Con motivo de celebrarse el Día Internacional de la Mujer el próximo sábado, hacemos las siguientes reflexiones:

Con la revolución industrial de la segunda mitad del siglo XIX, la situación económica, laboral y social cambió en el mundo. Las manos masculinas fueron insuficientes para trabajar en las fábricas. Entonces, se utilizaron las femeninas, especialmente en las textiles, lo que provocó una transformación en todos los campos, habiéndose producido también muchos abusos de parte de los patronos en contra de las mujeres, lo que suscitó una lucha por el respeto y la igualdad de sus derechos con los del hombre que aún no termina.

En Ecuador, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, con la revolución liberal y las constituciones de 1897 y 1906, se dio para la mujer el inicio de un drástico cambio. Por la primera se estableció la obligatoriedad de la enseñanza primaria laica y gratuita para todos. El siglo XX fue pleno de reivindicaciones jurídicas. Su empoderamiento no solo fue producto del empuje de la corriente casi universal que tuvo su eco en muchas que alentaron sus conquistas, sino que la educación la ayudó a transformar su vida y la de la sociedad. En el siglo XXI, en la política, la captación por la mujer de los puestos públicos es notorio, gracias también al batallar de sus antecesoras por la equidad de género, que consiguió que hubiese esta paridad incluso en procesos electorales.

Hoy parecería que en el campo legal, con las reformas logradas sobre la igualdad salarial y la ley violeta, como que quedaría poco por hacer. Sin embargo, no bastan leyes y reglamentos si no se alcanza el respeto al ordenamiento jurídico para impedir que los derechos sean violados.

Pero hay algo que todavía no superamos y que nos coloca en situación de vulnerabilidad, que coarta nuestro empoderamiento total para lograr una vida plena en todos los ámbitos, especialmente en el hogar y en los entornos más próximos, incluyendo el laboral. Es la violencia física, síquica y patrimonial que se ejerce contra la mujer. Según Aldea, en 2024 hubo 274 feminicidios en Ecuador. ¿Por qué permitimos este maltrato? Conforme a cifras del INEC, 7 de cada 10 mujeres consideran que tener a cargo hijos, padres u otros es un desafío adicional para pedir ayuda; 3 de cada 10 tienen miedo a las consecuencias; 2 de cada 10 temen no poder subsistir económicamente si denuncian; 1 de cada 2 recibió amenazas. Un 38 % piensa que denunciar no las ayudaría en nada, un 22 % supone que no le van a creer y un 18 % no lo hace por vergüenza.

¿Cómo revertirlo? Elevando nuestra autoestima, con una formación constante, atendiendo nuestra salud síquica y corporal, uniéndonos a grupos comunitarios, interviniendo, para tomar decisiones, en la administración pública; y procurando nuestra independencia económica.

Además es necesario que recuperemos el hogar que hemos perdido. Nuestros hijos, muchos, están a la deriva, porque no nos alcanza el tiempo ni las fuerzas para ocuparnos de ellos. Y el mundo vive un descalabro total entre drogas, violencia y corrupción. La cuesta es muy empinada, pero debemos tratar de alcanzar la cima.

Estos son nuestros más grandes desafíos. (O)