Si bien es entendible la decisión del Gobierno nacional de empezar con el retorno voluntario a clases de forma presencial, no deja de ser una apuesta de alto riesgo, ya que la pandemia no ha sido controlada, dice Andrea Gómez, epidemióloga y salubrista.

En el país todavía existe una transmisión comunitaria y la cantidad de testeos diarios no son suficientes, por lo que se debe mejorar la vigilancia epidemiológica para evitar más contagios.

De lo que ha informado el COE (Comité de Operaciones de Emergencia) la probabilidad de contagio no es alta, pero con el número de pruebas que tenemos los indicadores podrían no mostrar la realidad”, dice.

Cuestiona que hasta el momento, para enfrentar la emergencia sanitaria, en el país se han tomado decisiones de forma reactiva y no preventiva.

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Ya que se ha concretado el regreso parcial a clases, según la especialista, se debe aumentar la capacidad diagnóstica, en especial a personas asintomáticas, y hacer la vigilancia epidemiológica activa en los centros donde haya estudiantes y docentes.

No se conoce cuál ha sido la adherencia a las vacunas por parte de los profesores o si todos se vacunaron, incluso si se inoculó al personal de limpieza, administrativos, ya que ellos también están en riesgo”, señala.

Escuelas en mal estado antes del inicio de clases presenciales en planteles autorizados de la Costa

Además, se deben hacer controles estrictos sobre los niños y adolescentes para que cumplan con las medidas de bioseguridad, ya que la probabilidad de contagio existe.

Por su característica natural inquieta estos (los niños) están propensos a desobedecer las normativas de bioseguridad, lo cual indudablemente aumentará el riesgo epidemiológico”, señala el pediatra Vladimir Vélez. Afirma que los recreos “ya no pueden ser iguales” a los tiempos de prepandemia, pues son un peligro inminente de contagio.

A la condición inquieta de los infantes, hay que sumar los ejemplos que se han dado desde las casas. Lastimosamente, en todo este tiempo de pandemia, se ha podido observar desobediencia civil a las normas dictadas por las autoridades.

Los niños aprenden mucho más rápido que los adultos. Y el ejemplo que se ha dado, al menos en ciudades, no ha sido bueno. No ha habido ese trabajo de ponernos a pensar que debemos darle un espacio seguro a los niños para que puedan volver a clase. Faltó ese proceso de trabajo con la ciudadanía para que todo el país provea ese espacio de seguridad”, dice Gómez.

Varios especialistas han cuestionado los protocolos implementados por algunas de las unidades educativas elegidas para el retorno a clases. Advierten que los niños llevan mascarillas que no los protegen, ya que les quedan grandes al ser talla para adultos.

Además, algunos infantes no saben colocarse correctamente el gel antibacterial, ventanas de aulas cerradas y escasa señalética que identifique de forma clara los lugares permitidos para sentarse manteniendo el distanciamiento social recomendado.

El Gobierno también debe implementar, de forma urgente, un sistema de comunicación de riesgo para que se explique a la población a nivel local y nacional los indicadores de la pandemia: “Que les digan a los padres de familia, por ejemplo, si deben seguir en clases presenciales o no. Hay que mejorar la comunicación y educación en términos epidemiológicos para que se pueda entender esta situación”, afirma Gómez. (I)