A Gisela Quinde le estremeció la noticia de la muerte de un niño en medio de un tiroteo entre policías y ladrones registrado en el barrio Centenario, al sur de Guayaquil, hace pocos días. Ella tiene un hijo de 5 años e indica que debe ser duro asimilar la situación para los padres del infante fallecido.

“El miedo de que me roben y lastimen a mi hijo me estremece solo de pensarlo”, dice. Por eso, cuenta, le ha dicho a su pequeño Jeremías que si son víctimas de los delincuentes él debe mantener la calma y “agarrarse de mi pierna lo más fuerte que él pueda, que no corra a ningún lado. Si hay una balacera le he dicho que se tire al piso y busque un lugar que lo cubra”.

Hablarles claro y de forma sencilla a los niños y adolescentes es crucial para mantenerlos sanos en medio de la ola delictiva que vive el país, indica el psicólogo Christian Arias.

“Si de por sí el ciudadano adulto promedio se angustia por la inseguridad y medianamente logramos procesarlo, ya que es complejo, entonces el impacto psicológico en los niños es mayor”, indica.

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Añade que los padres deben aplicar una técnica de psicología infantil llamada organización de la experiencia. Es decir, se tiene que explicar lo que ocurre de una forma organizada.

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Por ejemplo, si un papá, preocupado por la delincuencia, le dice a su hijo que no puede salir a jugar al parque, pero no le explica el por qué el niño romperá en llanto. Entonces, se le debe decir, de forma clara y sencilla, que por el momento no se puede salir porque se vive en un sector peligroso, describir lo que ha ocurrido. Incluso, explicar lo que es un estado de excepción. Esto ayuda a los niños a procesar un poco mejor todo lo que ocurre”, dice.

Otros de los riesgos para los infantes es crecer con esa sensación de inseguridad o de desconfianza en lo externo y es altamente probable que se potencie un daño en su salud mental que ya viene lastimada por los estragos de la pandemia, señala la psicóloga Angélica Santillán.

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Existiendo tanto riesgo en los espacios donde hay movilidad y recreación muchos padres optarán por no salir con los hijos o salir solo lo absolutamente necesario. Ciudades como Guayaquil que no cuentan con espacios en los que las familias puedan recrearse tranquilas libres de delincuencia es altamente probable que se prolongue el encierro que se experimentó el año pasado producto de la pandemia”, afirma.

De hecho, Gisela afirma que no deja salir a Jeremías a jugar con sus amigos por las tardes como ella lo hacía cuando tenía la misma edad: “Pasan motos y carros robando, ya se ha vuelto normal, no es novedad. Yo sé que no está bien, pero vivimos en constante miedo”. A esto suma cuidados como no salir de casa en las noches y si lo tiene que hacer deja su celular, no lleva mucho dinero, no usa joyas, toma taxis de confianza y trata de no llevar a su hijo.

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Para Arias existe una “gran tarea” a nivel del sistema educativo, ya que las familias deben ser acompañadas por departamentos de consejería estudiantil.

“Para esto que se vive es preciso para que desde las escuelas se hable sobre inteligencia emocional, medidas de cuidado y de protección que en su momento se lo hizo en el contexto sanitario de la pandemia. ¿Un adulto desregulado cómo contiene a un niño angustiado? El adulto debe estar calmado”, dice. (I)