España preparó con entusiasmo sin par su Mundial 82. Quince ciudades y dieciocho estadios rellenaron su geografía de fútbol. La pelota se mezcló con el jamón y la paella, con los toros y las maravillosas tradiciones. Todo fue una fiesta… menos su selección. Preparó la mesa y otros degustaron los manjares. La selección española aún no era La Roja del toque, el preciosismo y la contundencia que le imprimió el Barcelona a través de Pep Guardiola, Xavi, Iniesta, Busquets. Aún estaba en vigencia la Furia, aquel estilo rústico y de fuerza que predominó por décadas basado en centro y arremetida. Con el agregado de que el Mundial llegó en medio del apogeo de la Real Sociedad y el Athletic de Bilbao y más de la mitad del equipo provenía del País Vasco, lo que hacía aún más áspero su fútbol. Y el uruguayo Pepe Santamaría era su entrenador. Había más músculo y sudor que ingenio. Pasó la primera fase como ese sujeto que queda atrapado entre las dos puertas del Metro y al final haciendo fuerza y ayudado por otros pasajeros, se mete con el tren andando. Pero en la segunda, con Alemania e Inglaterra en el grupo, ya no pudo.

La decepción cundió en la ibérica península y al año siguiente, durante la eliminatoria para la Eurocopa de 1984, no había ilusión, el ambiente general era sombrío. España compartió zona con Holanda, Irlanda, Islandia y Malta. Llegó al último juego con dos puntos menos que Holanda (aún se daban 2 puntos a la victoria) y con 11 goles menos de diferencia. Se lo daba por eliminado. Solo un milagro generaba puntos suspensivos: si le ganaba a Malta por 11 goles, podía pasar. Y aunque haría de local en Sevilla, eso parecía entrar en el terreno de lo imposible. En el choque de ida, España apenas había vencido 3 a 2. No, ni en sueños cabía eso. Al desencanto del Mundial, le agregaría quedarse sin Eurocopa.

Bomba en el fútbol mundial

Malta era una selección eminentemente amateur, casi todos sus integrantes eran trabajadores. Uno de los pocos profesionales era su arquero John Bonello, el único con experiencia internacional, pues actuaba en la segunda división de Alemania. Al llegar a Sevilla, Bonello declaró: “Si me marcan once goles no vuelvo a mi país”.

Publicidad

Champions: ¿quiénes apuntan al título…?

Un mundialito ultramillonario

España cambió jugadores y técnico con relación al Mundial. El conductor era ahora Miguel Muñoz, exitosísimo con el Madrid de Di Stéfano, de la vieja guardia. Aquel último compromiso tuvo lugar el 21 de diciembre de 1983 (hoy 40 años) en el Benito Villamarín, del Betis, con menos de 30.000 personas en las tribunas. No había confianza, pese a que España solo había perdido un partido, en Rotterdam, ante una Holanda con Ronald Koeman y Ruud Gullit. Fue el partido de los mil centros. España salió como tromba y Malta, uno de los veinte o treinta gurrumines que tiene el fútbol europeo, se refugió como pudo atrás. Si la empresa era difícil, a poco del inicio, Juan Señor, mediocampista del Zaragoza, la complicó más: falló un penal. Pero Santillana, aquel sensacional número 9 del Real Madrid, llamado “El mejor cabeceador de la historia”, hizo honor al mote y con un espectacular testazo puso el 1-0 al minuto 16. Sobrevendría un mal trago: a los 24 ¡empató Malta…! Un tiro no muy peligroso de Degiorgio se desvió en Maceda y se le coló a Paco Buyo: 1 a 1. Ahí sí pareció quedar enterrada toda expectativa. Eso obligaba a España a marcar 11 goles en 66 minutos. Solo en una película de ciencia ficción.

Diario AS de Madrid celebra la sonada victoria de la Selección en su portada.

El 95% elige el fútbol inglés

Sin embargo, Santillana, que apenas medía 1,75, pero era un terror de alto por su increíble impulsión, anotó dos goles más y se fueron al entretiempo 3 a 1. La reanudación fue un vendaval español. Ya a los sesenta segundos de la etapa complementaria, Poli Rincón, extremo del Betis, marcó el 4-1. Y a los 57 min, el mismo Poli anotó el quinto. En poco más de media hora había que marcar otros siete, pero las gradas vibraban y España estaba acribillando a Malta. Devino una seguidilla de tres tantos en tres minutos: dos del zaguero Antonio Maceda, del Sporting de Gijón, y un cuarto de Poli Rincón en notable jugada personal tras gambetear a dos rivales. El tiempo se consumía, pero ya iban ocho... “Y atención, porque lo imposible se va acercando”, dice el relator de Radio y Televisión Española en el video.

Medio siglo de periodismo

Los muchachos de Malta parecen destruidos anímicamente. El arquero Bonello abre los brazos tras cada gol que recibe como justificándose: “¿Qué querés que haga?, se vienen en manada…” Los zagueros se golpean las manos arengando a los demás: “Vamos, vamos…” Pero nadie va. Mueven desde el medio y otra vez España los acorrala. No logran salir de su área. A los 76 min, un zurdazo de Santillana y noveno gol, su cuarto personal. A los 78 min, dos acciones clave, el juez expulsa a DiGiorgio, Malta se queda con uno menos, y Poli Rincón hace el décimo gol. ¡Diez a uno y seguía quedando eliminado el seleccionado local…! Quedaban 12 minutos para lograr la hazaña. Manu Sarabia, el centrodelantero del Athletic de Bilbao, puso el número 11 y ya el estadio era un delirio colectivo. Malta estaba definitivamente quebrado desde lo mental, no podía ni rechazar ni alejar el balón de su área. Y a los 84 min, Juan Señor, el mismo que había errado el penal en el comienzo del partido, estableció el inolvidable gol que transportó a España a la Eurocopa de Francia 84.

Publicidad

Al narrador de RTVE le falla la voz en el grito de gol producto de la emoción, el técnico Miguel Muñoz ingresa atropelladamente al campo y es levantado en andas. Pero faltan 6 minutos todavía, hay que jugar, el partido sigue. Muñoz es reporteado al borde de la raya de cal con el juego andando y dice, casi al borde del infarto: “Es la emoción más grande de mi vida”. ¡El hombre que había ganado nueve ligas y dos copas de Europa con el Real Madrid…! Las tribunas parecen explotar. Ahora España y Holanda igualan en puntos (13) y en diferencia de gol (+ 16), pero se impone La Roja por mejor gol a favor (24 a 22). Y conquista el boleto a Francia.

Bonello había dicho que no volvería a su país si le hacían once. Pero le marcaron doce y volvió. Y en 2006 regresó a España, contratado para un anuncio de cervezas en el que le calificaban de “El amigo perfecto” y hasta bromeó con el asunto, algo que no cayó nada bien en Malta. Hubo una denuncia de que los jugadores visitantes habían sido drogados y que por eso actuaron obnubilados. El seleccionador de los vencidos, Victor Scerri, lo contó para el programa Fiebre Maldini de Movistar+: “Entró un señor bajito vestido de blanco y nos ofreció una bandeja de limones, cortados. Fue lo único que nos ofrecieron. Los jugadores los chuparon y después se sintieron mal. Le pregunté al médico: ‘¿Puede que les hayan drogado?’. Porque los jugadores perdieron la cabeza. Espero que España no hubiera hecho eso”.

Publicidad

Siempre, los goleados, apelan a sembrar dudas. España apeló al corazón de sus jugadores, que regaron el césped de sudor y sangre. José Antonio Camacho, capitán madridista y de aquella España heroica, desmintió por completo las sospechas: “Si hubiese habido tongo hubiéramos hecho siete goles en el primer tiempo”. Y dejó una frase que ilustra aquel 12 a 1: “España ha ganado títulos importantes, pero el 12-1 es el partido que más recuerda todo el mundo”. (O)