Por favor, no me pongan el 9 en letras al corregir el título. Es que los viejos fanáticos de los tiempos de los antiguos estadios Guayaquil y Capwell pueden creer que se trata de un equipo distinto al añejo ‘9′, aquel de la campaña deslumbrante de 1940 o el de “los negritos”, como apodaron al que armaron en los años 50 Manuel Adolfo Varas Sáenz y Roberto Calderón Usubillaga con algunos jugadores traídos de Esmeraldas.

Hoy, después de muchos años, 9 de Octubre vuelve a ser noticia. Regresó a la serie A y cuando se pensaba que estaba para luchar por no descender, ha dado la gran sorpresa. El equipo que formó Dalo Bucaram cuenta con un buen plantel de futbolistas nacionales y un notable rendimiento de sus foráneos. No hay estrellas, tampoco un ‘mejor número 10 de la historia’ que desbanque al club con un sospechoso contrato millonario, aunque se destaca el poder goleador del panameño José Fajardo, centrodelantero de 1,80 metros entreverado con los mejores artilleros. La fuerza octubrina reside en el equipo, en el alto rendimiento colectivo.

En nuestro medio resulta raro confiar la conducción técnica a un ecuatoriano. Por prejuicios preferimos lo extranjero, aunque al elegido no lo conozca nadie en su país. Citemos a modo de ejemplo a Fabián Bustos. No aparece en su palmarés haber dirigido a equipo alguno en Argentina. Lo trajo el Manta y lo hizo nacer como entrenador. Anduvo por otros equipos y llegó a Delfín. Le sonó la flauta y los dirigentes de Barcelona creyeron encontrar un Jorge Sampaoli. Corría al borde del campo, gritaba, gesticulaba, reclamaba a los árbitros y a veces lo expulsaban por sus excesos. Si este no es Sampaoli, puede ser un Cholo Simeone, creyeron los que conducen (en contravía) al anémico ídolo del Astillero. Solo tenía las mañas circenses de esos demagogos que pescan incautos con sus correteaderas y sus berrinches. “¡Cómo quiere al club; sufre por él!”, dicen los bisoños periodistas que no vieron dirigir a Fernando Paternoster, Gradym, Otto Vieira o a Miguel Ángel Brindisi. 9 de Octubre le dio la batuta a un director técnico nacional joven y con experiencia solo en divisiones menores de varios clubes: Juan Carlos León. Tuvo éxitos y 9 de Octubre lo contrató en 2019 para dirigir el plantel. Ganó el ascenso en la serie B y hoy conduce al equipo con suceso en primera.

No habla como extranjero, no acude a argumentos mamarrachos en las ruedas de prensa, no adula al periodismo; es sobrio en su conducta, pero es difícil que halle cupo en los equipos tradicionales. Por esos lares predomina una tendencia extranjerizante.

La fundación real

9 de Octubre es un club repleto de historia. Contrariamente a lo que sostuvo un personaje célebre por sus fabulaciones, nació el 22 de agosto de 1912, tal como puede verse en los periódicos El Telégrafo y El Guante, el primero de los cuales, el 25 de octubre de eso año, tituló una nota así: ‘Fundan club 9 de Octubre’. Esta versión nuestra fue confirmada por uno de sus creadores, más tarde presidente del club, el doctor Juan Orellana Garaicoa, en entrevista aparecida el 3 de junio de 1933 en la revista Semana Gráfica, firmada por un periodista de gran prosapia, el doctor Francisco Rodríguez Garzón.

Decía Orellana en una de sus partes: “En 1912, acompañado de algunos muchachos que responden a los nombres de Silva Espinel, Manuel Moreno, Carlos Alfaro, Asisclo Garay, fundamos el club que ahora existe con el nombre de 9 de Octubre”. Y tan es así que 9 de Octubre concurrió a la fundación de la Federación Deportiva del Guayas en 1922.

El club no activó por un tiempo hasta 1926 en que reempezó como Asociación Pedalística 9 de Octubre, con anuencia de Orellana. Esta reaparición se confunde con la fundación. Su gran época advino en 1940 cuando ganó tres títulos en una misma temporada. Antes, en 1939, se había fortalecido, a tal punto de disputarle el título al Panamá.

Tomás Marshall (izq.), Humberto Barreno y Juan Noriega, integrantes del 9 de Octubre que jugó la Copa Libertadores de 1966, como subcampeón nacional de 1965. Foto: Archivo

El plantel de 1940 fue uno de los mejores de su historia. Tenía dos buenos arqueros como Alberto Alprecht e Ignacio Molina. La defensa estaba basada en la experiencia de Félix Leyton Zurita y la calidad y elegancia del joven Galo Vargas Álava. Su línea media era de lujo: Aurelio Lavayen, Alejandro Valenzuela y Manuel Sempértegui. Adelante jugaban Jorge Avilés, Saturnino Ortiz, Jorge Calderón Llona, José Herrera y Leonidas Villao. En 1943 realizó su primera gira internacional hacia Colombia.

Históricos en el Capwell

Los octubrinos fueron protagonistas del primer encuentro internacional en el estadio Capwell. Fue un 1-1 contra Millonarios de Colombia el 8 de octubre de 1946. 9 de Octubre formó con Francisco Hermenegildo; Luis Hungría, Galo Vargas; Óscar Nieto, Enrique Moscovita Álvarez, Vicente Chento Aguirre; Leonidas Villao, Enrique Cantos, Enrique Herrera, José Vivar y José Herrera. Cuando se produjo el conflicto de los clubes y Fedeguayas 9 de Octubre fue uno de los fundadores de la Asociación de Fútbol del Guayas, pionera del profesionalismo. Le tocó ser actor del primer duelo profesional dela historia al inaugurar, el 2 de diciembre de 1950 el Torneo Invitación. Fue contra Emelec y formó con Alfredo Freire; Ricardo Valencia (Galo Vargas), Jorge Izaguirre; Marcos Izaguirre y Campodónico; Raymundo Ycaza, Rosendo Vargas, Rómulo España, Antonio Buñay, Luis Drouet y Santiago Osorio.

Tuvo excelentes jugadores como los hermanos Izaguirre, Rómulo Gómez, Ruperto Reeves Patterson, Mauro Ordeñana, Jaime Galarza, Raúl Argüello y muchos más. Tengo un especial recuerdo para mi compañero de aulas vicentinas Félix Pelusa Guerrero, quien ya maravillaba en la barriada de Luq San, especialmente cuando se juntaba con Juanito Moscol. De la mejor selección vicentina de la historia se lo llevó 9 de Octubre, primero como alero derecho y después como interior diestro. Más tarde fue refuerzo de Emelec y Flamengo de Brasil, en la gran época del equipo carioca. Los brasileños pidieron precio por el pase de Pelusa, pero más pudo el egoísmo de los directivos.

Gustavo Mateus y Omar Quintana

Mi otra gran complacencia en los tiempos del estadio Modelo era ver jugar a un número 10 de lujo: el milagreño Humberto Barreno Salinas. Todo en Humberto era exquisito: su modo de correr, de parar el balón, de eludir a un rival, de poner a su artillero en posición de anotar gracias a la magia de su botín zurdo. Y todo lo elaboraba con una sonrisa porque para él el fútbol era una fiesta.

Imposible olvidar a dos grandes dirigentes octubrinos: Gustavo Mateus y Omar Quintana. Una de las mayores locuras de Omar fue fichar a dos celebridades: Jairzinho (Jair Ventura Filho) y Roberto Mouzo, zaguero argentino símbolo de Boca Juniors. Con su ‘Super 9′ Quintana fue subcampeón nacional en 1983 y 1984 y puso al club en Copa Libertadores. (O)