“Mi corazón está hecho mierda”. Lo dice el expresidente Abdalá Bucaram Ortiz tras leerle a EL UNIVERSO el resultado del último ecocardiograma que se realizó la semana pasada.

El hombre tiene: “El 37 % de fracción de eyección de la sangre (la velocidad con que se transporta la sangre al corazón) y yo normalmente tengo 55 %. Podría yo sobrevivir con los 37, ¿pero por qué bajo tan rápido? Algo pasa. Pero además hay otras cosas más graves: me han encontrado un movimiento anómalo del septum interventricular (que es un orificio en la pared ubicada entre las cavidades inferiores del corazón) y leve hipocinesia del segmento inferior basal (se refiere a la disminución del movimiento de la pared cardiaca durante cada latido). Eso quiere decir que tengo un hueco y que el ventrículo lanza la sangre para otro lado. También un autostrain global longitudinal del ventrículo izquierdo disminuido (una deformación del miocardio, que el tejido muscular del corazón) que me impide tener mayor velocidad en la sangre; una hipertrofia concéntrica del ventrículo izquierdo (engrosamiento de la pared de la cámara de bombeo principal del corazón); una dilatación de la aurícula izquierda; una disfunción distólica grado 2 (el corazón no puede bombear una cantidad adecuada de sangre por todo el cuerpo o tiene que bombear con una presión mayor); y una insuficiencia mitral degenerativa (una especie de fuga de sangre)”.

Pero como, según él, es “asintomático” a simple vista parece que no tuviera nada: habla y grita sin agitarse, camina y hasta juega básquet todas las tardes con algunos de sus nietos.

Publicidad

Bucaram gobernó del 10 de agosto de 1996 al 7 de febrero de 1997; se asiló en Panamá por 20 años luego de su derrocamiento, a la par que se le iniciaran dos procesos penales por peculado en los casos Mochila Escolar y los Gastos Reservados. Regresó al país de forma definitiva en junio del 2017 una vez que estos juicios prescribieran. Nunca fue sentenciado.

A sus 70 años, se someterá a dos operaciones este domingo 4 de septiembre en la Clínica Kennedy de Guayaquil, en la urbanización del mismo nombre en el norte de la ciudad.

El expresidente Abdalá Bucaram Ortiz tiene un desfibrilador cardiaco. Ha tenido varios infartos y anginas de pecho, pero es "asintomático", Foto de José Beltrán Foto: El Universo

Con la primera le harán un cateterismo para revisar los stents (como tubitos o dedales) que tiene en las arterias. Los stents despejan la grasa que tapona la circulación de la sangre. “Me preocupa lo que encuentren, no creo que los stents estén tapados. Hace dos años que tuve una arritmia y me llevaron al hospital del Suburbio, yo tenía mis arterias bien y los stents estaban en perfecto estado, pero parece que aceleradamente se han taponeado y me preocupa que sea necesario que me hagan bypass coronarios, que no me gustaría porque tengo una serie de cables por el marcapasos. Eso le permitirá a mi médico de cabecera, Norberto Calzada, darme un nuevo diagnóstico y nuevas medicinas; él viene de Panamá”.

Publicidad

Y con la otra se cambiará la pila del cardiodesfibrilador bicameral con un resincronizador cardiaco (un marcapasos) que le colocaron en Houston, Estados Unidos, en septiembre del 2016 y que tiene una vida útil de seis años. O sea que de todos modos tenía que hacerlo en estas fechas.

Hasta el pasado jueves 1 de septiembre, Bucaram no sabía si los médicos podrían realizarle ese procedimiento porque ese tipo de aparatos no se encuentran en el país, así que la empresa que lo fabrica lo mandó a pedir a Europa. Llegó la mañana del día siguiente.

Publicidad

Del ‘Déjenlo volver’ al ‘Volveremos’: ¿el correísmo es el nuevo roldosismo en Ecuador?

El exmandatario señala que le habría gustado operarse en Houston o en Panamá, no porque dude del profesionalismo de los médicos locales sino por la falta de infraestructura técnica, “si no hay ni medicina en los hospitales públicos”. Pero tiene prohibición de salir del país como parte de las medidas alternativas a la prisión preventiva en dos procesos penales por los cuales está llamado a juicio: por delincuencia organizada en la compra de insumos médicos y por tráfico de armas químicas y nucleares. Justamente en el primer caso la audiencia de juicio debía empezar la semana siguiente, por lo que pidió que sea diferida.

Y aparte, no puede ingresar a Estados Unidos ya que el Gobierno de ese país lo declaró “no elegible” para entrar a su territorio por tener evidencia del cometimiento de actos de corrupción. O sea que lo vetaron. Algo que no ha querido apelar por dos razones: porque está esperando que el gobierno de Joe Biden cambie al embajador Michael J. Fitzpatrick y porque no tiene dinero para pagar abogados en ese país.

Bucaram dice, no obstante, que si él hubiese querido ya se habría marchado a Panamá porque es “muy sencillo” quitarse el grillete electrónico que porta, así como lo hizo el exsecretario de Comunicación del gobierno de Rafael Correa, Fernando Alvarado. “Usted puede contratar una avioneta en Perú, traerla a cualquier playa, embarcarse e irse. Yo estoy aquí porque quiero, esta ocasión decidí defenderme en derecho porque se metieron con mis hijos y tengo que poner el pecho por ellos”, manifiesta.

Las cosas en orden

Con las dos de este domingo, Bucaram calcula que serían ya entre nueve o diez las operaciones del corazón que suma. Su primer infarto lo tuvo hace unos 23 años, luego de un partido de básquet en Panamá, y en esa ocasión le colocaron el primer stent. Sus problemas cardiacos se fueron agravando con el paso del tiempo hasta que el 2014 presentó una miocarditis generada por una gripe en la que se le inflamó el 85 % del corazón (“ese 15 % que no dejaba de latir era mi patria”) y le generó varias arritmias, y en el 2016 tuvo que ponerse el desfibrilador, que genera descargas eléctricas en casos de arritmias. En total, cuenta que ha tenido unos cinco infartos y varias anginas de pecho, “que son casi lo mismo”.

Publicidad

El expresidente señala que sí está preocupado. Que no quiere ser trágico, pero que toda operación tiene su riesgo. Así que tenía previsto conversar la víspera de la cirugía con su esposa, María Rosa Pulley, para dejar todas sus cuentas en orden por si hay un desenlace fatal.

Afirma que siempre “fue desordenado” y que tiene “muchas deudas” por sus juicios, que no tiene más bienes que su casa de la ciudadela Kennedy en Guayaquil y su departamento en Panamá, “y tengo en mi bolsillo 1.400 dólares, que es mi patrimonio ahorita”, y muestra el fajo de billetes a este Diario. Y que todo debe repartirse equitativamente entre sus once hijos.

Bucaram agrega enseguida que no le teme a la muerte porque “la vida es un pequeño espacio entre una risa y una lágrima”. Pero que le inquieta el futuro de sus hijos y sus nietos, así que no quiere irse sin haber “limpiado la dignidad del apellido”.

“Quiero tener un par de años más de vida para aclarar las cosas al país”, dice él refiriéndose a esa imagen de corrupto que le endilgaron “las oligarquías”. Y mostrarles que no está derrotado, que lo verán resurgir en el 2025, de la mano de un nuevo PRE.

Bucaram cuenta que, una vez que se recupere de la operación y salga de los procesos penales, se dedicará a recuperar al Partido Roldosista Ecuatoriano que perdió su personería jurídica en el 2014 interponiendo recursos legales. “A Ruptura, al MPD, se la devolvieron, menos al PRE”. Si no lo logra señala que recogerá firmas y creará el Partido Revolucionario Ecuatoriano, PRE.

No tratará de resucitar Fuerza Ecuador, que fue la agrupación que fundó su hijo Abdalá Dalo Bucaram Pulley para reemplazar al PRE, y que acaba de ser cancelado.

Abdalá Bucaram está llamado a juicios en dos procesos penales por delincuencia organizada y tráfico de armas químicas. Tiene prohibición de salir del país, se presenta varias veces a la semana ante las autoridades y usa un grillete electrónico. Foto de José Beltrán Foto: El Universo

Lo que le dio al país

El político dice que hoy en día sale a las calles y la gente le dice “Presi”. Ya no “Loco” o “Abdalá”. Eso, para él, significa que la gente se ha dado cuenta de las injusticias que han cometido contra él. Y se siente contento por esa suerte de resarcimiento que las nuevas generaciones le han hecho.

Y hace un repaso de lo que, según él, le dejaría al país como legado político.

“Como intendente del Guayas nadie desconoce que fui el más grande de la historia. A tal punto que me reconocieron internacionalmente; en 1979 en la encuesta de Gallup me destacaron como la tercera figura política del país. Primero Jaime Roldós, segundo Assad Bucaram, y tercero Abdalá Bucaram, tres personas de la misma familia”.

“Como alcalde de Guayaquil, más allá de la propaganda socialcristiana, nadie olvida la extraordinaria gestión que hice, los millones de metros cúbicos que di, las 40.000 escrituras que le di al pueblo ecuatoriano, la obra de pavimentación de todos los suburbios de Guayaquil ni el primer plan maestro de agua potable, que llegó incluso a Salinas a través de Alfredo Adum que era prefecto del Guayas”.

A 25 años de su caída, Abdalá Bucaram Ortiz insiste en un resarcimiento económico y moral por el golpe de Estado

“Y como presidente, considero que he hecho la más grande obra que ha hecho un político en los últimos cien años: el acuerdo de paz con Perú con Alberto Fujimori. Jamil Mahuad lo firmó. Pero en 46 años ningún presidente había podido viajar a Perú porque estaba prohibido por las Fuerzas Armadas, pero el comandante era yo. Yo fui el 13 de enero y el 5 de febrero comenzaron a tumbarme… La segunda obra majestuosa es que ese acuerdo de paz acabó como el armamentismo, se acabó el tráfico de armas. Y la tercera obra histórica en un siglo que hizo Bucaram fue plantear la convertibilidad. No fue solamente un anuncio, un plan, yo iba a cumplirlo el 1 de junio, pero tenía que cumplirse el parámetro devaluatorio hasta que el sucre llegara a 4.000 a 1. Yo pude haber creado una devaluación, pero no lo hice por amor al pueblo… La intención era llegar a la dolarización. Mahuad se dio cuenta de que el país necesitaba una moneda fuerte… y quisieron ejecutar mi plan de gobierno, pero el plan de Bucaram sin Bucaram no era viable”.

Lamenta no haber podido hacer más por el país al que ha visto hundirse en 25 años desde que lo sacaron del poder. “Se perdieron de tener un gran presidente”.

La madrugada del 7 de febrero de 1997 Abdalá Bucaram fue destituido por el desaparecido Congreso Nacional. Foto de Archivo

Para él, el actual régimen de Guillermo Lasso ha demostrado incapacidad. “El punto más débil de este Gobierno no es la corrupción de (Juan José) Pons o de Aparicio (Caicedo) sino que es inhumano. Aman el dinero y desprecian al pueblo”.

Al consultarle quién podría ser un buen gobernante de entre todas las figuras que hacen política actualmente, responde sin dudarlo: “Yo”. Pero enseguida indica que el tema no es ganar elecciones, que eso es “fácil” y más ahora con tanta “pendejada como el TikTok”, sino saber gobernar.

“Estoy consciente de que a este país no lo salva nadie. Hay pocos políticos ecuatorianos capacitados para ser gobernantes. Yo diría que por el amor que le tiene al pueblo, podría ser mi hijo Dalo, pero no creo que a él le interese. También Lucio Gutiérrez y Álvaro Noboa serían extraordinarios presidentes en estos momentos. También Carlos Ortega Maldonado, me impresiona lo que ha hecho con su universidad…”.

Abdalá Bucaram Ortiz ‘recoge sus pasos’ tras 20 años de exilio

- Le podría decir que hay un enemigo mío que está realmente capacitado para gobernar, le señala Bucaram a este Diario.

- ¿Jaime Nebot?

- No le diré nombres ni apellidos…

- En una entrevista radial con Atalaya se refirió a él en forma amable…

- No, yo solo digo la verdad. Nebot es un hombre que me hizo daño, que cometió muchos crímenes, como sacarme de la Alcaldía de Guayaquil o robarme la presidencia de la República. Es un hombre que está lleno de vicios más que de virtudes. Pero sin duda es un hombre inteligente, apasionado, organizado, buen administrador… Y reconozco la madurez de los socialcristianos de no haber dado su voto en la Asamblea para que los correístas destituyan a Lasso.

En todo caso, dice el exmandatario, lo que el país necesita es un gran acuerdo nacional para la gobernabilidad que él espera alcanzar a ver si su corazón se lo permite. (I)