Plásticos en el piso o mesas formadas con pedazos de madera o planchas de plywood sirven de base para las verduras, frutas, ropa, calzados, productos de aseo personal y de limpieza, entre otros, que exhiben vendedores en espacios públicos como en los alrededores y debajo de puentes o pasos elevados.

Es jueves 5 de agosto y a las 14:30 unos ocho puestos improvisados de venta de verduras y frutas sobresalen en un tramo de la acera del viaducto que lleva de la vía Perimetral hacia Paraíso de la Flor, por la calle Modesto Luque, noroeste de Guayaquil. Unos incluso tienen toldas o carpas para protegerse del sol, mientras parte de los hombres y mujeres, en su mayoría extranjeros, que pasan ahí casi todo el día ofrecen aquellos productos a los conductores.

Parece una pequeña plaza o feria al aire libre en este tramo de esta transitada vía. Pero no es la única. Escenas como estas se repiten en aceras, parterres e incluso en espacios de las calles de avenidas principales del norte, centro y sur como en la vía a Daule, av. Francisco de Orellana, Isidro Ayora, Casuarina, Las Esclusas, Abdón Calderón, entre otras. Y van en ascenso.

Comerciantes de la Bahía se quejan por bajos ingresos a causa del caos que generan los informales; Municipio de Guayaquil tomará acciones

“Cada día hay más gente en la calle vendiendo cualquier cosa para ganarse el pan del día”, “todos los días salimos a trabajar porque el día que no salimos o no vendemos no podemos comer”, “tenemos harta competencia”, “con la pandemia aumentaron bastantísimos (los vendedores ambulantes)”, “tenemos también bastantes extranjeros, usted los ve (vendiendo) por todos lados, ya casi los comerciantes autónomos locales nos estamos extinguiendo”, comentan comerciantes informales que trabajan en zonas del noroeste, norte y sur, alejadas del centro porteño porque allá, afirman, no hay espacio para ellos por la sobreabundancia de vendedores.

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Comerciantes informales apostados en aceras del noroeste, como en la vía Perimetral, cerca de la entrada a la av. Casuarina, más conocida como la entrada de la 8. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

El miércoles 4 de agosto, la alcaldesa Cynthia Viteri anunció la separación de 42 agentes metropolitanos -tras denuncias de extorsión o cobros indebidos que hacían uniformados municipales a informales para permitirles vender en el espacio público de zonas regeneradas- y el inicio de operativos contra la informalidad en la Bahía y en otras áreas comerciales céntricas.

Antes de aquello, en julio, los comerciantes formales de la Bahía (4.300 legalizados, según el cabildo) marcharon frente al Municipio para reclamar por el desorden y por las consecuencias negativas, como las bajas ventas, que -dijeron- traían para ellos la informalidad que se había adueñado de aceras, pasillos y calles en este casco comercial, con venia de agentes metropolitanos de control, que debían hacer respetar la ordenanza local que prohíbe la venta informal en zonas regeneradas.

En el sector de la Bahía, en Guayaquil, detectan mercadería de comerciantes informales guardada en cuartos de medidores y baños públicos

Con estos nuevos operativos en marcha, los informales que se apostaban en calles de la Bahía y en sus alrededores se vieron obligados a salir de la zona. Muchos se desplazaron a otras áreas del noroeste y del sur donde no hay los controles actuales que se dan en el casco comercial céntrico. Y eso también ha causado cierta molestia en algunos informales locales.

“El problema es que ellos, muchos extranjeros…, quieren entrar a la brava, no respetan las leyes, a las autoridades, y vienen y se nos instalan (casi) encima… Entonces el resto piensa que somos los nacionales, los locales, los que creamos el caos, los problemas, y no es así”, sostiene Patricio Segundo, de 32 años, un informal que se mueve entre la av. Casuarina y sus alrededores.

Comerciantes informales en las aceras de sectores del noroeste. Foto: José Beltrán Foto: José Beltrán Foto: El Universo

Y a eso le suman los supuestos precios más bajos, que los ‘tiran al piso’, que ofrecerían los foráneos. “Uno aquí saca para medio comer porque ellos (extranjeros) con tal de vender ganan hasta $ 0,30 en un sitio y con una clientela que uno ya tenía antes y nos van desplazando… Y no cuentan que uno así sea informal debe gastar en coger el bus para ir a comprar, en las compras que saben subir de precio… en el hogar, en el alquiler, en la comida, en todo… Ellos ni comen”, se queja Héctor Macías, vendedor ambulante de la Perimetral, en el noroeste.

En esa zona al igual que en Paraíso de la Flor, entrada a Flor de Bastión, los comercios informales en la acera se extienden a lo largo de más de ocho cuadras. Mariscos, carne de pollo o de res, frutas, verduras, ropa, calzado, comida, bisuterías, juguetes, plásticos, implementos de aseo, mascarillas y otros productos se venden en los puestos que se arman y desarman a diario y que conviven también con el comercio formal de los locales que pagan impuestos, arriendos, permisos de funcionamientos y otros. También están los vehículos o carros que llegan y se instalan en calles o avenidas con sus productos, a cualquier hora y en distintos lugares, así como los llamados comerciantes móviles, que caminan de un lado a otro con sus productos a cuestas.

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Luego de denuncias de comerciantes de la Bahía, Municipio de Guayaquil despide a 42 agentes metropolitanos por comportamientos irregulares

“Ya nos hemos acostumbrado, aquí igual hay movimiento, creo que todos venden algo, y hasta de cierta manera esto (comercio en las aceras) nos ayuda un poco y nos cuida de la delincuencia”, dice Marlene Ayora, trabajadora de una farmacia en la av. Modesto Luque.

“Aquí queremos un mercado o un espacio pequeño para trabajar, donde se pueda vender y vaya la gente”, dice María, una comerciante informal que trabaja en esta zona desde las 08:00 hasta las 20:00, de lunes a domingo, para sostener económicamente a su familia.

Comerciantes informales en sectores de la vía a Daule. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

En estas zonas, al igual que en el resto de los sectores de Guayaquil donde hay comercio informal o ambulante, los vendedores sostienen que es la única fuente de ingresos económicos que tienen, más cuando muchos fueron despedidos de sus trabajos al inicio y durante este tiempo de la pandemia del COVID-19. Ellos esperan que las autoridades municipales creen nuevos espacios para que se regularicen, pero que estos sean en sitios concurridos o que estén en zonas de fácil acceso.

“Mire aquí en la Casuarina crearon el mercado y allá nadie va. Está muy adentro (lejos), entonces los comerciantes se ven obligados a salir a la calle”, expone Jorge Borbor, de 36 años, comerciante ambulante que trabajaba desde hace más de diez años en esta zona vendiendo bisutería.

César Cavero Cox, de 52 años, comerciante informal “de toda la vida”, cree que en Guayaquil es posible que las autoridades hagan varios corredores comerciales en diferentes espacios para regularizar la informalidad, tal como ocurrió en Tumbes, Perú, donde hay un área (en la Plaza de Armas) para los comerciantes autónomos, acreditados y regulados.

Comerciantes informales en varios sectores de la ciudad. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

“El problema es que tantos formales como informales estamos desorganizados…. Teníamos la idea de un sindicato autónomo (hace varios años), pero no se concretó”, expone Cavero, quien asegura que por un lado está bien el control de los agentes metropolitanos en los espacios públicos, porque es necesario, pero que también se debe pensar en la falta de fuentes de trabajo y de ingresos económicos de la población.

Y sostiene que ellos con años de trabajo en las calles son conscientes y ponen en práctica el respeto a las autoridades, no así los nuevos y foráneos, resalta.

Puestos de comercios informales en la av. Abdón Calderón, en el Guasmo, sur de Guayaquil. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

Alfredo Carrasco Larrosa, presidente de la Asamblea Ciudadana de Servicios Públicos del Guayas, cuenta que como organismo veedor proponen que los comerciantes informales que han sido desalojados de sitios como la Bahía y el centro sean trasladados a explanadas como la del Centro Cívico (Parque Forestal, en el sur) y la del estadio Yeyo Úraga, que actualmente, dice, están en abandono. Y que los vendedores cuenten con seguridad y tengan uniformes o chalecos con su respectiva numeración, respetando las medidas de bioseguridad sanitaria por la actual pandemia.

También sostiene que el control actual está correcto, porque había una “mafia” que extorsionaba en sectores como la Bahía y que el tema había sido denunciado meses atrás. Una de las situaciones más evidentes era el cobro, por ejemplo, de $ 1 diario por permitir el uso del espacio público, cita.

Rechazan la incautación de la mercadería de los informales, “porque eso sí es un abuso” y no están de acuerdo con que se prohíba el trabajo autónomo como lo garantiza la Constitución vigente desde el 2008.

Comercios informales en aceras y calles de Guayaquil. Foto: José Beltrán Foto: El Universo

“(Los agentes metropolitanos) deben decir: ‘señor salga de aquí, llévese su mercadería. Eso es lo que se debe hacer, pero no incautarle, ya que es una violación a derechos (como el trabajo)”, resalta.

Y mientras el control se centra en estos días en la Bahía y en sus alrededores, en otras zonas comerciales céntricas, en calles como Pedro Moncayo y Colón, por ejemplo, los vendedores de artículos varios y de segundo uso se han tomado toda la acera, dificultando incluso el paso de peatones. Y así ocurre en otros sitios.

Estamos en momentos de crisis (económica) y no es posible que también se les quite el pan del día a estas personas. Se está influenciando a la delincuencia. El Yeyo Úraga, por ejemplo, que está botado, se lo puede habilitar para que trabajen ahí y puede ser dividido (el espacio): en un lado los extranjeros y en otro lado, los ecuatorianos, para que no haya ese roce, esa discusión.

Alfredo Carrasco, presidente de la Asamblea Ciudadana de Servicios Públicos del Guayas

Soy comerciante informal, vivo de lo que vendo en la calle, como y mantengo a mi familia de esto, pero desde hace un poco más de un año se ha incrementado mucho la informalidad de migrantes, de otro país, que vienen a vender en la calle con un gran desorden, irrespetando a la autoridad, y eso nos ha hecho mucho daño a quienes trabajamos en la calle desde hace muchos años, que buscamos el pan del día de esta forma. Ahora pagamos justos por pecadores.

César Cavero Cox, vendedor informal del noroeste de Guayaquil

Los vendedores informales así como los ambulantes o móviles (que andan con sus mercaderías a cuestas por diferentes sectores) aseguran que al día se hacen entre $ 5 y $ 15 en promedio cuando el día “está bueno” o hay ventas y aquello les sirve para la comida y otros gastos que tienen. A ellos también los ha afectado la competencia y la crisis que se profundizó con la pandemia. “Las ventas están bajas, no suben ni porque se habla de reactivación, de vacunación”, menciona una comerciante de la av. Abdón Calderón, en el Guasmo. (I)