El cardenal Angelo Becciu, prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, presidió ayer en la Catedral de Málaga (España) la misa por la beatificación del sacerdote jesuita Tiburcio Arnaiz, y destacó su “vida espiritual intensa, que encontró su culmen en la oración y en la eucaristía”, informó aciprensa.com.

En la ceremonia, a la que asistieron más de 8.500 personas, el cardenal Becciu destacó que “el beato Tiburcio Arnaiz Muñoz, con el intenso sabor de su fiel testimonio del evangelio hasta el heroísmo, supo impregnar de la doctrina de Cristo el ambiente en el que vivió, contribuyendo así a la misión de la Iglesia en el mundo”.

“El intenso y fructífero ministerio apostólico de este celoso sacerdote e hijo espiritual de san Ignacio de Loyola se ejerció sobre el fundamento de la fe y de la caridad, todo orientado a la edificación de las almas y a la salvación de quienes fueron objeto de su cuidado pastoral”.

“Esta unión con el Señor, fruto de la fe, era la razón de su esperanza y se manifestaba después en el amor a los demás”, aseguró el cardenal español.(I)