Las vacunas para regular la mortalidad a causa del coronavirus se han visto afectadas no solo por el tiempo que toma inocular a toda la población mundial, sino también por el avance del virus mismo: sus variantes evolucionan con cepas nuevas y “más adaptadas” al medio, que buscan la oportunidad de afectar nuestras defensas.

Según el vacunómetro, en Ecuador más de 310.000 ecuatorianos han sido vacunados en el exterior y dentro del país. De acuerdo con los reportes del Ministerio de Salud, hasta el 11 de agosto se han aplicado 1′036.794 dosis gracias al #PlanVacunación910 del Gobierno actual. Sin embargo, las variantes del virus apuntan a una tercera dosis de refuerzo, un ciclo que amenaza con volver al punto de partida.

Más de 300.000 ecuatorianos se habrían vacunado en el exterior, en dos meses; según el vacunómetro, son menos

En el caso de la variante delta del coronavirus, en Ecuador se reportan nuevos contagios, sumando un total, hasta ahora, de 99 casos. Y en el mundo entero, las “variantes mutantes” están alarmando a los expertos en salud.

En un artículo que recoge Business Insider, el virólogo James Hildreth explica que el panorama “no tiene buena pinta”. James Hildreth forma parte del comité asesor de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos, que autoriza las vacunas contra el COVID-19 que se administran en el país. “Parece casi como si la disponibilidad de las vacunas, y el conocimiento de que van a llegar, hubiera hecho que algunas personas bajaran la guardia un poco antes de tiempo”, añade.

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Por ejemplo, en mayo de este año, Nueva York dejó atrás el uso de la mascarilla gracias al aparente aumento de personas inoculadas, y así varios países del mundo siguieron su ejemplo. Sin embargo, dar por sentado que estamos a salvo es un grave error, para los científicos, quienes han seguido la propagación de las variantes desde los albores de la pandemia y han observado cómo nuevas mutaciones más infecciosas han tomado el control.

La preocupación radica en que las vacunas no están hechas para las nuevas variantes, es decir, todas las vacunas de las farmacéuticas que conocemos: Pfizer, Sinovac, Moderna, Janssen, AztraZeneca, entre otras, se construyeron para combatir el virus identificado por primera vez en Wuhan, y dicha versión ya no es la única existente.

“Hasta noviembre del 2020, la mayoría de la gente ni siquiera pensaba en las variantes”, explica el epidemiólogo Michael Osterholm, director del Centro de Investigación y Política de Enfermedades Infecciosas de la Universidad de Minnesota, en el artículo. “Eran solo una especie de rarezas, formas de medir la antigüedad del virus”. Además, recoge tres posibles formas en las que las variantes podrían ganar la batalla de salud del mundo entero.

La primera: mutaciones en la proteína de la espiga vs. el virus

Según el epidemiólogo Anthony Fauci, director del Instituto Nacional de Alergia y Enfermedades Infecciosas, todas las vacunas que tenemos se dirigen a las proteínas de espiga del coronavirus, es decir; aquellas protuberancias afiladas en forma de corona de la superficie del virus que le ayudan a invadir nuestras células. Si se producen múltiples mutaciones en las proteínas, las vacunas actuales podrían resultar inútiles. ¿Por qué? Falta de resistencia. Si existe mutación en las proteínas, los anticuerpos inducidos por la inoculación serían incapaces de rechazar la nueva variante. Un ejemplo claro es la variante P.1, identificada por primera vez en Brasil: tiene tres mutaciones en la proteína de la espiga y está reinfectando a personas que ya han tenido COVID-19.

La segunda: poca eficacia en las defensas inmunitarias de las vacunas

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A esta posibilidad los virólogos la denominan “mutantes de escape”, y lo que ocurre es que si las variaciones del virus son lo suficientemente astutas pueden burlar las defensas inmunitarias que hemos conseguido crear a través de la inoculación. El problema está en que solo una parte de la población está vacunada, lo que crea las circunstancias ideales para que surjan mutantes de escape.

La tercera: el tiempo de duración de las vacunas

Como no se conoce ciertamente cuánto tiempo durará la vacuna en el ser humano es primordial trabajar no solo en refuerzos, sino en nuevos lotes que ataquen a las variantes de rápida evolución y eviten dejar al ser humano ya vacunado nuevamente vulnerable al virus en los próximos años. De ser así, un nueva ola podría infectar a la población entera. Por ello, es importante mantener los protocolos de bioseguridad.

Los expertos de salud insisten en el uso de mascarilla, el lavado correcto de manos con agua y jabón y mantener el distanciamiento si es necesario. (I)