Tiene el emelecismo en la sangre. Se le inoculó a los cinco años, cuando lo llevaron por primera vez al Capwell. “Jugaban Emelec-Barcelona, el gran clásico. Fui con dos tíos que son hinchas del Barcelona y con un primo emelecista. Terminó ganando Emelec por goleada 5-0, con una demostración de fútbol vistoso y espectacular. Había ido a la cancha sin pasión, sin sentimientos hacia ninguno de los dos. Solamente me movía la curiosidad. Ese día me hice emelecista. Para siempre”. Y ese día alumbró Emelec al mejor presidente de su historia. Nunca le interesó la Federación, lo suyo era Emelec, Emelec y Emelec.

Nassib Neme se despide de Emelec

Nassib Neme Antón nos contó de su filiación azul y plata en 1991, cuando lo entrevistamos para la edición especial de El Gráfico con motivo de la remodelación del Capwell, su primera gran obra. Allí obtuvimos la comprobación inicial de su extraordinario amor al cuadro eléctrico. Contó, también, que había asistido a la inauguración del estadio Monumental, del Barcelona SC, y, al volver, pasó por el viejo y querido Capwell, donde había vivido tantas tardes felices, inactivo desde hacía unos años y en ruinas. La tristeza le inyectó un desafío: “Me dije: si ellos pudieron construir un escenario tan grandioso, ¿por qué no nosotros…? Y ahí mismo me juramenté que levantaría un nuevo Capwell”

Siempre se dice que los que ganan o pierden los partidos son los futbolistas. En apariencia es así, sin embargo, al fútbol se empieza a ganar en los despachos. Quienes llevan al fracaso o al éxito a los clubes son los dirigentes. Ellos contratan a los jugadores, a los entrenadores, consiguen los recursos, administran (con prudencia o insensatez), dan la infraestructura a una institución, bajan la línea de dirección y comportamiento. Generan la credibilidad -o no- en el plantel y el cuerpo técnico. El jugador solamente llega y juega, el directivo está detrás de todo. La institución mejor gobernada del mundo, desde hace muchos años, es el Bayern Munich, un modelo casi perfecto de conducción, moderación, acierto, responsabilidad y representación de sus socios e hinchas. Pónganle un Bartomeu al Bayern y veremos qué pasa en dos años. Eso sintetiza la importancia de la función dirigencial. Todas las épocas de oro de los clubes a lo largo de la historia están identificadas con una figura patriarcal a la cabeza: Santiago Bernabéu y Florentino Pérez en el Real Madrid, Athiê Jorge Coury en el Santos de Pelé, Alberto J. Armando y Mauricio Macri en Boca Juniors, Antonio Liberti y Rodolfo D’Onofrio en River, Gastón Güelfi en Peñarol, Giorgio Moratti en el Inter, Silvio Berlusconi en el Milan… No hay alegrías en el desgobierno.

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Nassib Neme frente a Barcelona SC: así le fue al presidente de Emelec en el Clásico del Astillero, en sus diferentes etapas como directivo principal

El martes último se cerró un capítulo histórico en el Club Sport Emelec: dio su adiós definitivo como presidente Nassib Neme, un Bernabéu del cuadro eléctrico. Por cuestiones legales no podía aspirar a un nuevo mandato. En sus dos etapas como alto responsable de la entidad (primero miembro de la Comisión de Fútbol, luego presidiendo la misma y más tarde como líder absoluto), Emelec nunca fue tan grande. Dio un salto de nivel cualitativo y cuantitativo en todas las áreas: conquistó seis campeonatos nacionales y siete subtítulos, conformó una máquina de jugar, aquella de Miller Bolaños y Ángel Mena que logró el tricampeonato; fue animador de 14 copas Libertadores, construyó en 1991 el nuevo estadio Capwell, que estaba en estado de abandono y a punto de ser rematado, lo reconstruyó y amplió en 2017 con máximos niveles de confort, hizo felices a sus hinchas peleando mano a mano cada clásico con Barcelona y durante una década lo mantuvo en la cima deportivamente, instaló el marketing, logró los mejores registros de asistencia de público en varias temporadas, fue el que mejor vendió jugadores y quien supo descubrir a técnicos sobresalientes internacionalmente como Sampaoli o Quinteros. Todo con la fórmula de la excelencia, de gestionar con sentido empresario y con el corazón en la mano.

Su retiro del fútbol es la mejor noticia para Barcelona: el rival eterno será menos peligroso, no peleará tanto los títulos hasta el final. También para Liga de Quito o Independiente del Valle es un alivio. Se les va un adversario terrible. Ni hablar de la Federación Ecuatoriana o la LigaPro, ahora les queda el campo libre para lo que gusten hacer, sin oposición. No solo Emelec, el fútbol guayaquileño pierde un referente de altísimo peso político sólo por el respeto que inspira Nassib Neme, por su carácter combativo y su inteligencia conductiva. En 1993 armó aquel equipazo con Dannes Coronel, Máximo Tenorio, Iván Hurtado, Luis Capurro, Pepo Morales, Kléber Fajardo, Enrique Verduga, Ángel Fernández, Roberto Oste, Jesús Cárdenas. Había Neme para rato. Entonces lo corrieron en elecciones poco claras, ahora lo aleja un reglamento.

‘Nassib Neme es el mejor dirigente que he tenido, es un estratega. Si vuelvo a Ecuador será solo a Emelec, del que digo es un equipo europeo’, confiesa Alfredo Arias, extécnico azul

Nunca le escuchamos hablar mal de alguno de sus técnicos o de sus jugadores a sus espaldas. Los apoya contra todas las tempestades. A veces, para probarlo, le hablábamos de un 9 que fallaba muchos goles y, aún en la intimidad, respondía: “Gran jugador y excelente muchacho”. Lo mismo de los técnicos: “Un fenómeno, trabajador incansable”. El uruguayo Alfredo Arias, quien jugó y dirigió a quince clubes de siete países lo define como “el mejor dirigente de todos los que he tenido, sin dudas. Es muy inteligente y un estratega que conoce el fútbol. No hay cursos para ser directivos”. Como los grandes guerreros, se ganó la consideración de quienes fueron sus contrincantes en el campo de batalla. Isidro Romero, Rubén Insua, Alejandro Alfaro Moreno lo consideran el más grande presidente que haya tenido el club de la calle San Martín. Es de los tiempos en que los dirigentes entraban al fútbol a poner, no a sacar. Y nadie puede señalarlo de figuretti.

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Diecinueve años dándole su tiempo y sus mejores afanes al club, cientos de fines de semana, de noches de vigilia y viajes acompañando al equipo, de dejar a la familia y desatender los asuntos laborales, eso da un presidente a tiempo completo. Los hinchas de bien, los pensantes, lo valoran. Ahora llega otra época y la vida del club quedará marcada como antes o después de Neme.

Por años ha patrocinado esta columna la empresa Electrocables, propiedad de Nassib; nunca, en todo ese tiempo, el caballero Neme ha levantado un teléfono para decir “Jorge, sería bueno que publique esto o aquello”. Ni una sola vez pidió una nota. Jamás una sugerencia o una presión para instalar un tema. Eso lo define como persona. Deja el sillón del escritorio y se sentará en el del palco, porque no se alejará de su amor eterno. En un futuro no lejano lo espera el bronce. Pocas veces tan merecido. (O)