Es la era del clic, del ir y bajar en las pantallas táctiles para acceder a entretenimiento, interacción social, educación o información, un proceso que se ha acelerado en Ecuador empujado por el confinamiento.

El último informe Ecuador Estado digital de enero del 2021 indica que la pandemia impulsó la digitalización del país.

Hay 14,2 millones de usuarios digitales (con acceso a internet), es decir, el 80% de la población nacional. De estos, 14 millones están en redes sociales y 9,6 millones utilizan mensajería instantánea.

Con este nivel de penetración el informe indica que “la audiencia es cada vez más susceptible a contenido no verificado en altos niveles”.

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“El uso de internet se concentra principalmente en redes sociales y videos antes que en noticias e información como se manifiesta en mayor grado en países desarrollados”, indica el informe.

El impacto de acceder cada vez más a contenidos a través de internet apenas se empieza a entender con estudios en marcha, indica Tania Orbe, catedrática de la Universidad San Francisco de Quito y especialista en comunicación.

Los menores de 25 años, dice, son los más expuestos debido a la educación virtual. “Las pantallas y las redes sociales se convierten en el parque, en el recreo, reemplazan lo que antes era de manera física con sus amigos y compañeros”.

El 41% del total de usuarios digitales era menor de 24 años en enero del 2021, lo que muestra cada vez un mayor peso de este grupo, ya que en el informe de enero del 2020 representaban el 37%.

Un mayor acceso puede generar “adicciones al reconocimiento social, a sentir que pertenecemos a un grupo, a que si logro más likes pues me siento reconocido por los demás y si no lo logró hay una frustración enorme”, dice Orbe.

La Organización Mundial de la Salud lo identifica como un problema de salud mental. “Una adicción que genera ansiedad, estrés, síndrome de abstinencia”.

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El teléfono móvil se ha vuelto como un apéndice del cuerpo. “Por lo menos una vez cada hora se siente que vibra o que me llaman y lo tomo, es lo último que veo antes de dormir, lo que está asociado a trastornos del sueño. Nunca lo apagamos, hacemos que sea nuestro despertador”.

La problemática, agrega, es más grave de lo que parece. Hay estudios en marcha para determinar cuáles son las horas recomendadas al día o por qué todos los contenidos deben estar en redes sociales.

Con cada vez más usuarios de internet ha surgido el término prosumidores, que son los productores y consumidores de información y de contenido, todo a la vez.

“Tenemos el imaginario de que nosotros controlamos lo que producimos y consumimos, pero no es así, nuestros datos personales y preferencias es lo primero que aparecerá porque eso busqué una vez. No necesariamente es lo que yo necesito, ni lo más útil, pero aparece como primera entrada de búsqueda y luego se convierte en lo único que voy a encontrar”, indica Orbe.

La práctica es no pasar de la primera página en Google, leer contenidos en un tiempo de tres a seis segundos, ver posteos de mis amigos o de las cuentas a las que sigo, añade.

El uso está asociado al aumento de casos del trastorno por déficit de atención con hiperactividad. “Son niños que han crecido sobrestimulados, que desde que nacieron están expuestos a una pantalla, ya a los 2 años pueden manejar un videojuego, antes de leer y escribir”.

La desinformación gana la batalla

El filósofo italiano Humberto Eco refería sobre los riesgos de tener todo el conocimiento y la educación disponible en internet. Ya no se acude a la biblioteca ni hay que leer cientos de páginas para encontrar una información.

Así, el aula o la clase solo sirve para discutir. “Y esa es la única razón por la que nos reunimos, a través de la discusión generamos conocimiento, de allí todo lo demás ya está en internet”, explica Orbe.

El astrofísico Michio Kaku dice que el peor error de la educación es que cuando llegamos a la escuela nos dicen que ya no preguntemos. La edad del por qué termina a los 5 años cuando se empieza a seguir reglas.

“Tenemos 20 años de las redes sociales y por lo menos necesitaremos lo mismo para lograr una alfabetización digital desde las generaciones que empiezan a educarse en ello”, vaticina la especialista.

Enseñar a filtrar, a discernir un contenido verificado de fuentes confiables del que no lo es es una destreza que debe enseñarse, dice Christian Espinosa, director de Cobertura Digital.com.

Ser analfabeto digital es quedarse con las primeras entradas de búsqueda de los buscadores, sin contrastar ni verificar el origen de la información.

Las principales plataformas mundiales, Facebook y Google, financian alternativas para la verificación de los contenidos con el fin de eliminar, censurar o denunciar cuentas falsas, troll center, pero los esfuerzos no son suficientes.

Facebook logra identificar y borrar más de un millón de cuentas falsas en todo el mundo cada tres meses.

Google ha destinado este año tres millones de dólares para financiar propuestas de verificación del contenido.

“La información errónea mueve millones de dólares en el mundo, es un negocio con intereses políticos y económicos por el nivel de influencia que se puede generar”, explica Orbe.

Un estudio reciente indica que las redes sociales son la segunda forma de informarse en Ecuador solo superadas por la televisión, indica Espinosa.

“Esto tiene riesgos ya que no necesariamente informarse por redes implica que se trata de información verificada, esa información puede estar comprometida”.

Espinosa da clases de alfabetización digital desde hace quince años. Empezó con un curso que se llamaba ‘Búsquedas avanzadas en Google’. “Me daba cuenta desde entonces que los jóvenes, aunque crecen con internet, no saben cómo encontrar y filtrar la información”.

La alfabetización digital, concuerdan los expertos, debe estar inserta en las escuelas, colegios y universidades de forma transversal.

“Lo peor es compartir y contaminar con esta desinformación a otras personas”, dice Espinosa.

La alfabetización digital no es solo entregar equipos o acceder a la web

Hay que reformular los conceptos de analfabetismo digital o actualizarlos, dice Espinosa, ya que no se puede medir solo por entregar laptops, tabletas o computadoras.

“Eso es cerrar la brecha tecnológica, pero el trabajo real tiene que hacerse a nivel de contenidos”.

Hay consejos claves como verificar la fuente de la información y aprender a establecer si es fiable o no.

También buscar autoformación y tener una actitud crítica frente al contenido.

“Si uno no tiene conocimiento de lo que recibe, pues no lo replique, no dé todo por cierto y no lo comparta. Busque las maneras propias de llegar a las fuentes oficiales y equilibrar con otras fuentes sobre lo que se está leyendo. No dar por cierto todo lo que vemos en WhatsApp, Facebook”, recomienda Espinosa.

El 27% de usuarios digitales en Ecuador está concentrado en Quito y Guayaquil,

A ellos se han sumado más los pobladores de las ciudades intermedias con lo que hay una fragmentación de ubicación de los usuarios. El 53% de los usuarios de Facebook están en ciudades del país que tienen menos de 120 mil habitantes.

El 98% de ingresos e interacciones en redes sociales es a través de los dispositivos móviles.

Lorena Naranjo, directora nacional del Registro de Datos Públicos, afirma que el libro República.com: internet, democracia y libertad, de Cass R. Sunstein, ya planteaba la problemática y las consecuencias de la desinformación.

“Los medios de comunicación masivos que tradicionalmente eran los intermediarios del interés general ahora han mutado hacia los medios digitales, que no necesariamente están manejados por periódicos, radios o canales de televisión”, dice Naranjo.

Hay otros actores y en su intervención crean contenidos que difunden e influyen, es decir, modelan o mueven los intereses de la sociedad.

“El problema de la filtración es que como yo solo analizo y escucho lo que yo quiero, no tengo acceso a otros contenidos lo que impide el ejercicio de la deliberación y eso afecta directamente a la democracia”, añade.

El foro público ya no está en las plazas, sino en internet.

Y en esta filtración, ¿quién determina lo que es desinformación o no?

La situación es compleja. “En Europa se trabaja en leyes para regular la desinformación, pero no están vigentes ni tienen claridad porque los límites son difíciles de definir”, indica la funcionaria.

Las plataformas han comenzado a autorregularse con sistemas de reportería, las pestañas en las que se pueden denunciar contenidos lo que enciende el foco para la revisión. (I)