Más allá de los resultados electorales, el país tiene enormes desafíos para sembrar esperanza y tratar de recuperar la confianza, la credibilidad y los espacios perdidos en el sistema democrático y en la débil institucionalidad.

Las campañas electorales son desgastantes y desde hace un par de décadas con una polarización en todos los ámbitos, incluido la confrontación en las familias por posiciones dogmáticas y el enceguecimiento con caudillos y demagogos, que tanto daño han hecho y que han llevado a posiciones irreductibles porque no hay espacio para la reflexión, el razonamiento y la discusión civilizada.

Las ambiciones de la mayoría de la clase política han llevado a esta situación de crisis y de violencia e inseguridad, en medio del conflicto armado interno, asediados por los grupos delincuenciales organizados, el narcotráfico y protegidos por la narco política que busca impunidad.

La corriente del socialismo del siglo 21 ha evidenciado con hechos (allí están los indicadores) que tiene sumido en la pobreza y la miseria a Venezuela, Nicaragua, Cuba y que ha propiciado la confrontación interna entre los pueblos y la huida de millones de personas de sus países en busca de nuevos rumbos.

El deterioro de las condiciones de vida en la región es evidente, en medio de la inestabilidad, controlados por quienes han destruido las instituciones y los regímenes democráticos, han generado inseguridad jurídica que produce desconfianza y ahuyenta a la necesaria inversión extranjera y nacional.

La decepción ciudadana en la clase política ha determinado la falta de conciencia cívica debido a la prostitución y poca credibilidad en el sistema de partidos, que se han tornado en empresas electoreras que lucran de esta actividad, que se organizan para los procesos electorales, sin principios, valores ni nuevos liderazgos.

Por ello existen grandes desafíos para atender las acuciantes demandas ciudadanas, emprender reformas para facilitar la generación de empleo pleno, impulsar reformas estructurales en la seguridad social, salud y educación públicas. Enfrentar los problemas del agro, establecer una matriz energética equilibrada que permita olvidarse de los apagones de luz cada cierto tiempo cuando se presentan los estiajes.

Facilitar las inversiones en la explotación racional y rigurosamente controlada por el Estado en el sector minero, que tiene enormes reservas y que pueden generar ingentes recursos para destinar al desarrollo.

Liderar la reforma política e institucional profunda, que termine con la proliferación de organizaciones políticas, que facilita la postulación de miles de candidatos y deslegitima la elección de autoridades con bajas votaciones. Con un 25 % llegan autoridades seccionales frente a un 75 % que no les favoreció con sus votos.

Para ello es importante la iniciativa ciudadana porque definitivamente resulta inviable la reforma porque no hay voluntad política en los asambleístas, quienes disfrutan de un sistema corrupto y perverso y no quieren los cambios. Una Asamblea que con una nueva composición ojalá responda a las demandas del país e impulse los cambios legales que se requieren en materias sensibles pero necesarias. (O)