Actuar con rapidez y estar consciente de que cada segundo que pasa es crucial para salvar una vida es lo que viene realizando Alberto Campodónico, médico clínico intensivista de la clínica Kennedy de Guayaquil.

El galeno recibe pacientes para estabilizarlos, luego van a terapia intensiva y, si la recuperación marcha bien, pasan al área de Hospitalización, que es cuando salen de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI).

En estos procedimientos, Campodónico ha tratado a pacientes que llegan a la sala de emergencias descompensados, con infartos, con diverticulitis, con colitis aguda, con hemorragia cerebral, lesiones por accidentes de tránsito, apuñalados y con impactos de bala.

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“Tuvimos un paciente al que le querían disparar a la cabeza. (La bala) entró por un pulmón y salió por el otro. Afortunadamente el paciente está vivo, pero estuvo bien grave. En este caso, el hombre estaba saliendo de su casa y, cuando estaba abriendo la puerta de la garita, le dispararon. Querían dispararle en la cabeza, pero terminó en el tórax. Alcanzó a llegar a una gasolinera y ahí se desmayó. Fue llevado en un taxi a una clínica e inmediatamente lo recibimos y se lo intervino”, cuenta el doctor, quien desconoce la motivación del ataque y añade que el hombre estuvo cerca de 20 días en el hospital.

Campodónico también ha atendido a ciudadanos apuñalados, y en esos casos se sutura para evitar el sangrado masivo. “La primera acción es ir al cuarto de trauma, ver los signos vitales, si es necesario intubarlo. Por ejemplo, cuando hay una neumonía es muy grave. Con una insuficiencia respiratoria probablemente hay que intubar”, explica el doctor.

Lastimosamente no todos sobreviven, lo cual es duro para el galeno comunicar a la familia. “Uno siempre quiere que el paciente salga adelante. Dar una noticia así a un familiar es bastante triste”, sostiene.

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Al igual que Campodónico, más especialistas experimentan distintas emociones en las salas de emergencias del país, desde la felicidad por salvar una vida hasta frenar las esperanzas por la muerte del paciente.

Según el Ministerio de Salud Pública (MSP), se registraron más de 2,8 millones de atenciones en emergencias entre enero y julio de 2023 en la red del MSP, 8,6 % más que en el mismo periodo del 2022 cuando hubo más de 2,6 millones.

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Hay un aumento de usuarios que acuden a las salas de urgencias, de los que 1,7 millones son mujeres, y 1,1 millones son hombres.

La principal causa es la rinofaringitis aguda, una inflamación de toda la mucosa que recubre la nariz y la que forma parte de la laringe. En estos seis meses hubo 267.954 pacientes.

Otra de las dolencias es amigdalitis aguda, con 205.570 usuarios en emergencias; por gastroenteritis acudieron 203.222; por dolores abdominales son 170.999; y, por falso trabajo de parto, 86.909 mujeres.

Y hay otros, como 36.206, por gastritis y duodenitis, 35.434 por hipertensión, 33.718 por heridas en la cabeza y 3.577 con traumatismos accidentales.

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José Luna, docente de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Uisek, indica que la presencia de personas en las salas de emergencia ha aumentado por enfermedades virales, e indica que es por la resistencia a las vacunas de influenza.

“Esto es una cuestión un poquito compleja porque, para que nosotros podamos hacer más eficiente la atención en las salas de emergencia, necesitamos que se atiendan plenamente emergencias”, dice Luna.

Agrega que hay personas que van a emergencias por dolencias que pueden ser tratadas en otras áreas, y ese espacio sirve para quienes están necesitando con urgencia la atención.

“El paciente tiene que hacer acto de conciencia de que una gripe, un resfriado común, cuestiones alérgicas, una infección de vías urinarias no son emergencias. Se acude a consulta externa”, enfatiza Luna.

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Así también, el galeno, que labora en el área de emergencias de un hospital en Quito, sostiene que la falta de insumos médicos, de profesionales y, por ende, sobrecarga laboral en la red de salud pública impiden cubrir la capacidad de urgencias, que va creciendo.

A nivel nacional, el Hospital General Martín Icaza, en Los Ríos, es el que más emergencias registra, con 65.814; seguido del Centro de Salud Cisne II, ubicado en el suburbio de Guayaquil, con 51.831.

En el listado siguen el hospital Docente de Calderón, en Quito, con 43.639 y el Centro de Salud Materno Infantil Bastión Popular, en Guayaquil, con 42.584 atenciones.

El pasado lunes, 4 de septiembre, Catalina Ruiz estuvo desesperada afuera del área de Emergencias del Hospital General Monte Sinaí, en Guayaquil, porque no sabía el estado de salud de su hija Madeleine Conforme, de 20 años, que está con siete meses de embarazo. Su hija es asmática y un día antes le empezó a faltar el aire. “Se ahogaba”, dice su madre.

Como viven en Durán fue llevada a una casa de salud pública del cantón, pero la derivaron a Monte Sinaí. “La mandaron acá porque no había los aparatos necesarios para el embarazo de ella. El bebé está bajo de peso y pequeño y no la pueden intervenir. Los latidos (del bebé) estaban bajos y (en Durán) no tienen los aparatos necesarios para monitorearla”, relata Catalina, quien estaba impaciente por ver a su hija, a quien tenían en la UCI.

Madeleine ingresó por emergencia, la evaluaron y subió a UCI, cuenta su padre, Faustino Conforme, quien desde ese momento no supo de su hija.

Sin embargo, por la tarde, su madre logró ver a Madeleine de lejos. Ese mismo día tuvo que comprar un inhalador para asma, que le costó $ 28, porque no había; y al siguiente día le pidieron pañales.

Los padres reprochan estos gastos, porque no tienen recursos, y solo esperan que su hija, que ya está mejorando, abandone la casa de salud.

Las cifras del Ministerio de Salud ponen en evidencia que las mujeres de entre 20 y 39 años acuden más a emergencias y son 655.670 hasta julio. El rango de 40 a 64 años también es alto y son 304.056 mujeres. Con los hombres es menos: 210.123 y 277.342 entre los 20 y 39 años.

Para Luna, que la balanza esté más en mujeres se debe a las características biológicas, de su ciclo menstrual, hormonal.

“Durante el periodo de evolución son más susceptibles a las enfermedades virales. Y los niveles hormonales afectan la capacidad de reparación y la respuesta inflamatoria que tiene el cuerpo frente al agresor viral. Entonces, los síntomas pueden ser mayores en las mujeres por estos motivos biológicos. También está el hecho de que las mujeres son más propensas a buscar el cuidado médico. Se espera que los hombres aguanten los síntomas. Hay un factor biológico y cultural a esta desviación más al lado del sexo femenino”, argumenta Luna. (I)