Hay una frase de Thomas Hobbes en su obra Leviatán que dice: “El hombre es el lobo del hombre”, tratando de manifestar que dentro del ser humano late una especie de animalidad que busca la destrucción de sus congéneres. Los licántropos u hombres lobos son conocidos en leyendas medievales y su mito se origina en la antigüedad, especialmente en Grecia y Roma.

Los griegos consideran a Lycaòn como el primer hombre lobo; se transforma en ese ser por un castigo impuesto por Zeus a sus maldades, de ahí proviene el nombre de licántropo. En la literatura también ha tenido presencia: en la obra de Bram Stoker, Drácula, se lo menciona cuando el siniestro conde se convierte en este tipo de animal para huir de sus enemigos.

En el cine, este ser fue una de las creaciones tardías de los estudios Universal, después de haber producido cintas de terror que tenían a Drácula y a Frankenstein como protagonistas.

Buscando actores que le dieran vida a este nuevo monstruo, el estudio decidió darle el papel a Lon Chaney Jr., hijo del astro del terror de la época del cine mudo. El guion fue escrito por el alemán Curt Siodmak, quien, dándole un giro completo, utilizó partes del folklore antiguo, elementos sicológicos y partes autobiográficas para crear El lobo humano (The Wolf Man) en 1941, dirigida por George Waggner.

Actor Lon Chaney Jr.

Este ser monstruoso es el que menos ha sido representado en el cine, por lo que de esta cinta se recogen aspectos que serán base de las futuras producciones. Un elemento de ello es la presencia de Chaney, que da vida a Larry Talbot, hijo de un aristócrata, víctima de la maldición al ser mordido por un hombre lobo. Chaney sería absorbido por el personaje, por lo que llegaría a interpretarlo cinco veces.

Otro de los elementos que convierten la cinta en un clásico es la reflexión sobre la condición humana que logra realizar Siodmak, al hacer que Talbot, un sencillo hombre, se convierta en una bestia. El propio guionista diría que el personaje era una metáfora sobre su condición de judío errante y también sobre algunos alemanes de la época, hombres comunes que abrazarían el nazismo y se convertirían en asesinos. En una entrevista sobre el origen del filme, Siodmak diría que la marca que Talbot posee y que lo convierte en un ser maldito es una reflexión a la estrella de David que los nazis pusieron a los judíos y que era el símbolo de su futura destrucción.

Pero el verdadero puntal de esta joya es el jefe de maquillaje, Jack Pierce. Él es el responsable de haber logrado un maquillaje realista, que confiere al rostro de Chaney un aire de horrenda animalidad. El trabajo de Pierce se plasmaba en sesiones de seis horas para elaborarlo y tres para retirarlo, y consistía en una cataplasma especial recubierta con goma y pelo chamuscado con unas tenacillas. Los pies y manos eran guantes de caucho recubiertos de pelo, verdadera obra maestra en una época en que no existían efectos especiales computarizados.

En 2010, una versión más moderna del hombre licántropo llegó al cine protagonizada por Benicio del Toro, Anthony Hopkins y Emily Blunt.

Hoy, 80 años después, el mito sigue vivo, porque al final un buen monstruo nunca muere.