Incrementar el número de policías en el país, parcialmente, es una gran obra para la seguridad de los ecuatorianos, sin embargo, no soluciona totalmente el problema de la delincuencia, violencia y criminalidad en nuestra nación.

En los actuales días los ciudadanos honestos que efectúan sus trabajos en tiendas bazares, negocios, etc., y las familias, estamos viviendo detrás de rejas enclaustrados y los delincuentes andan libres a vista y paciencia de las autoridades.

Al respecto de la inseguridad debo manifestar que la pandemia del COVID–19, la crisis de las cárceles en el país, la subida paulatina y arbitraria de los precios de los combustibles, y el desempleo, aumentó considerablemente los precios de los productos de primera necesidad, con lo cual se acentúa más la pobreza. Todo esto agudiza el problema social por la falta de recursos económicos y de paz social.

Ante la difícil situación, los gobiernos de turno deben preocuparse de crear más fuentes de trabajo y el Estado no debe desvincular, por mínima causa, a los empleados, dado que el pueblo necesita trabajar, necesita realizar oficios, profesiones, etc. Solo así la población tendrá la oportunidad de darse una mejor educación, una alimentación nutritiva, cuidados de su salud, una vivienda propia, etc., por sus mejores ingresos, y para sus hogares.

Es decir, con seguridad social, ciudadana, empleo, salud, educación, el pueblo tendrá una vida digna y desterraría paulatinamente la delincuencia, la corrupción y por ende no habrá la necesidad de utilizar la presión de las fuerzas policiales y de Fuerzas Armadas (FF. AA.), el pueblo no pedirá a las autoridades que procedan a repartir permisos de portar armas de fuego libremente, para poder defenderse por los asaltos, robos...., de los delincuentes. (O)

Francisco Marcos Anastacio Valarezo, profesor, Progreso