Cuando Ana María quedó confinada en su casa –en marzo– solo tenía en su cuenta su quincena, la deuda de tarjeta por las matrículas y compra de libros de sus hijos y el miedo de ver cómo en Guayaquil se iban perdiendo gente y empleos.

Su trabajo no lo perdió, pero sí $ 360 de sus ingresos. A su hermana que la ayuda en los gastos le redujeron el 40% del sueldo; a su cuñado que suele prestarle dinero en casos de emergencia le aplicaron una reducción de jornada y sueldo del 25%; su suegro entró en suspensión laboral; su esposo, desempleado.

Le tocó acogerse al plan de diferimiento de deudas del banco, y revisar cada gasto de la casa para ajustar y eliminar lo que se pueda. Y así mes a mes fue aplicando recortes:
- Suspender el servicio de televisión por cable y línea de teléfono fijo: $ 42.
- Dar de baja una línea de teléfono celular: $ 27.
- Eliminar un seguro de la tarjeta de crédito, la titular y la adicional: $ 15.
- Cambiar la periodicidad y monto para las compras de los alimentos. Antes a la semana gastaba entre $ 70 y $ 120, ahora solo realiza dos compras al mes, carnes y embutidos por unos $ 80 y otra para el resto de productos, incluido de higiene, por $ 150. Se dejaron de lado marcas y golosinas.

En total calcula unos $ 200 de reducción en sus gastos. Y como ahora su vehículo casi no circula, los $ 27 semanales de gasolina que costeaba antes de la cuarentena abonan a cubrir su reducción salarial. De las deudas de tarjeta ha ido saliendo y ya tiene un monto fijo mensual para ahorro, pues no quiere volver a sentir que en una emergencia está sin un centavo de ‘colchón’ y nadie que pueda darle una mano.

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El ajustar el presupuesto y ahorrar se podría decir que fue la oportunidad de esta crisis sanitaria y económica que el país atraviesa por el COVID-19. Los depósitos aumentaron en el 6% en septiembre, luego de una caída en marzo y abril. “Esto es un reflejo de que las personas después de los meses de mayor impacto, y pese a las condiciones poco favorables, continuaron ahorrando”, comenta el jefe de Banca de Personas de Banco Procredit, Francisco Nazati.

En el mismo periodo de 2019, donde las condiciones eran menos adversas, el crecimiento fue de apenas 2,22%, “es decir que en 2020 las personas han ahorrado casi tres veces más que en el 2019 con condiciones aún más desfavorables”. Por ello considera que existe una mayor conciencia sobre la importancia de generar un fondo de ahorro, y si esa tendencia se mantiene proyecta que en el 2021 las personas ahorren no menos del 20% al 30% más de lo que hacían en años anteriores.

Este especialista realizó un análisis sobre las prioridades financieras de los ecuatorianos en el 2021 tras el COVID-19 y en este menciona que el mantener el consumo de alimentación en de casa, pues en la pandemia no se pudo salir, significa una reducción considerable en gastos. “No está mal salir a comer, siempre y cuando esté en el presupuesto mensual, es bueno darnos recreación, pero cuando este excede nuestros ingresos o tenemos que financiarlo con tarjeta de crédito se vuelve perjudicial, porque tenemos que buscar después de dónde pagar ese dinero”.

Ahorrar 10% de ingresos significa que al año se puede acumular un sueldo

Para Belén Luzón, jefa de Negocios de Cooperativa Andalucía, hay que empezar el 2021 de manera más ordenada: hacer una lista a lápiz y papel, en la computadora o celular, ser transparente y anotar cuánto gano, nivel de gastos, llegar a un equilibrio, enlistar gastos que se pueden evitar. Presupuestar cada uno de ellos.

“Estamos acostumbrados a ahorrar lo que sobra. Debemos cambiar eso. Ir anotando 50% o 60% de ingresos para gastos del hogar: alimentación, salud y vivienda, educación, los que no puedo prescindir; el 30% a gastos corrientes: tarjetas, las cuotas de crédito o hipoteca; y lo restante guardar y no en la misma cuenta, para no consumirlo, sino en un plan de ahorro (hay tasas de interés de hasta 8,55% mensual). Aunque sea ahorrar $ 10 o $ 20 al mes. Ponerle nombre, objetivo, tiempo a mi ahorro: universidad, entrada de casa, auto...”, comenta.

Lo sugerido es ahorrar el 10% de los ingresos porque así en un año se logra acumular un sueldo. La clave es cuánto puedo dejar de consumir para destinarlo al ahorro y ese monto insertarlo en el presupuesto.

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Regla de oro: ‘NUNCA’ diferir pagos de comida

Nunca difiera comida, comida es el pecado capital de diferir. Lo dice tajante el jefe de Banca de Personas de Banco Procredit, Francisco Nazati. "Para todo lo que es comida lo recomendable es el pago contado", y explica que los pagos diferidos son para lo que se compra hoy, pero se lo utiliza en el tiempo, por ejemplo la matrícula del vehículo, estudios, uniformes, si es que no se logra reunir para cubrir esos gastos.

Otro error es que "vamos al supermercado sin una lista de compras concretas y terminas gastando sobre lo presupuestado", por ello la especialista Belén Luzón indica que para ir a abastecerse de comida se debe acudir con lista en mano y con un presupuesto claro.

Qué planillas se pueden reducir o suprimir

“El presupuesto debe contener todos los rubros que sean indispensables y marcar aquellos que se pueden reducir o eliminar como planes de televisión prepagada”, indica el ejecutivo de Procredit. Si en agua, luz, teléfono se puede reducir en cada planilla $ 1, $ 2, $ 3, se pueden ahorrar de $ 5 a $ 10 mensuales que pueden ir a parte del ahorro. Buscar no pagar servicios financieros, quedarse con una o dos tarjetas de crédito, no manejar muchas por las que aunque no se usen se pagan otros servicios como renovación, unos $ 30 cada año.

Luzón aconseja buscar alternativas y precios antes de comprar, acceder a información en canales digitales. Dejar de lado el café, cine, televisión pagada, un plan robusto de teléfono, alguna membresía o afiliación que ni se consumía. “Todo presupuesto se debe aterrizar a lo que estamos viviendo, si mi ingreso se vio reducido en el 20%, 30%, 40% o más debo ver qué puedo hacer, a lo mejor preparar los alimentos en casa, ya no consumir afuera, transportarnos de una manera que todos podamos ahorrar en ese servicio, si arriendo llegar a un acuerdo con el arrendatario, si pago una escuela que no me alcanza para subsistir con mis niños buscar una alternativa, algo que se adapte más a mi realidad”. (I)