La nostalgia invade a Ricardo Vasconcellos Rosado (79 años) y Luigi Pescarolo Orellana (77) cuando vuelven a usar la escalera principal del edificio de EL UNIVERSO en las calles Escobedo (1204) y 9 de Octubre, centro de Guayaquil, donde El Mayor Diario Nacional funcionó entre 1932 y 1993. Era por donde debían transitar regularmente en el vaivén de la redacción y la cobertura in situ de los hechos noticiosos, coincidiendo ambos en las páginas deportivas cuando el periódico conmemoró medio siglo de vida, en 1971. Desde aquello, cinco décadas pasaron ya, pero fijos en la memoria han quedado los ratos ‘serios’ de trabajo y también los ‘inagotables’ momentos de buen humor.

Ricardo Vasconcellos Rosado, en los exteriores del edificio de EL UNIVERSO de Escobedo y 9 de Octubre. Foto: José Beltrán

Soy el periodista más antiguo ligado a EL UNIVERSO, me inicié en 1964”, destaca Vasconcellos –actualmente escribe la columna dominical deportiva ‘Reloj de arena’– al empezar a contar su larga relación con el Diario. “Se aproximaba un torneo sudamericano de natación y yo era el secretario del comité organizador. Tenía 22 años. EL UNIVERSO buscaba a alguien que pudiera hacer un pronóstico de la participación en ese certamen. Con Jaime Rodríguez Peñafiel (jefe de Deportes) éramos amigos de barrio; grande y queridísimo él. Le dijo a don Francisco (Pérez Febres-Cordero, entonces directivo del Diario) que tenía a la persona indicada y me fue a buscar. El 14 de julio de 1964 empezaron a salir mis artículos. EL UNIVERSO me pidió que acompañara a Alberto Sánchez Varas, quien cubría el Sudamericano (en Lima). Terminé haciendo las crónicas de cada reunión y alguien del Diario las iba a ver a la Piscina Olímpica para que salieran publicadas al día siguiente. Después me llamaron a trabajar de planta”.

La estima especial con la que Vasconcellos, recibido de abogado en 1971, recuerda a Piña Rodríguez (1937-2011) también le lleva a mencionar los nombres de sus excompañeros de la redacción deportiva: “Estábamos con Víctor Caballito Cevallos Mata, gran personaje y héroe deportivo; Ricardo Chacón García, brillante periodista de columnas muy leídas; Luigi Pescarolo, Alberto Sánchez Varas, Walter Espinel, Mario Valdez y Leonardo Montoya. Fue una época brillante. Teníamos ocho páginas en formato sábana (ocho columnas)”.

‘Cambios radicales’

Vasconcellos, quien recuerda que solamente no estuvo ligado al Diario entre 1973 y 1975, lapso en que le nombraron editor de Deportes de La Razón, cree que los principales cambios en los últimos 50 años se han dado a partir de las “maravillas” de la tecnología. Que “el trabajo dejó de ser extenuante” en su producción y logística, considera.

Publicidad

Luigi Pescarolo Orellana (izq.) y Ricardo Vasconcellos Rosado. Detrás, la escalera por donde debían transitar regularmente en el vaivén de la redacción y la cobertura de los hechos noticiosos. Foto: José Beltrán

“Nosotros trabajábamos con las viejas máquinas de escribir Underwood. La Redacción era una ‘correteadera’, un escándalo, con 30 o 40 máquinas sonando al mismo tiempo y teléfonos que daban la impresión de que estábamos cerca de un buque cada vez que sonaban (por el estrépito). Y hablar de coberturas internacionales es hablar de la arqueología del periodismo: andar con una máquina de escribir portátil, bastante papel y fundas amarillas. Lo primero que teníamos que hacer al llegar a la ciudad era ir al aeropuerto y averiguar qué vuelos salían a Guayaquil y a qué horas. Cuando ocurría el hecho periodístico, uno tenía que escribir la crónica y salir corriendo con sobres, relacionándose con periodistas locales para que nos facilitaran fotos, al aeropuerto para que en los mostradores nos hicieran el favor de pasarlos al mostrador de Guayaquil, donde alguien del Diario los retiraría. Después vinieron la radiofoto, el fax… Hoy las cosas son radicalmente diferentes. Con el internet todo es más sencillo”.

A la memoria de Vasconcellos vienen los principales sucesos deportivos de hace cinco décadas: el campeonato nacional de 1971 de Barcelona, La Hazaña de la Plata y su celebración en las calles, la medalla panamericana de Jorge Delgado Panchana en Cali, la Copa Marlboro en que Pancho Segura Cano jugó su último torneo...

Corona de carrete de fotos

Luigi Pescarolo colaboró con el Diario “prácticamente una década”, recuerda. “En 1969 se publicó un artículo mío que tenía visos de carácter deportivo, pero realmente buscaba centrarse en que no existía el deporte en las universidades ecuatorianas. Ese mismo año ingresé a la redacción deportiva, uniéndome a magníficos periodistas. Yo había seguido la carrera de abogado, pero ya había pensado que iba a ser muy difícil que me dedicara a esa profesión”.

Luigi Pescarolo Orellana, en Escobedo 1204 y 9 de Octubre. Foto: José Beltrán

En sus recuerdos permanecen algunas jornadas “de madrugada”, encomienda casual que asumía “porque se sentía el periodismo”, así como los compañeros de la época. “Era un periodismo de muy buena calidad. Había mucha seriedad. Nos tomábamos a pecho el trabajo para sacarlo adelante, para publicar notas y más notas”.

Sonríe al recordar una anécdota: “En 1972, Barcelona y América de Quito jugaban por Ecuador en Copa Libertadores. Fuimos a Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), de donde era Oriente Petrolero. El material del partido debía estar lo más pronto posible en Guayaquil. Con un colega boliviano transamos en $ 20 el rollo fotográfico y lo envié a Guayaquil. Lo recibieron, pero el rollo se había ido de lado completamente (se perdió el material). Jaime Rodríguez, que tenía bastante sentido del humor, me ‘condecoró’ con el carrete a modo de corona. Más allá de aquello, aquel hombre al que le di los $ 20 me buscó en Guayaquil luego y me los devolvió diciéndome que a él también se le habían dañado los rollos, que hubo problema con la máquina. Le respondí que no se preocupara. Tomé el dinero y lo entregué en el periódico. Fue un momento de risa. En la Redacción se reía bastante. Éramos serios, pero había sentido del humor”.

Entre la satisfacción del deber cumplido y el recuerdo por los momentos de alegría, ambos periodistas coinciden sobre todo en algo: “A EL UNIVERSO se lo llega a querer; sus páginas ejercen un rectorado en la sociedad. Es un medio que forma parte de la vida de la gente”.

Dice Vasconcellos: “Cumplir cien años es un acontecimiento maravilloso, mucho más para un medio de comunicación que se ha mantenido difundiendo información y opinión, criticando sucesos criticables, aplaudiendo hechos felices… Hay quien dice ‘si no leo EL UNIVERSO, no puedo estar tranquilo’. Muchos preferimos la edición impresa, porque tener el periódico en la mano es un acontecimiento muy feliz. Felicito a toda la familia Pérez”.

“Me parece magnífico que estemos cumpliendo 100 años”, se sincera Pescarolo. “Todo lo que representa la cultura de la información y el conocimiento está allí, impregnado”. (D)