Los resultados nos sorprendieron a todos, incluyendo a los más opcionados que recibieron menos votos de los que cada uno creía tener. Ni Noboa ganó en primera vuelta como estuvo convencido, ni Luisa resultó favorecida como sus partidarios señalaban. El escaso apoyo del resto, 14 candidatos que la mayoría de ellos no alcanzaron ni el 1 % de los votos. Las mayores sorpresas fueron Leonidas Iza de Pachakutik y la candidata Andrea González de Sociedad Patriótica, quienes cumplieron como nuevos líderes de sus agrupaciones.
Una vez más, el pueblo demuestra que los votos no son fácilmente manipulables y que tampoco las encuestas merecen nuestra confianza, que no anticipan bien los resultados. En países como los nuestros, siempre hay un grado de sorpresa en los resultados finales; la decisión del voto resulta muy privada e individual. Merece un aplauso el civismo del pueblo, que salió a votar en forma ordenada y valiente, a pesar de las lluvias, en medio de la intranquilidad e inseguridad generalizada. Igual aplauso para los delegados de las mesas que cumplieron patrióticamente su deber.
Tanto Pachakutik como Sociedad Patriótica nos sorprendieron, Iza con un mejor resultado y Andrea con menos votos que las encuestas. Las encuestadoras nos causan otra vez un gran desconcierto. Su trabajo está en serio entredicho y las discrepancias e inconsistencias del 25 % de las actas y las cifras poco creíbles de ausentismo en ciertos lugares, podrían ser la explicación de las diferencias entre las encuestas y resultados finales. Los partidos deberían realizar su propio control electoral, aprender de la oposición en Venezuela, cómo hacerlo bien y por su cuenta. Las contribuciones ilegales de los narcos y las compras de votos, con el método de fotografiar con el celular, deben ser evitados a toda costa.
Nos queda otra vez la gran duda sobre los resultados proclamados; el CNE una vez más ha fracasado. La negativa de abrir las urnas y comprobar las denuncias los delata. Los comicios presentados están bajo grave sospecha, la Asamblea, la realmente votada tiene una composición diferente, deben rectificar. Fracasaron en elecciones anteriores, ya se habían ganado el repudio y desconfianza de la ciudadanía; ahora es mayor, mucho más. Quedarán marcados como defraudadores de la voluntad popular. Hubiera sido preferible un paso al costado y permitir que el pueblo vuelva a confiar en este importante organismo, rector de la vigencia democrática de nuestro país.
Existen 1,2 millones de votos que no se pronunciaron por ninguno de los dos finalistas y otros 3,5 millones, entre ausentes, blancos y nulos. En definitiva, existe más de un 30 % de votos por conquistar; cualquiera de los dos puede ganar legítimamente, lo importante es que la voluntad popular se respete y los escrutinios sean reales, verdaderos. El CNE tiene la oportunidad de introducir mecanismos y correctivos, los necesarios que permitan tener una segunda vuelta libre de toda sospecha, que nos devuelvan la confianza en las elecciones y quien gane sea un presidente producto de la voluntad popular. (O)