No molestar’, el típico cartel de los hoteles, se leyó en la puerta cuando un guardia de seguridad y otros trabajadores llegaron, por la noche, a la habitación 1215. La cerradura estaba sin llave. La mañana de ese día, 16 de octubre de 1985, la mucama no vio el cartel y quiso entrar, pero no pudo. Estaba bajo llave.