No vi el sorteo de los grupos de la Copa Libertadores y el homenaje a jugadores que han dejado huella en la historia de este torneo, pero una llamada desde Uruguay me alertó del bochorno producido en la sesión. Al otro lado de la línea estaba mi colega y amigo Atilio Garrido, el más prestigioso periodista deportivo y el más importante historiador del fútbol de Uruguay. “Se olvidaron de Alberto Spencer”, me dijo con la irritación que produce una injusticia, sobre todo en quien, como Atilio, fue testigo de toda la brillante carrera de uno de los goleadores más importantes de la historia del fútbol mundial y de América.

Al siguiente día leí la lista de aquellos jugadores a los que el presidente de Conmebol calificó de “leyendas”. Con todo respeto a sus carreras y a sus títulos, ninguno se iguala a quien es símbolo de la Libertadores: Alberto Spencer Herrera, goleador máximo, cuyos 54 goles son imposibles de igualar. Y no solo por su poderío y eficacia ante el arco rival, sino también por haber sido parte de uno de los mejores equipos de la historia del fútbol universal (reconocido como el “Peñarol de Spencer”), haber sido dos veces campeón intercontinental (su gol ante Real Madrid es comparado con el segundo de Maradona a los ingleses), conquistar tres veces la Libertadores y haber dejado en el césped lecciones de caballerosidad.

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No fue lo único que provoca vergüenza y será parte de la anécdota que pone de relieve la incultura, falta de sentido del ridículo y el escaso tacto del presidente de Conmebol, el paraguayo Alejandro Domínguez. Los diarios del mundo han comentado, con indignación o con ironía, el patinazo de quien, haciendo de cómico insensible y torpe, llenó de bochorno al mundo del fútbol.

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Atilio Garrido me envió un correo del que extraigo párrafos importantes para que los que no están al tanto de lo ocurrido en la sesión de Conmebol se informen: “El pasado miércoles 19 de marzo de 2025, deberá ser recordado como una de las jornadas más tristes de la Confederación Sudamericana de Fútbol. No solo por el increíble exabrupto del actual presidente de la organización que muy suelto de cuerpo tuvo el tupé de afirmar “¿Una Copa Libertadores sin brasileños? Eso sería Tarzán sin chita, imposible?”.

A mi juicio, más grave que esa estrafalaria salida de tono en la ceremonia donde se realizaba el sorteo de la conformación de los grupos de la próxima Copa Libertadores, fue el lamentable olvido de los organizadores, al no mencionar, resaltar y destacar la figura de Alberto Spencer. Fueron premiados, como corresponde, viejos campeones que aún viven y cuya presencia, muy merecida recibiendo una pequeña réplica del trofeo, generó en los asistentes y televidentes, la lógica emoción por revivir el pasado. Lamentable y penosamente, en ningún momento de la extensa ceremonia se realizó un reconocimiento para quién siempre, en cada evento organizado por la Conmebol relacionado con ese torneo, debe estar presente. Me refiero a la figura de Alberto Spencer cuya participación en la Copa Libertadores de América no tiene parangón y es imposible que alguien la iguale, por los siglos de los siglos, amén…”.

Alberto Spencer tal como lo destaca la Gran Enciclopedia del Fútbol en el tomo de Los Inmortales

Y hay detrás de esta omisión imperdonable una historia. El 29 de octubre de 2022, durante la ceremonia previa a la final de la Libertadores jugada en Guayaquil, la viuda e hijos de Spencer conversaron con el presidente de Conmebol sobre la posibilidad de que el trofeo al goleador de la Copa en cada año lleve el nombre del jugador ecuatoriano, considerando que, habiendo transcurrido más de medio siglo de su retiro, su récord goleador no iba a ser igualado. El 1 de agosto de 2023 hicieron el pedido formal a Conmebol y expresaron que una decisión favorable iba a contribuir a “resaltar su figura como deportista ejemplar dentro y fuera de los escenarios deportivos”. Desde aquella fecha, el presidente (Alejandro) Domínguez no ha tenido la cortesía de responder a los familiares de Spencer en acto de indiferencia, ingratitud y menosprecio.

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Uruguay, el deporte de ese país, el periodismo deportivo de modo unánime, los fanáticos de todos los clubes, tienen especial veneración por la memoria de Alberto Spencer. Imposible olvidar la descripción que Garrido hizo de nuestro compatriota en el libro histórico de la Copa Libertadores: “Su figura está adherida para siempre a la historia de la Copa. Parecía un puma agazapado y expectante en el bosque de las defensas adversarias. De pronto, como impulsado por un mágico trampolín, salía como un filoso cuchillo de su vaina buscando la inmensidad del cielo y cuando estaba en lo más alto, cuando había superado en el salto a todos sus rivales, aplicaba el feroz zarpazo”.

La Gran Enciclopedia del Fútbol coloca a nuestro jugador en el tomo 14 entre “Los Inmortales” y lo describe así: “Atlético, fibroso, de elegante y poderosa zancada, flexible y elástico, fue el terror de las porterías adversarias por su fácil y relampagueante remate, tanto con los pies como con la cabeza”.

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Mientras en nuestro país la gavilla de iletrados que se dicen “periodistas modernos”, intratables herejes del intelecto, se atreven a negar la celebridad del mejor futbolista ecuatoriano de todos los tiempos, la Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol (IFFHS) coloca a Spencer en el puesto 20 entre los mejores jugadores de Sudamérica del siglo XX, junto a Maradona, Pelé, Di Stefano, Garrincha, Obdulio Varela, Tostao, Sívori, entre otros astros.

El ecuatoriano Alberto Spencer figura en el once ideal de la América en el Siglo XX.

Alberto figura ese ranking mejor ubicado que Mario Kempes, Enzo Francescoli, Nilton Santos, Ronaldo, Romario, Daniel Passarella, Roberto Rivelino, Carlos Alberto y muchos otros cracks. La propia Conmebol en su libro histórico de la Copa América pone a Spencer en la alineación ideal del siglo XX que es la siguiente: José Luis Chilavert (Paraguay); José Nasazzi (Uruguay), Elías Figueroa (Chile) y Héctor Chumpitaz (Perú); Marco Echeverry (Bolivia); Obdulio Varela (Uruguay), Carlos Valderrama (Colombia) y Diego Maradona (Argentina); Alfredo Di Stefano (Argentina), Alberto Spencer (Ecuador) y Pelé (Brasil). ¿Quieren más los enemigos de la historia?

En opinión de Garrido: “En la fastuosa ceremonia el dirigente de la Federación Ecuatoriana presente (Francisco Egas), así como también dirigentes del Club Atlético Peñarol, debieron dejar constancia de que Alberto Spencer es poseedor de un fenomenal récord que ningún otro futbolista podrá alcanzar. Récord que lo convierte en héroe máximo de la Copa Libertadores. Récord que nadie igualó y tampoco nadie igualará en el futuro. (…) Yo estaba presente en el Estadio Centenario de Montevideo aquel martes 19 de abril de 1960, fecha patria en el Uruguay, día en que comenzaba la Copa de Campeones Libertadores de América. Peñarol venció 7:1 al Jorge Wilstermann y Alberto Spencer convirtió cuatro tantos, iniciando una inigualable carrera de once años”.

La Federación Ecuatoriana de Fútbol no ha dicho una sola palabra acerca del pedido de la familia Spencer. Tampoco el casi clandestino ministerio del Deporte que podría ser el abanderado de una postura del propio gobierno ecuatoriano reclamando se haga justicia a uno de los más grandes deportistas de la historia nuestra. (O)

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