multitud rugía y disfrutaba de esas gesticulaciones que ya eran su marca registrada”.

Los deportistas que llegan a ser de alto nivel mundial también tienen dudas en sus inicios. Se van convenciendo de que son privilegiados en las competencias, donde van consolidando sus facultades y su personalidad. Es comprensible que Andrés Gómez haya salido de ese septiembre de 1981 triste porque había perdido la oportunidad de ganarle al ídolo norteamericano en su cancha.

Aunque agotado físicamente, también en su interior se convenció de que ese partido contra Jimmy Connors era la clave para su carrera, como efectivamente lo fue. Así, comenzó una racha imparable que ubicó a Andrés Gómez entre los diez mejores del mundo por más de una década. (O)