El Ecuador vive uno de sus peores momentos. Al menos desde que yo tengo uso de razón.
La crisis energética que cada día se agrava más, la delincuencia en las calles, el sistema de salud pública a la deriva y una economía en recesión, desde antes de los apagones.
Esa es la realidad del país por más esfuerzos que haga el Gobierno en diversos ámbitos y aunque su comunicación pretenda minimizarla o buscar responsables del pasado. Vale hacer énfasis en que no sería justo responsabilizar a este Gobierno de lo que vivimos, pero tampoco sería justo excluirlo del listado de responsables.
Pero más allá de quienes agravaron, más menos esta crisis, de quienes intentaron o no evitarla o de quienes fueron o no incapaces de combatirla, la realidad es que vivimos lo que vivimos hoy. Y con seguridad, día a día, el panorama se irá deteriorando.
Porque con buscar responsables o decirnos verdades a medias o mentiras a medias no se van a solucionar los graves problemas que enfrentamos, peor en estos días que vivimos de campaña electoral, en los que la prioridad de casi todos los políticos es ganar votos.
En esta columna comentamos hace algún tiempo sobre el plan maestro de electricidad, en el que está detallada la hoja de ruta que debe seguir el Estado para asegurarle al país la energía eléctrica necesaria para abastecerse, considerando su crecimiento.
También comentamos que en los últimos años los gobiernos no han invertido en mantenimiento de la infraestructura, mucho menos en nueva generación de electricidad.
Las razones pueden ser muchas; desde falta de dinero, pasando por burocracia interesada en mantener el statu quo, corrupción, ineficiencia, negligencia e indolencia, por mencionar unas cuantas. Lo cierto es que estamos con apagones, con Mazar al borde de paralizarse, lo que nos llevaría a una situación inédita.
Y vemos a nuestros lados que ocurre… Colombia, Perú, Argentina, Chile, Bolivia, por mencionar algunos países de la región, no viven la crisis que nosotros vivimos.
¿Qué pasó? ¿Qué hicimos mal?
Lo de fondo: el Ecuador no tiene políticas de Estado. Cada gobierno que llega, cambia todo. Nos dice que todo lo recibido es peor de lo esperado, que todo está mal y hay que cambiarlo todo.
Chile y Perú, por ejemplo, pasaron de dictaduras de derecha a gobiernos de centroizquierda. Llegaron al poder opositores acérrimos del anterior régimen. Y no cambiaron todo.
El progreso económico de dichas naciones se sostiene en haber mantenido las políticas de Estado en materia económica de sus antecesores.
Políticas económicas soportadas de seguridad jurídica, que no es otra cosa que la estabilidad del marco jurídico en el tiempo.
Entonces, sí, hay mucho por hacer en el Ecuador; y el nuevo Gobierno tendrá una ardua tarea; pero si no fijamos políticas de Estado en los principales ejes del país (economía, seguridad, salud y educación), que se respeten gobierno tras gobierno, sin importar la ideología, seguiremos de tumbo en tumbo, eligiendo cada cuatro años a una suerte de “mago” que con seguridad seguirá fracasando.
Seguiremos comentando. (O)