Doscientos mil escoceses llegaron a Múnich llevando su euforia, su vestimenta ancestral. Se volvieron con cinco goles. Y borrachos. No importa si perdieron, se emborrachan hasta por las dudas. Son fantásticos los hinchas escoceses, siempre poniendo color y calor en los torneos, pero su selección nunca corresponde a tanto apoyo. Es curioso, Escocia es un fútbol pletórico de tradición, país fundador del juego. Hace 152 años -en 1872- Escocia e Inglaterra disputaron en Glasgow el primer partido internacional de la historia (igualaron a 0). Solamente pensar en aquel Celtic de 1967 y en Jimmy Johnstone se siente un respeto reverencial por Escocia, incluso en los grandes técnicos como Alex Ferguson y Jock Stein. Sin embargo, cuando se unen en selección carecen de la alegría de sus hinchas, tienen cero creatividad, cero ingenio y ello les compromete las posibilidades ofensivas. Siempre es bueno tener un par de escoceses en tu equipo, es sangre buena, guerrera, pero no saben estar once juntos.

Para esa Escocia del viernes, hubo demasiada Alemania. Una Alemania nueva con nombres viejos (Neuer, Kimmich, Gundogan, Kroos, Can, Rudiger, Thomas Müller), con la seriedad competitiva de siempre y con la frescura que le dan esos dos chicos con el cuerpo y la mente llenos de fútbol: Musiala y Wirtz, Batman y Robin, 21 años cada uno y ya campeones en sus clubes, ya titularísimos en una selección grande como Alemania, a la que vienen a devolverle la ilusión, la fe de conquistar más títulos. Siempre que aparecen dos cracks de tanta proyección, juntos, y que además empatizan y se conectan con generosidad, sin celos, pueden suceder cosas trascendentes. Recuerdan a Pelé y Coutinho, Bochini y Bertoni, Xavi e Iniesta, Gullit y Van Basten, Romario y Bebeto. Una pequeña sociedad como Musiala y Wirtz eleva directamente a la cima a Alemania. El resto es más sencillo: defender bien, apoyarlos, abastecerlos, ellos se encargarán de desequilibrar y ganar los partidos. Musiala es habilidad, Wirtz es talento, ambos tienen desequilibrio y gol. Debieran juntarse más en el campo, tocar, triangular. Al menos por ahora, van por cuerda separada. En ninguno de los cinco goles se unieron en la maniobra. No obstante, se buscarán y se encontrarán, el buen jugador sabe con quién puede dialogar, quién puede ser su interlocutor sobre el césped. Toni Kroos, un sabio de la distribución de juego, giraba hacia la izquierda, lo veía a Mittelstädt solo, se daba vuelta de nuevo y prefería dársela a Kimmich. Pensaría: ¿qué puede hacer Mittelstädt con la pelota…?

La inteligencia artificial (¿por qué hay que designarla con mayúsculas…?) computó las predicciones de 28 casas de apuestas y eso dio como resultado que el favorito al título es Francia con una probabilidad del 19,2%, seguida de Inglaterra con el 16,7% y Alemania con el 13,7%. Sin embargo, eso fue hasta el momento de comenzar la Eurocopa. En el primero de los 51 partidos Alemania pateó el tablero y pasa al primer puesto por presunción, por demostración y por esos dos jóvenes maravilla que le dan el plus de la clase aunada al atrevimiento. Representan un nuevo fútbol alemán, menos acartonado, más chispeante, igual de ganador y contundente. El verdadero hincha del fútbol celebra cuando aparece un binomio así. Son una bendición. Ni Francia ni Inglaterra ni España cuentan con un dúo explosivo como Musiala y Wirtz. ¿Cuál es Batman y cuál es Robin…? El tiempo determinará.

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La inteligencia artificial tiene futuro en muchos campos, pero en fútbol dos más dos son siete. En esto todo puede suceder. Mil veces ha pasado que ha ganado el menos opcionado. Ejemplos: Dinamarca 1992, Grecia 2004. Aparte, mientras exista la vida lo más relevante del análisis será la OBSERVACIÓN, y eso es privativo de los humanos. La pelota que pega en el palo y sale no está comprendida dentro de la inteligencia artificial. Los laberintos de la mente tampoco. Hay demasiado imponderable en este juego físico, técnico, intelectual y emocional, donde lo escénico juega un rol determinante. Nunca debiera suceder, aunque seguro acontecerá algún día, que un futbolista deba ejecutar un penal en el último segundo de una final del mundo para decidir el campeonato, con tres o cuatro mil millones de personas esperando el desenlace. Nadie merece semejante carga. De fallar, podría ser un muerto en vida como Moacir Barbosa Nascimento, el arquero de Brasil al que culparon del segundo gol de Uruguay en el Maracanazo.

En la Copa América la inteligencia artificial tiene mejores posibilidades porque los batacazos son más infrecuentes. O menos probables. Sobre todo, porque no habrá una localía manifiesta como en otras ocasiones. Estados Unidos es terreno neutral. Las diferencias que establecen en este continente Argentina y Brasil son más amplias. Y está Uruguay, con su misterio de garra y compromiso. ¿Quién puede alzar la bellísima copa forjada en una joyería de Buenos Aires en 1916…? Nos inclinamos a pensar que podría ser Argentina. Posee el mismo plantel que ganó el Mundial hace dieciocho meses, sin ausencias por lesión, con el libreto de Scaloni completamente internalizado, sin presiones de fracasos anteriores. Y aún con ilusión, con hambre de triunfo, que es lo más complicado de conseguir en un grupo que ha logrado altos objetivos: mantener el ojo del tigre.

Algo más: hay varios elementos en un nivel excepcional como Mac Allister, Cuti Romero, Tagliafico, Dibu Martínez y con un Messi espléndido, que hace todo perfecto con la pelota. Desde el día de la coronación ante Francia en Qatar hasta hoy, los jugadores campeones marcaron en conjunto 300 goles en sus clubes y selección, de modo que siguen en modo avión.

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¿Quién puede tumbar al campeón defensor…? Brasil. Siempre es Brasil, aun con su declive de los últimos años. Aun sin Neymar y con técnico nuevo. Pero están Vinícius (primer candidato al Balón de Oro, hoy), Rodrygo, Endrick, Lucas Paquetá, Militão, Marquinhos… Hay nombres fuertes y el respaldo de la camiseta.

Y Uruguay, que puede hacer saltar los fusibles. Tiene a todos asustados este Uruguay de Bielsa que corre, vuela, mete pierna como siempre y ataca como nunca. Es un aluvión y juega como jamás lo había hecho la Celeste, con todo hacia adelante. Con grandes figuras como Luis Suárez, que pese a la edad sigue siendo un león en el área y con Darwin Núñez, delantero de cualquier época, goleador voraz. Ya les ganó a Brasil y Argentina en el camino al Mundial, con notable autoridad.

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Los tres -Argentina, Brasil, Uruguay- prometen llegar arriba y ampliar su currículum. Pero, si nos permiten una última apuesta, le ponemos unas fichas a Colombia. Es otra Colombia, nueva, fresca, con una mente distinta, que quiere ganar, pero esencialmente se obstina en no perder. Tiene una nómina de alta calidad, con dos figuras por puesto y un entrenador que es la revelación de la eliminatoria. Lorenzo quiere que se juegue siempre en campo contrario, lo que revela el carácter ofensivo de su idea. Como Argentina, tampoco lamenta lesionados y llega con viento de popa. Y, como Uruguay, ha volteado muñecos grandes: Alemania, España, Brasil. Aparte, no tiene que ir a ganarles a los tres grandes de visitante, por el contrario, jugará a estadio repleto alentándolo. En Estados Unidos, solo México puede presumir de más público. El título sería absolutamente consagratorio para un fútbol importante, que necesita llamarse ganador.

Ya se siente ruido de pelota. (O)