Es cierto que Brasil, en la órbita de la Conmebol, le tiene pisado el poncho al resto. Lo demuestra su paso perfecto en la Copa América 2021 y en la eliminatoria. ¿Pero es hoy la mejor selección de fútbol de Sudamérica, o es más bien la menos mala? El combinado de Tite ha sido cubierto por un manto de elogios después de sus dos victorias en el torneo que actualmente alberga, conseguidas ambas en modo de piloto automático ante dos rivales que son mucho menos que la Canarinha. Ya es considerada favorita para colgarse la medalla de oro en la Copa América (además, siempre que fue sede del campeonato los brasileños se coronaron) y hay vaticinios más efusivos: este Brasil es candidato para ganar el Mundial de Catar 2022. Sus presentaciones y un dominio aplastante en los dos frentes que encara son las bases en las que se asienta el entusiasmo que genera la Auriverde.

Y aunque las alabanzas son justificadas en la Copa América, hasta ahora, a Brasil no lo han atacado, no lo han presionado, no ha estado abajo en el marcador, ni ha sido dominado. No se sabe cómo reaccionaría en circunstancias adversas, ni qué haría su técnico ante un rival que complique su plan de juego, ni cuánto brillarían sus estrellas si tuvieran menos libertad de la que dispusieron ante la débil Venezuela (con al menos una docena de ausencias por COVID-19) y un Perú de paupérrimo desempeño ante los dueños de casa.

La real valía del Brasil de Tite, que en la eliminatoria se adueñó del 100 % de los puntos que ha disputado (18), que tiene la mejor ofensiva (16 goles en seis partidos) y la defensa menos batida (2), se determinará en Catar 2022. Y precisamente en la cita mundialista, escenario desde el cual la Auriverde universalizó un estilo artístico, maravilloso, y espectacular que ya no existe (se clausuró en México 1986 el jogo bonito), es donde hace dos décadas sistemáticamente se diluye la categoría de potencia que exhibe en el certamen de selecciones de la Conmebol y en los premundiales.

‘Una constante, incluso aburrida’

Contra los europeos la avasallante fiera Verdeamarelha se ha transformado, en las últimas cuatro ediciones de la Copa del Mundo de la FIFA, en dócil felino doméstico. Las posibilidades de consagración de Brasil disminuyen cuando el contrincante no es Bolivia, Venezuela, Perú, Ecuador, o Colombia.

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En una columna publicada hace dos semanas en el periódico Folha de Sao Paulo, cuatro días antes el comienzo de la Copa América 2021, el periodista Juca Kfouri, uno de los más prestigiosos e influyentes de su país, decía: “Vencer a los sudamericanos ha sido una constante, incluso aburrida y nada desafiante. Como bien saben Tite y sus jugadores, el problema está cuando aparecen en el frente Bélgica, Francia o Alemania. Ni siquiera es bueno hablar”.

Contra los combinados del Viejo Continente Brasil se ha quedado de año a partir del Mundial 2006. Desde esa justa en Alemania, hasta la de Rusia 2018, los brasileños se han enfrentado diez veces a representativos de Europa en la Copa del Mundo; perdió cinco partidos, ganó tres (todos en fase de grupos) y empató dos. Además, en esa decena de encuentros recibió 17 goles y anotó 10. Y para confirmar que si en Sudamérica futbolísticamente Brasil manda con mano de hierro, pero se arruga contra los europeos, hay una estadística demoledora: cuatro de esos cinco partidos mundialistas perdidos fueron en duelos de eliminación directa (tres en cuartos de final y uno en semifinales) y el restante por el tercer lugar.

También ‘por encima del resto’

Al trote, sin sudar, los brasileños clasificaron al Mundial 2018. Fueron primeros en la eliminatoria de la Conmebol gracias a 12 victorias, 5 empates y apenas un partido perdido. Fue la selección que más goles hizo (41), la que menos recibió (11) y, para usar un término hípico, le sacó diez cabezas de ventaja a su escolta, Argentina (41 puntos contra 31). Y por esa exhibición de poder, como ahora, se comentaba que “Brasil está deslotado”, “está encima del resto”, “la eliminatoria es Brasil y nueve más”, “gana cuando quiere”, “es el máximo candidato de Sudamérica para ganar el Mundial”, “es una máquina”, “qué abuso”, “y encima tienen a Neymar (que volvió de Rusia como el rey de los revolcones)”.

Pero en Rusia los contendores europeos fueron kriptonita para el ‘Super Brasil’. Se adueñó del Grupo E tras empatar con Suiza (1-1) y superar a Costa Rica (2-0) y Serbia (2-0). En octavos de final se aprovechó de una víctima habitual, México (2-0). Pero en la antesala de las semifinales le tocó un equipo de Europa más fuerte que los helvéticos y los balcánicos y hasta ahí llegó. Bélgica despachó a Brasil por 2-1. Al año siguiente, en la Copa América 2019, como anfitrión, el gallo que enmudeció en las canchas rusas cantó bien en su gallinero y se ciñó la corona de forma invicta. Es que en esta parte del mundo no tiene rivales.

Arrugados contra europeos

Brasil no es monarca del mundo desde Japón-Corea del Sur 2002, ostenta un pentacampeonato y tres de sus trofeos los llevó a sus vitrinas al doblegar a pesos pesados de Europa: Italia (dos veces, en 1970 y 1994) y Alemania (2002). Fue el primer país en coronarse en otro continente al volver desde Suecia 1958 con la Copa Jules Rimet. Y además de alemanes e italianos, en los mundiales también arrasó con su fútbol mágico a Inglaterra, Francia, España, la antigua Unión Soviética, Polonia, y varios más. Es decir, era común que el poderío que exhibía en Sudamérica lo confirmara Brasil contra los europeos. Eso ya no ocurre.

Que, a partir del Mundial 2006, ser el cuco de Sudamérica no le sirve de mucho a Brasil, cuando el adversario de turno es de la UEFA, se puede comprobar con una revisión de los resultados obtenidos después de la consagración en Asia, gracias al show de Ronaldo, Rivaldo y Ronaldinho. Desde la Copa del Mundo de Alemania es cuando comienza a menguar la fuerza auriverde cuando de choques contra una selección europea se trata, y en las tres posteriores, a quienes si no perdonaron los brasileños son a los cuadros de Conmebol, Concacaf, Asia y África, y Oceanía

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Empieza el declive

En Alemania 2006, en la llave F derrotó a Japón (4-1), Australia (2-0) y al único europeo de la zona, Croacia, por la mínima diferencia (1-0). En octavos de final eliminó a Ghana (3-0), pero en la otra ronda el título quedó vacante porque se cruzó con un contrincante de Europa más fuerte que los croatas. Francia mandó a Brasil de regreso a América al vencer 1-0. Al año siguiente los brasileños volvieron a ser poderosos, pero en la Copa América de Venezuela, donde logró su octavo título al golear 3-0 a Argentina, en la final.

Un Brasil de fútbol tosco desembarcó en Sudáfrica 2010 como mandamás de la Conmebol: terminó primero la eliminatoria y era campeón vigente de Sudamérica. En la llave G liquidó a Corea del Norte (2-1) y a Costa de Marfil (3-1). El primer inconveniente se lo provocó Portugal con un 0-0. El juego de octavos de final no representó ningún contratiempo porque fue con Chile, viejo conocido de la Conmebol, al que destrozó por 3-0. Pero en la búsqueda de la clasificación a la semifinal otra vez un elenco de Europa convirtió en pesadilla el sueño mundialista de los malos herederos de Pelé: Holanda se impuso 2-1.

En el 2014 les tocó a los europeos atravesar el océano para jugar el Mundial con Brasil como anfitrión. En el sector A los de Luiz Felipe Scolari vencieron a Croacia (3-1), empataron con México (0-0) y castigaron a Camerún (4-1). En octavos y cuartos los brasileños marginaron a dos sudamericanos: Chile (en definición por penales) y la sorprendente Colombia (2-1).

El infierno del 7-1

Y no llegó más lejos porque en el siguiente turno apareció un monstruo de la UEFA. Alemania arrastró al dueño de casa y lo hizo vivir un infierno más terrible que el del Maracanazo de 1950 con un humillante 7-1. Noqueada, la fuerza que en Sudamérica no tiene parangón fue por el tercer lugar, pero la paternidad de Holanda sobre Brasil en los mundiales se tradujo en un 3-0 naranja.

Y en el 2018, el gran candidato fue a Rusia con el mismo rótulo de superfavorito por lo hecho en el premundial de Conmebol, en el que se paseó. También llevaba Brasil un equipaje con sobrepeso de elogios como los que se oyen hoy por su desempeño en la Copa América 2021, que está en disputa.

En un Grupo con dos europeos de segundo orden, Brasil solo halló resistencia en Suiza (1-1), pero no más en Serbia (2-0). Y tampoco en un conjunto de la Concacaf, Costa Rica (2-1). En octavos se deshizo de otro representante de la región Norte y Centroamérica, México (2-0). Y para mala fortuna de los brasileños en la siguiente estación estaba Bélgica, que en 31 minutos resolvió la faena que terminó 2-1.

Temible, incontrolable, desatado, victorioso y casi invencible en Sudamérica, Brasil, tras el Mundial del 2002, se ablanda contra los grandes de Europa. ¿En la tierra del ciego (el área de Conmebol), el tuerto es rey?