En un informe de 2024, el GAD parroquial de José Luis Tamayo publicó: “El sentimiento popular de fiesta se extiende por todo el territorio ecuatoriano, con diversas manifestaciones en las diferentes regiones del país. El historiador Rodolfo Pérez Pimentel habla de que hay registros sobre esta celebración en periódicos de la época de 1860”, en referencia a las festividades de carnaval.

Carnaval, música, tradición e IA

Esta celebración tiene que ver con las tradiciones indígenas y mestizas, lo primero se relaciona con el fin del año solar o Pawkar Raymi y lo segundo con el inicio de la Cuaresma o los 40 días de ayuno antes de la Semana Santa, que netamente es una tradición del catolicismo, así, en cada provincia y rincón del país, esta tradición se festeja de diferentes formas, rituales, comparsas, desfiles y más formas de celebración, que, a más de ser tradicionales se volvieron atractivos turísticos, como la afamada Fiesta de la Fruta y de las Flores, o los famosos carnavales de Guaranda, la tierra del taita carnaval, asimismo, poblaciones como Riobamba, Guamote, Guano, Penipe, en la provincia de Chimborazo, o Ambato y Pelileo en Tungurahua, y un sinnúmero de cantones y parroquias a lo largo y ancho del país han visto una oportunidad de visualizar su tradición y cultura al mundo entero, con propuestas similares y actividades relacionadas con la ocasión. Pero, ¿cuándo pasamos de la tradición a la agresión?, es la interrogante que me hago al igual que muchas personas, luego de ver en lo que hoy en día esta tradición representa, hay que decirlo y analizarlo, pues que ahora los desfiles se hayan convertido en el espacio de agresión mutua no es cultura, que los conciertos se hayan convertido en campos de batalla como lo sucedido en Guaranda, en donde bandos de personas alcoholizadas abiertamente se lanzaban botellas de un lado a otro, con la clara intención de afectar a la integridad física de sus contrincantes, tampoco es cultura, cuando hay quien a pretexto de la celebración lastima a un transeúnte no se puede llamar de ninguna manera tradición. Y así un sinnúmero de actos detestables que no representan de ninguna manera al turismo, a la tradición y a la cultura, hemos tocado fondo, el país tiene personas que saben leer, escribir, bailar, cantar, alcoholizarse, pero no tienen el menor conocimiento de las normas de convivencia y han convertido a cada espacio destinado a la diversión en un espacio de caos y agresiones.

¿Centrales hidroeléctricas o nucleoeléctricas?

Estos eventos deben ser tomados como una oportunidad para replantear las normas de urbanidad, seguridad y comportamiento social, es una oportunidad para que autoridades y pueblo en general propongan los correctivos y cambios que deben darse, es hora de que la generación del caos también tenga su merecido, es hora de mejorar la propuesta turística de cada espacio cultural del país, no podemos ofrecer criminalidad y destrucción a quienes quieren conocer este maravilloso país, no podemos, al contrario, debemos hacer los esfuerzos necesarios entre ciudadanos, Gobierno central y gobiernos locales para ofrecer fiestas ordenadas y libres de cualquier forma de delincuencia y agresión, y dar un cambio que nos lleve del caos al orden, de la destrucción a la construcción, y de la agresión a la tradición. (O)

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Mario Castillo Santander, Riobamba