Varios países europeos han optado ya por implantar la vacunación obligatoria para las actividades sociales y de ocio como vía para luchar contra la variante ómicron, que ha disparado los contagios y tensionado algunos sectores económicos por el incremento de bajas laborales.

No obstante, al mismo tiempo, el principal asesor epidemiólogo del Gobierno de EE. UU., Anthony Fauci, manifestó este lunes en Davos su esperanza en que el coronavirus vaya perdiendo letalidad y capacidad de provocar casos graves; aunque, como otros expertos que intervinieron en el debate, pidió al mundo que siga alerta.

Un coronavirus “endémico”, que ya no paralice las sociedades, es posible, pero “solo se dará este caso si no aparecen nuevas variantes que eludan la inmunidad de cepas anteriores”, subrayó Fauci en un debate virtual celebrado por el Foro de Davos sobre la evolución de la pandemia.

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Por su parte, entre los países que han tomado medidas fuertes para frenar a la enfermedad está Francia. El Gobierno francés ha preferido evitar la obligación de vacunarse, pero impone en su lugar un cuestionado certificado de vacunación que será necesario para muchas actividades de la vida social desde finales de esta semana, una vez que entre en vigor una nueva ley adoptada definitivamente por el Parlamento el domingo.

Con esa ley, habrá que demostrar tener la pauta completa de vacunación (lo que incluye la dosis de refuerzo siete meses después de las dos primeras inyecciones) para ir a un bar, un restaurante, al cine, a un espectáculo o a un estadio, pero también para utilizar los transportes públicos de largo recorrido (autobuses, trenes, aviones o barcos).

Otro es Italia, uno de los países europeos con las medidas más estrictas en materia de vacunación. La nación introdujo la obligación para los mayores de 50 años desde el pasado 7 de enero, una medida que se consensuó con dificultades entre las distintas fuerzas políticas que apoyan al Gobierno de Mario Draghi.

Además, desde el 10 de enero se pide la pauta completa o haber superado la enfermedad para acceder prácticamente a todas las actividades, desde el ocio hasta los medios de transporte, incluidos metro y autobuses, mientras que en el terreno laboral los menores de 50 años aún no tienen que estar vacunados para ir a trabajar, excepto categorías como fuerzas del orden, personal escolar y sanitarios.

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El 16 de enero, la Asamblea Nacional de Francia dio la aprobación final a un proyecto de ley para un pasaporte de coronavirus para ejercer más presión sobre las personas no vacunadas. Foto: EFE

En Alemania se aprobó en diciembre un proyecto de ley del Gobierno de Olaf Scholz que impone la vacuna obligatoria en sectores laborales sensibles, como geriátricos o sanitarios. Planteaba plazos largos hasta hacerse efectiva la medida, hasta marzo, en atención al periodo preciso para tener la pauta completa.

En paralelo, Scholz insiste en la necesidad de implantar la vacuna obligatoria de modo general. Sin embargo, desde su Gobierno no se ha presentado aún el correspondiente proyecto de ley.

En Grecia, alrededor de 300.000 griegos mayores de 60 años se verán obligados a pagar una multa de 50 euros por no vacunarse ni cerrar una cita para hacerlo, ya que este lunes venció el plazo que el Gobierno del conservador Kyriakos Mitsotakis había dado en noviembre a este grupo de edad para que se inocule contra el coronavirus.

La multa será solo de 50 euros para enero, ya que la medida entró en vigor a mediados del mes, pero a partir de febrero los mayores de 60 años que sigan sin ponerse la inyección pagarán una multa de 100 euros por cada mes que sigan sin hacerlo.

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En el caso de Austria, fue el primer país de Europa en anunciar una vacunación obligatoria para todos los mayores de 18 años, que empezará a aplicarse a partir del 1 de febrero, con la amenaza de una multa máxima de 3.600 euros por año.

La medida, anunciada el pasado 19 de noviembre, ha generado varias protestas multitudinarias desde entonces, y ha sido respaldada por cuatro de las cinco formaciones con representación parlamentaria, todas salvo la ultraderecha.

En República Checa se decretó la vacunación obligatoria de ciertos empleados públicos, como sanitarios, soldados, asistentes sociales y policías, así como los mayores de 60 años, que deberían recibir el suero antes del 28 de febrero.

Esta medida, decretada en diciembre por el anterior Gobierno de populistas y socialdemócratas, será revisada en febrero, cuando se espera la aprobación de un plan de vacunación no obligatorio “semejante al de la gripe”, avanzó el nuevo titular de Sanidad, Vlastimil Válek.

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COVID-19 no será erradicado

En tanto, Fauci, el también director del Instituto Nacional de Alergias y Enfermedades Infecciosas de EE. UU., descartó la posibilidad de que el COVID-19 sea totalmente erradicado, “algo que en la historia de las infecciones solo ha ocurrido en una ocasión, con la viruela”.

Fauci contempló en cambio como posible escenario, aunque aún no seguro, que el coronavirus pueda ser “controlado” en la medida en que no produzca grandes alteraciones de la vida social, como ocurre con las olas estacionales de gripe y otras enfermedades respiratorias.

Expertos en enfermedades infecciosas, entre esos el de EE. UU. Anthony S. Fauci, durante un panel remoto titulado 'COVID 19: ¿Qué sigue?' en la Agenda 2022 de Davos. Foto: EFE

La profesora de enfermedades contagiosas emergentes de la Escuela de Higiene y Medicina Tropical de Londres, Annelies Wilder-Smith, coincidió en que es demasiado pronto para bajar el nivel del COVID-19 de “pandemia” a “endemia”.

“Es muy probable que surjan nuevas variantes del coronavirus, la cuestión es si serán más o menos peligrosas”, señaló en la sesión dedicada a la pandemia del Foro de Davos, que esta semana celebra conferencias en formato virtual debido a la actual ola de contagios vinculados a la variante ómicron.

“Basándonos en las ventajas evolutivas de un virus, lo más probable es que se atenúe y se asocie a casos menos graves (...), ya que le conviene ser más contagioso sin causar la muerte del organismo anfitrión”, explicó la experta.

Pese a ello, “el mundo debe estar preparado para la peor de las posibilidades, aunque no sea la más probable”, en el sentido de que pueda surgir una nueva variante muy contagiosa y a la vez altamente letal. (I)