El regreso a clases voluntario autorizado por el Gobierno nacional desde el 7 de junio pasado ha provocado posturas divididas entre expertos y, principalmente, padres de familia. Unos afirman que es un riesgo que podría aumentar los contagios de COVID-19 y, en cambio, otros señalan que es necesario que se vuelva a las aulas, con medidas de bioseguridad, debido a la deserción escolar y falencias en la teleducación.

Los padres han pedido, por redes sociales, que se vacune a los niños y adolescentes para garantizar la salud de los estudiantes. Según el Plan de Vacunación 9/100, por ahora se vacunará a personas desde los 16 años en Ecuador. La inoculación de este grupo comenzará a partir del 15 de junio, pero se priorizará a los que tengan condiciones graves, discapacidad y enfermedades crónicas.

Según proyecciones del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), el número de personas de entre 16 y 18 años ascendió a 972.084 en 2020.

Las vacunas de Pfizer y Moderna son las que, hasta el momento, cuentan con estudios que avalan su efectividad y seguridad para adolescentes y niños a partir de 12 años. La primera se aplica en Ecuador.

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La ministra de Salud, Ximena Garzón, anunció, el 10 de junio pasado, que desde septiembre próximo también se empezaría a vacunar a niños desde los tres años en adelante con el biológico de Sinovac, pero aclaró que esperarán los estudios científicos que comprueben la seguridad y eficacia.

Esto fue ratificado por el viceministro de Gobernanza y Vigilancia de la Salud, José Ruales, en entrevista con EL UNIVERSO. También indicó que el comité técnico asesor del ministerio recibe la información científica y recomienda los criterios para vacunar a diversos grupos. “En este momento el plan de vacunación está establecido hasta el mes de septiembre, dentro de los nueve millones que esperamos vacunar, a la población hasta los 16 años”, añadió.

De hecho, el vicepresidente Alfredo Borrero indicó que el Gobierno sigue en busca de más vacunas, específicamente de 18 millones del biológico Sputnik V, ya que el “piso” etario cambiaría de 16 a 12 años.

Sin embargo, la cuestión científica por responder es si las dosis destinadas a infantes (menos de 16) salvarían más vidas que si se las administra a trabajadores sanitarios y población vulnerable que está en alto riesgo de contraer el virus. La respuesta es compleja y podría variar según el país.

Uno de los argumentos en contra de la vacunación infantil es que las infecciones en niños son casi siempre asintomáticas (98%) o muestran síntomas leves, lo que contrasta con otros grupos de edad a los que se ha dado prioridad en las campañas de vacunación. Aunque, a su vez, los infantes, al ser asintomáticos, en la mayoría de los casos son “portadores silenciosos” del virus, lo que ayudaría a dispersarlo.

Además, en este grupo etario hay un bajo índice de mortalidad. Un estudio publicado en la revista The Lancet estimó que menos de dos de cada millón de niños han muerto de COVID-19 durante la pandemia. En Ecuador, entre 2020 y el 3 de junio del 2021 se reportaron 83 personas fallecidas de entre 0 y 19 años, según cifras del Ministerio de Salud (MSP).

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha pedido a los países desarrollados que, por ahora, no vacunen a su población infantil y que destinen esas dosis a naciones en vías de desarrollo cuyos planes de inoculación van lentos o están estancados.

“En este momento lo más importante es avanzar con la población adulta, lo más rápido posible, e ir incluyendo a las personas más jóvenes a medida que pase el tiempo. Si en cien días el Gobierno logra vacunar a los nueve millones de ecuatorianos, se podría avanzar a grupos etarios más jóvenes”, dice Andrea Gómez Ayora, epidemióloga y salubrista.

Añade que aunque la evidencia indica que las vacunas serían seguras en niños, estos no deben ser la prioridad en el país por ahora: “Sabemos que Pfizer es efectiva desde los 12 años. Hay publicaciones de prensa que la de Sinovac sería segura desde los tres años, aunque no hay estudios publicados todavía. Además, Moderna ya realiza estudios para aplicar su vacuna desde los 6 meses”.

La farmacéutica Janssen también realiza estudios para verificar la seguridad de su biológico en niños. En tanto, en la de AstraZeneca, que también se aplica en Ecuador, están “demorados” los estudios, señala Enrique Terán, docente de la Universidad San Francisco de Quito y Ph. D. en Farmacología: “De las vacunas chinas se sabe poco aún cuando salió la noticia de que están pensando en la vacunación desde los 3 años”.

Sin embargo, el criterio sigue siendo vacunar a grupos etarios con más riesgo. Gómez señala que los adultos tienen una mayor probabilidad de contagio, por sus actividades, y de generar enfermedad grave. Esto se agudiza en adultos mayores.

“Pero esto no quita que los niños tengan la probabilidad de generar una enfermedad grave o llevar el virus a sus casas, por lo que hay que evitar el contagio con todas las medidas de bioseguridad independientemente de que se haya vacunado o no. Esto ayudará también a cortar la circulación del virus”, señala.

Además, cuestiona que todavía no se conozca cuántos profesores tienen la pauta completa de las vacunas para elevar su protección frente al virus y que no se haya inoculado a personal administrativo de los centros educativos.

Para Vladimir Vélez, pediatra y experto en manejo de COVID-19 en niños, el retorno a clases presencial solo es factible cuando todos los grupos etarios de riesgo estén vacunados.

A Ecuador llegarían más de 30 millones de dosis de vacunas de seis proveedores para combatir al coronavirus

De hecho, se analiza internacionalmente que para finales de este año o principios de 2022, una vez que se haya estabilizado la oferta y demanda de biológicos, se exija una vacuna anticovid-19 en las escuelas para garantizar el normal desempeño de los infantes.

“El momento en que la vacuna esté disponible para estudiantes más jóvenes será posible vacunar a niños en la escuela y preescolar a finales de este año”, dice James D. Campbell, miembro de la Academia Americana de Pediatras, a Healthy Children.

Adultos y niños con igual esquema de dosis

Hasta el momento los estudios realizados para aplicar vacunas (de Pfizer y Moderna) contra el COVID-19 en niños de 12 años en adelante han determinado que se debe aplicar el mismo esquema que se ha estado utilizando hasta el momento con los adultos. Es decir, dos dosis con intervalo de días. Con el biológico de Pfizer se debe aplicar la segunda dosis luego de 21 días y con Moderna después de 28 días.

“Es la misma dosis que se ha aplicado en adultos y adolescentes para que los niños puedan generar la cantidad óptima de IGG que nos permite protegernos, tener ese escudo inmunológico”, señala el pedriatra Vladimir Vélez. De las vacunas monodosis y las chinas todavía se esperan estudios. (I)