Por Verónica Coello Moreira | escritora

Volver a la Feria Internacional del Libro de Guayaquil involucró una vorágine de emociones, fue sentir que la pandemia no nos había quitado la pasión por los libros. Regresar a la dinámica de comprar los boletos, hacer la fila para entrar, cruzar la puerta y sentir que la literatura nos recibía con el sombrerero de Alicia en el país de las maravillas dándonos la bienvenida.

Los jóvenes se tomaron la Feria Internacional del Libro de Guayaquil, que recibió a 25.645 personas en total

Quino fue recordado en su primer año de fallecimiento.

Las charlas estuvieron diversas, enriquecedoras y hubo lanzamientos de libros potentes como el del escritor Óscar Vela Descalzo, con quien tuve la oportunidad de participar y hablar de una historia de injusticia y lucha por la verdad para un ecuatoriano preso en Estados Unidos. Me llamó gratamente la atención ver la cantidad de personas que acudían a visitar la feria y salían con muchos libros.

Guayaquil vivió una fiesta en la que participaron escritores ecuatorianos y extranjeros en comunión con ávidos lectores en medio de una organización que simplemente se supera a sí misma. Es necesario reconocer el trabajo que Cecilia Ansaldo y su equipo realizan cada año cuidando cada detalle para disfrute y deleite de quienes vemos en la feria un verdadero encuentro de letras y diversión para todas las edades. (O)