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Gobierno de Pedro Castillo declara en emergencia los Andes peruanos debido a la sequía

La sequía en las zonas andinas, de las peores en más de medio siglo, se ha acentuado por el evento La Niña en el Pacífico Central.

Un agricultor sostiene una alpaca, afectada por la fuerter sequía que afecta a Puno y otros sectores de los andes peruanos. El Gobierno de Pedro Castillo declaró emergencia en la zona por sesenta días. Foto: afp

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La dura sequía en los Andes peruanos ha provocado la muerte de animales como alpacas, afectado cultivos como la papa, fundamental para la alimentación y economía de las comunidades locales, y obligado al gobierno a declarar una emergencia de 60 días en más de cien distritos.

Se “declara el Estado de Emergencia en varios distritos de los departamentos de Arequipa y Puno (...) por peligro inminente ante déficit hídrico, por el plazo de sesenta días calendario”, indica un decreto del Ejecutivo peruano emitido este sábado.

La sequía en las zonas andinas, de las peores en más de medio siglo, se ha acentuado por el evento La Niña en el Pacífico Central, según el Servicio Nacional de Meteorología de Perú (Senamhi).

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“Noviembre 2022 fue uno de los (meses) más secos en los últimos 58 años en varias estaciones meteorológicas de la región andina”, con secuelas en departamentos como Cajamarca, La Libertad, Ancash, Lima, Ayacucho y Puno, en el norte, centro y sur de Perú, informó el Senamhi esta semana.

Para las pequeñas comunidades andinas de origen quechua y aimara esto se traduce en pérdidas en la agricultura y ganadería.

“Por falta de pasto, por falta de agua, están muriendo así las alpacas. Se me han muerto mis alpacas”, dijo Isabel Bellido, criadora de estos camélidos, a la AFP, en una colina cercana a la comunidad campesina quechua de Lagunillas, en el distrito Santa Lucía, provincia de Lampa en Puno, a 4.200 metros de altura y 850 kilómetros al sureste de Lima.

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Muerte de ganado debido al frío y sequía

“El peor de los escenarios sería que la sequía se prolongue, que en estos meses no haya lluvias. Los animales ya presentan una condición corporal baja, no hay pasturas”, afirmó preocupado Carlos Pacheco, médico veterinario especialista en camélidos sudamericanos.

En las zonas andinas el frío extremo, que puede superar los 20 grados Celsius bajo cero, suele causar la muerte de ganado como alpacas u ovinos. En el invierno de 2015 provocó la muerte de más de 170.000 alpacas.

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PUNO, Perú. Una mujer muestra los pastizales afectados por la sequía. Foto: afp


Y este año la prensa local reportó la muerte en Puno de centenares de crías de alpacas y ovinos por las olas gélidas.

La sequía se nota en Lagunillas, donde un pequeño rebaño de una docena de alpacas intenta pastar a orillas de la laguna Parihuanas, que quedó reducida a unos pocos charcos sobre un vasto lecho seco.

Una imagen similar se repite en la vecina laguna Collpacocha, también en el distrito Santa Lucia. Allí una veintena de alpacas deambulan por el cauce seco de un arroyo que en otras épocas les sirvió como fuente de agua.

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Pacheco explicó que “la sequía afecta principalmente el tema nutricional de las alpacas. Hace que aborten, causa mortalidad de animales adultos y baja fertilidad. Es el problema más grave de la ganadería alpaquera”.

La sequía incluso está afectando las áreas de captación de agua para consumo humano, según las autoridades locales.

Habitantes rezan a la Virgen de las Nubes

Cercana al lago Titicaca, el cuerpo navegable más alto del mundo a 3.812 metros sobre el nivel del mar, se ubica la pequeña comunidad campesina aimara de Ichu, también en Puno.

Allí, afectados por la sequía, los pobladores imploran a la Virgen de las Nubes por primera vez en varios años que vuelvan las lluvias para salvar sus cultivos y sus economías.

“Hemos hecho las siembras como era costumbre, pero sin embargo no brota la papa por el intenso calor, incluso se está secando. Es preocupante”, advirtió Daniel Ccama, presidente de la comunidad campesina de Ichu.

El pedido a la virgen se hace con una procesión religiosa en la que participan unas 60 personas con vestimentas tradicionales, y que hacen ritos y cánticos en lengua indígena. El recorrido, con varias paradas, tarda unas dos horas.

“Suéltanos la lluvia papá Jesús, no nos castigues papá”, repiten en aimara con hierbas y gestos rituales, “invocando al Señor de la Misericordia, el Señor Jesucristo, para que suelte el agua de arriba, la lluvia”. Esto se reitera hasta que llegan a la orilla del Titicaca.

La intención es “invocarle, que llueva porque de lo contrario estaríamos en peligro de perder toda esta campaña (agrícola) del presente año y del próximo”, manifestó Ccama. (I)

Redacción
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