DEPORTES

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Nuestro periodismo está contra la historia

Julio Estrada Icaza escribió: ‘Por mucho que lleguemos a saber lo que hoy somos, jamás podremos predecir lo que seremos si no conocemos lo que hemos sido’.

Inauguración de la Copa América de 1947, en el Capwell. El torneo no se jugó en parques con árboles. Antes del certamen nacional, creado en 1957, aquí ya había fútbol. Foto: Archivo

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Se han unido con el propósito de salvar al fútbol y al deporte de Guayaquil, que están internados en cuidados intensivos, conectados a un ventilador mecánico, siete sueros en los brazos flacuchos y pronóstico mortal. Yo, que no acepto rumores, sé que el balompié profesional lucha por sobrevivir –pese a que Barcelona y Emelec son partidarios de la eutanasia–, pero que el deporte de nuestra ciudad dejó de existir hace rato y solo por motivos mercantiles aparenta actividad.

Se reconstruyen escenarios ¿para quién, si no hay deporte? Hace décadas desaparecieron los populares campeonatos provinciales de básquet y béisbol de mayores, que el coliseo Voltaire Paladines Polo y el estadio Yeyo Úraga albergaban repletos. Modelo Sport se llama el emporio constructivo que, además, administra los locales que pertenecieron a la difunta Federación Deportiva del Guayas y hoy son nada más que mausoleos de la que un día fue la primera fuerza deportiva del país. ¿Quiénes son los socios de esa afortunada empresa y con cuánto capital fue creada y opera? Queremos saber pronto todos esos detalles.

¿Saben ustedes quiénes son los propagandistas del ‘modelo exitoso’ de Fedeguayas? Precisamente un grupo de periodistas noveles, “personas de poco entendimiento o razón” (que es una de las definiciones de la palabra mamerto en Cuba, Panamá, Bolivia y Ecuador, de acuerdo con el Diccionario de Americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española. En México se denomina así a una persona engreída. En Colombia mamerto es un miembro del Partido Comunista de ese país. En Argentina y Uruguay, una persona que tiene por hábito ingerir bebidas alcohólicas).

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¿Los mamertos han decidido levantar cuarto aparte? Están cansados porque desde la denominada “vieja guardia” del periodismo deportivo se los reconviene cuando dicen necedades acerca del fútbol. “No nos tienen paciencia”, protestaron haciendo mohines de muchachos resentidos. No hay mucho que decir para explicar el porqué desearían irse de los programas que los pusieron en el aire (uno de esos espacios con un director bien informado y muy generoso).

Tras una reciente emisión contacté a uno de ellos y le recomendé leer, aprender, investigar, acudir a la Biblioteca Municipal, ser curioso, hacer mejor uso del internet para adquirir conocimientos por el bien de su audiencia, porque el periodismo también educa (o debería). Me replicó: “No vuelva a llamarme. Usted es de la guardia vieja y sus historias interesan solo a usted, que está desactualizado. Si quiere aprender de fútbol, escúchenos”. Y me colgó. Él no notó mis ojos abiertos de asombro: hablábamos por teléfono.

Fernando Vásquez Rodríguez, docente de la Universidad Javeriana, de Bogotá, especialista en semiótica, en estrategias de comunicación y en procesos de lecto-escritura, publicó en julio del 2022 un artículo titulado ‘Ufanarse de la ignorancia’. Afirma que “está de moda presumir de ignorante. Tanto políticos como influenciadores sociales, hacen gala de sus flagrantes vacíos de conocimiento o, lo más grave, banalizan a quienes osan corregirlos. Y si sus ‘errores’ los llevan a una situación comprometida, salen del impase con alguna broma de mal gusto o le dan a su comportamiento el trato de un desliz sin importancia. Ahí vemos a la ignorancia desfilar por todas partes con altanería: opina de cualquier cosa sin ningún fundamento, difunde sus mentiras que solo los tontos o cándidos toman como verdades. Ese pregón por la ignorancia toca también a las nuevas generaciones”.

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Las palabras de mi interlocutor me llenaron de dudas. ¿Tiene algún valor la historia o será una manía de líricos? ¿Debemos escribir nada más que del presente? ¿Será cierto que el deporte guayaquileño nació cuando a ellos les cortaron el cordón umbilical? Lo han repetido tantas veces que estoy tentado a quemar mi abundante archivo recogido durante 60 años de investigaciones y los 15 libros que he editado sobre historia del deporte guayaquileño. Sería muy penoso.

Phil Graham, que fue editor del Washington Post, aseguró que el periodismo era el primer borrador de la historia. ¿Qué quiso decir? Que con el correr de las décadas que las noticias tengan un registro diario, convierte casi inevitablemente a ciertos medios en los receptores de los hechos a través del tiempo. En el caso de los medios escritos, los convierte en papeles sagrados, cada vez que debemos ir en busca de datos de un tiempo pasado buscamos en hemerotecas, en archivos, el testimonio que nos permite una presunción o que nos sostenga una interpretación.

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Pensemos en algunas ‘verdades’ emitidas hacia el gran público por este pequeño grupo (los mamertos). La primera: la historia es un desperdicio y debe ir a la basura. Yo prefiero adoptar una cita sobre el valor del pasado escrita por la francesa Margarite Yourcenar: “Cuando se habla del amor por el pasado se debe tener cuidado, ya que se trata del amor por la vida. La vida está más en el pasado que en el presente. El presente es siempre un momento corto, aunque su plenitud lo haga parecer eterno. Cuando se ama la vida, se ama el pasado porque es el presente tal como ha sobrevivido en la memoria humana”.

Y la de Julio Estrada Icaza, quien escribió: “Por mucho que lleguemos a saber lo que hoy somos, jamás podremos predecir lo que seremos si no conocemos lo que hemos sido. Que no hay extrapolación válida sin un firme asidero en el pasado, en hechos irrefutables, sin un derrotero dado por el actuar colectivo observado que autoriza el fijar la ruta del porvenir. Y es la historia real, no la ficticia, la que nos da el punto de partida y la pauta”.

Usted dirá si Yourcenar y Estrada pueden ser medidos intelectualmente con los periodistas que desacreditan la historia, pero yo les doy crédito suficiente para aceptarlos sin discusión. Hay otra tesis idiota: “El fútbol ecuatoriano nació en 1957, cuando empezó a jugarse el campeonato nacional”. Según este disparate lo que existía antes de ese torneo eran unas competencias en parques y los llamados futbolistas debían esquivar árboles para marcar un gol.

No es cierto, entonces, que el fútbol llegó a Guayaquil en 1899; que en 1900 se jugó el primer partido; que en 1908 se realizó el primer campeonato; que en 1920 jugaron Centenario y los tripulantes del buque inglés Weymouth; que en 1921 los marinos del buque Cambrian enfrentaron a Centenario y Norteamérica; que en 1923 se inauguró la disputa del Escudo Cambrian, que duró hasta 1931; que en 1925 llegó el primer extranjero contratado como maestro de fútbol: Mr. Herbert Dainty, británico; que en 1925 Manuel Seminario nos afilió a la FIFA y que en 1927 fue nombrado consejero y fiscal de la máxima entidad del balompié mundial. ¿Cómo logramos esto si no había fútbol en Ecuador?

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¿Qué deporte jugaban Alfonso Suárez Rizzo, Enrique Moscovita Álvarez y Jorge Chompi Henriques, surgidos en los estadios porteños y contratados en Cuba, Chile, Argentina y Colombia? ¿No era el George Capwell un estadio inaugurado en 1945? ¿No fue el Capwell el escenario de la Copa América de 1947? ¿Dónde estaban los árboles en el Capwell, el estadio donde surgió Alberto Spencer en 1954? ¿No nació en 1948 el Clásico del Astillero? ¿Cómo fue posible este histórico suceso si en Guayaquil no había nacido el fútbol?

Espero que los ‘genios’ que negaron todo lo anterior lo aclaren en el nuevo programa que supuestamente van a fundar. Estaré atento para seguir aprendiendo de ellos. (O)

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