Con 250 asesinatos confesos y 3000 muertes coordinadas, Jhon Jairo Velásquez Vásquez, mejor conocido como Popeye, fue lugarteniente y jefe de sicarios de Pablo Escobar, el narcotraficante colombiano que fue máximo líder del Cartel de Medellín.

Mientras estuvo con vida (falleció en febrero del 2020), Popeye concedió diferentes entrevistas a medios de todo el mundo, en donde aprovechaba para contar algunas historias de su vida criminal siendo uno de los hombres más cercanos del “Patrón”.

Desde 1991, Velásquez cumplió una condena de cárcel bajo acusaciones de terrorismo, narcotráfico, y homicidio. En agosto del 2014 recobró la libertad, aunque en 2018 volvería a estar preso por los delitos de extorsión y asociación para delinquir.

Durante los peores tiempos de la guerra contra el estado colombiano, Popeye reconoció haber estado directamente involucrado en crímenes como el atentado contra un vuelo en el que murieron más de un centenar de personas, el secuestro del expresidente Andrés Pastrana cuando era candidato a la alcaldía de Bogotá o el del periodista Francisco Santos, quien luego sería vicepresidente de Colombia entre 2002 y 2010.

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Popeye (derecha) junto a Pablo Escobar.

Relaciones extramaritales de Escobar

El hombre de pelo raso, mirada penetrante, que estuvo durante casi una década junto al sanguinario capo de la droga de Colombia, conocía la vida amorosa de Escobar. “El patroncito fue un amante fogoso. En la cama siempre fue un caballero con las mujeres, fuera alguna de sus amantes o una simple prostituta de las muchas que nos acompañaron”, dijo en una entrevista con Infobae.

“Al patrón le elegíamos las mejores jóvenes que acostumbraban ir a las dos discotecas de moda. Fue la época de oro de las mujeres paisas, cuando aún tenían las tetas originales y el resto sin cirugías. Pablo tuvo blancas, morenas, trigueñas, pelirroja (...) Le gustaban mucho las niñas vírgenes”, decía.

Aunque Escobar tenía amantes, el sicario asegura que el amor por su esposa, Victoria “Tata” Henao Vallejo, nunca estuvo en duda. Popeye aseguraba que él “la adoraba”. Era la madre de sus hijos, Juan Pablo y Manuela, y quien había elegido para formar una familia. “El respetaba a la Tata, nunca la iba a dejar por otra mujer”.

Se conocieron cuando Victoria tenía 13 años y Escobar tenía 24 años. Se casaron cuando cumplió 15, a los 16 tuvo su primer hijo: Juan Pablo. Después llegaría su hija: Manuela.

Imagen de Victoria Henao Vallejo abrazando a Pablo Escobar.

Popeye conoce a Escobar a través de una reina de belleza

Fue una reina de belleza la que acercó a Popeye a Pablo Escobar. El sicario decía que estaba eternamente agradecido con la mujer: “Me permitió conocer y empezar a trabajar con Pablo, el capo de capos”. Popeye en ese momento era guardaespaldas y chofer de la flamante reina. La llevó a esa primera cita y a todas las que siguieron.

Elsy Sofía Escobar Muriel fue la Reina Nacional de la Ganadería 1984, y Escobar la quiso como trofeo. Días más tarde la joven entraba con sus mejores ropas, a una lujosa mansión construida en el barrio El Poblado, la zona más exclusiva de Medellín.

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“Mis respetos para aquella hembra, pues debió ser muy buen polvo para que prolongara su relación con Pablo durante dos años”, reflexionaba el sicario. Esos dos años fueron suficientes para que la novia clandestina del capo del Cartel consiguiera un buen apartamento en Medellín, un auto, ropa de marca y joyas caras.

El romance del narcotraficante y la reina de belleza empezó a escribir su capítulo final en los primeros meses de 1986 debido a un accidente de helicóptero. Escobar y Elsy Sofía regresaban de una playa en el Pacífico colombiano cuando el motor de la cola falló.

El aparato se precipitó a tierra, quedó atrapado en las ramas de un frondoso árbol y sus ocupantes fueron expulsados violentamente de la cabina. Pablo salió ileso, sin un rasguño. El piloto quedó mal herido, el guardaespaldas tuvo fractura de fémur, y la amante del capo se quebró el brazo izquierdo. El helicóptero de apoyo, que siempre acompañaba al jefe del Cartel de Medellín, los llevó hasta la clínica Las Vegas.

“Elsy Sofía frecuentó al patrón varias veces después del accidente, pero enyesada perdía el encanto”, explicaba Popeye. También relató el diálogo que tuvo con el capo de Medellín sobre ella.

–Patrón, ¿cuánto duró con Elsy Sofía? -le preguntó Popeye.

–Casi dos años. Hasta que le entró la ambición– respondió Escobar.

–¿Cómo la ambición?

–Usted conoció el apartamento de lujo que le tenía en El Poblado, los carros, las joyas y los viajes que le di.

–Sí, claro que me acuerdo del palacio donde ella vivía.

–Bueno, al final no estaba conforme y me pidió lo imposible. Después del accidente del helicóptero, con el brazo enyesado y todo, se le ocurrió ponerme un ultimátum: “Tu mujer o yo”. ¡¡¡Imagínese!!!

La segunda amante de Escobar, asesinada por Popeye

Luego de Elsy, llegó el turno de Wendy Chavarriaga Gil, una modelo glamorosa y culta, que según Popeye era “su segunda mujer, después de Tata”.

Aviones, autos caros, las mejores joyas, la ropa de los mejores diseñadores de la alta costura, viajes de lujo. Todo lo que ella pedía, Pablo se lo daba, relató el sicario. Durante un fin de semana, escapando de su familia, la llevó a Nueva York y se pavoneó con ella por las calles de Manhattan: “El patrón contó orgulloso que un día llegó con Wendy al reinado de belleza que se celebraba en la Gran Manzana y la gente se detenía a mirarla como si fuera una de la candidatas”, recordaba Velásquez.

Sin embargo, entre sus amantes tenía una regla: No quedar embarazada. Y Wendy no cumplió.

Imagen de la hacienda Nápoles. Foto: GETTY IMAGES

“Ella quedó embarazada por plata, pero el patroncito no quiso saber nada y le mandó a dos ‘pelaos’ y al veterinario para que le sacaran el bebe”, contó con escalofriante tranquilidad Popeye a Infobae. La durmieron y la hicieron abortar en la Hacienda Nápoles. “Cuando la mujer despertó, El Patrón le informó que la relación había terminado”.

Meses más tarde, Jhon Jairo Velásquez Vásquez la encontró en una discoteca de moda en Medellín. Le ofreció una copa. Conversaron, bailaron, se sedujeron. Y se fueron juntos al lujoso apartamento que Escobar le había regalado a la modelo en sus tiempos de amantes.

Al día siguiente, Popeye le contó a su jefe que se había dormido con Wendy. “Yo ante todo era leal a Pablo”, explicó. Recordó que Escobar le advirtió que él no era un hombre para Wendy porque “ella es para capos”, diciéndole que tenga cuidado porque “ahí hay algo raro”.

Mientras Popeye seguía viéndola, El líder de narcotráfico de Medellín empezó a investigarla. Le mandó a intervenir el teléfono. Una grabación le mostró que no estaba equivocado en sospechar de Wendy. La modelo hablaba con un jefe del Bloque de Búsqueda, una unidad de operaciones especiales de la policía de Colombia, creada para capturar vivo o muerto al zar de la droga luego de su fuga de La Catedral.

“Popeye no me dijo aún dónde está Pablo. Si, si, cuando me diga le aviso”, le decía Wendy al oficial, dispuesta a entregar al hombre más buscado de Colombia. Se había transformado en informante del Bloque.

Con la cinta en su poder, el narcotraficante mandó a llamar a su lugarteniente. El sicario recordaba con claridad ese día: “La reunión fue tensionante. Estaba Pipina, la mano derecha de Pablo. Y yo sabía que cuando el patrón mandaba a matar a uno de la organización se lo encargaba a su mejor amigo. El ambiente se sentía pesado, pero yo me preguntaba ‘¿qué hice?’. Entonces, el patroncito me pone la grabación. Y escucho la voz de Wendy…”.

–¿Qué hacemos ahí, Pope? Se acuerda que le advertí– le dijo Escobar mirándolo a los ojos.

–Pues usted tiene toda la razón, patrón. Esto es gravísimo. Yo sé qué tengo que hacer.

Entendí que tenía que matarla. Él me trataba con cariño, pero era el patrón de patrones. Las órdenes no se discutían. Yo la quería con toda mi alma, pero me sentí usado. Ella me enamoró para vengarse de Pablo. Me estaba utilizando para llegar a él. Cuando Pablo me muestra las pruebas y me dice “¿Qué hacemos?”, yo era un hombre de causa. Y sabía que me mataban a ella o a mí. Y preferí que fuera ella” dijo Popeye en su entrevista con Infobae.

Y luego, con un frialdad que estremece, relató cómo asesinó a Wendy Chavarriaga Gil: “Concerté una cita con ella en uno de los restaurantes de moda. Y mandé dos de mis hombres, porque yo estaba enamorado y no quería ser quien la matara. Me paré a media cuadra. No existían los celulares y llamé por teléfono al restaurante. Mis muchachos tenían la orden de actuar cuando el camarero preguntara en voz alta por la señorita Wendy. Oí sus tacones aproximándose al bar, y luego los tiros y su grito… Quería oírla morir, porque yo me sentí pequeño, usado, idiota”.

–¿Se acercó a ella? – le preguntaron en la revista Semana de Colombia.

–Sí. La vi en el charco de sangre y sentí un cosa brutal de rabia, amor, tristeza y odio. Como si me saliera de dentro un espíritu maligno. Nunca he vuelto a sentir nada igual. Usted no sabe lo que es matar a una persona a la cual se adora. Pero Wendy había traicionado a mi Dios que era Pablo Escobar Gaviria.

Periodista y presentadora de televisión, la tercera amante de Escobar

Virginia Vallejo, periodista y presentadora de televisión, era una de las mujeres más famosas de Colombia, varios querían conquistarla, entre ellos Escobar. Se habían conocido en una fiesta en la Hacienda Nápoles. El había quedado hipnotizado por su belleza y su inteligencia: quería que ella fuera su biógrafa.

Vallejo también sintió pasión, olvidándose de los rumores que lo señalaban como el rey de la coca. “La coca no era algo tan grave como lo fue después”, se justificó Virginia frente a un periodista en Miami. Por él había “sacrificado” su vida de niña bien y sus exquisitas amistades de la alta sociedad.

Escobar sabía que tenían que ser discretos, porque los dos eran muy conocidos en Colombia. Pero nada le importaba. Salía sin sus custodios y disfrutaba de las corridas de toros de la plaza de La Macarena. La llevaba a bailar a discotecas de moda, le regalaba cuarenta o sesenta mil dólares y la enviaba a París o Nueva York, con la única condición y promesa de que gastara ese dinero en una sola semana.

Foto de Virginia Vallejo tomada en 1987. Imagen obtenida de Wikimedia Commons.

La mimaba con varias joyas, entre ellas un reloj Cartier de diamantes, e incluso le regaló una cirugía estética con el mejor cirujano del mundo en ese entonces, el brasileño Ivo Pitanguy.

Sin embargo, la vida de lujos y pasión de los amantes cambiaría para siempre el 30 de abril de 1984, cuando Pablo Escobar Gaviria mandó a asesinar al ministro de Justicia Rodrigo Lara Bonilla. Se transformó así en enemigo público, en un monstruo.

El Estado colombiano lo perseguía: lo querían preso o muerto. El jefe del Cartel de Medellín estaba obligado a huir y a vivir en las sombras. Virginia ya no podía verlo en la hacienda o las mansiones, ni los fines de semana en los hoteles cinco estrellas. Empezaron las visitas clandestinas, el estrés, las agresiones verbales y también físicas. Y todo terminó.

Popeye hablaba con respeto de esa relación clandestina: “Fue un gran amor. Una de las mujeres más importantes en la vida del Patrón. No fue una amante, fue su mujer. Estaba loco por ella”.

Otros secretos

Jhon Jairo Velásquez, mejor conocido como Popeye, trabajó casi una década con Pablo Escobar.

Popeye también reveló que Escobar se relajaba con dos o tres pitadas a un cigarrillo de marihuana. Nunca probó la cocaína: ese era su negocio, no su vicio. Y tomaba de vez en un cuando una cerveza: jamás se emborrachó: “Cuando estábamos presos en La Catedral, las mujeres de la mafia llegaban y él compartía un rato con sus amigos o con nosotros, pero luego escogía a la mejor y se la llevaba para el cuarto”.

Asimismo, comentó que el “Patrón” tenía un maletín con juguetes sexuales para sus noches de lujuria: “Lo llamábamos ‘kit de carretera’ yo se lo llevaba para noches especiales”, decía.

El sicario no se llevó casi ningún secreto a la tumba. Escribió dos libros contando detalles de su vida con el capo narco: “Sobreviviendo a Pablo Escobar” y “Mi vida como sicario de Pablo Escobar”.

Frente a Infobae aseguró que seguía amando a su jefe: “Me siento muy orgulloso de haber trabajado para él. No me siento orgulloso ya de los crímenes, pero fue una guerra donde Pablo gastó 500 millones de dólares y donde a nosotros también nos mataban amigos y familia. Yo enterré a mi Patrón”.

Dijo, además, que por cada asesinato recibían entre 200 y 300 mil dólares, que repartía entre sus hombres, y que Pablo nunca quedó debiendo un centavo por el crimen ordenado.

El jefe de sicarios de Escobar no temía a la muerte. Lo decía de esta manera: “Hay un disco en Antioquía que dice que es lo mismo morir tarde que temprano. Yo quisiera disfrutar más, pero ya con lo que he disfrutado mucho y estoy contento”.

También creía que había “un tiempo para matar, un tiempo para arrepentirse, un tiempo para pagar y un tiempo para volver a la sociedad”. Aseguraba que en sus años de libertad había buscado reinsertarse en esa sociedad que jamás le iba a perdonar sus atroces crímenes. “Los hombres nunca perdonan, Dios siempre perdona”, justificaba el horror.

Popeye decía no saber qué había ocurrido con la fortuna de Escobar. “Tenía propiedades, oro, obras de arte, pero no sé que pasó con eso”. Reveló que él pudo vivir sin sobresaltos “como para llenar mi nevera con un queso rico”, con la plata de “una caleta muy buena y escondida” que guardaba el dinero que le había quedado del Cartel de Medellín.

“No hay bandido mejor preparado en la República de Colombia que yo”, se jactaba. En la prisión su numero fue 007. Jhon Jairo Velásquez Vásquez tenía un brutal conclusión sobre la vida de los sicarios: “Los bandidos tenemos dos lugares donde nos encontramos, la cárcel y la morgue. Ahí llegamos todos”. (I)