Guayaquil vivió un hito sin precedentes en el mundo de la danza este jueves 28 de agosto, cuando el Malecón 2000 se transformó en un gran escenario al aire libre para recibir la barra de ballet más grande del Ecuador, bajo el sol y la frescura de la ciudad.
El evento, que congregó a 100 bailarines en el Muelle de la Armada Nacional (ubicado en el Yacht Club Naval), marcó un momento histórico para la ciudad y el país al unir arte, espacio público y comunidad.
La actividad fue organizada con el respaldo de la Fundación Malecón 2000, el apoyo de la Armada Nacional y la dirección de Yesenea Mendoza, una de las figuras más influyentes de la danza clásica en Ecuador.
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La reconocida maestra lideró esta clase magistral como parte del cierre oficial del Mes de las Artes, reafirmando la vocación del Malecón 2000 como un espacio vivo, inclusivo y de puertas abiertas al arte y la cultura.
Durante cerca de 40 minutos, los bailarines, vestidos con el clásico atuendo de leotardo negro, falda negra y medias rosadas, ejecutaron una clase basada en la metodología Vaganova, adaptada a un entorno al aire libre.
Mendoza destacó el desafío técnico y emocional de sacar el ballet de los salones tradicionales para llevarlo a un escenario tan simbólico como el Malecón. “Respiramos arte cuando cumplimos un sueño que está encaminado justamente para regalar más arte y gratuitamente a toda una comunidad”, expresó visiblemente conmovida.
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En sus declaraciones, la maestra resaltó que esta no fue una clase cualquiera: “Hicimos una barra atípica, no dentro de un salón de cuatro paredes con espejos, sino sobre un muelle, con piso firme y al aire libre. Fue un reto y a nivel de sensaciones, creo que todos hemos sido transformados”.
De acuerdo con ella, esta barra forma parte del programa Soy Bailarín Guayaquileño, que desde hace tres años ofrece clases todos los sábados de 17:00 a 19:00 en la explanada de la Rotonda.
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El gerente general de la Fundación Malecón 2000, Víctor Manuel Mieles Cabal, calificó la jornada como un “evento icónico para Guayaquil y para el Ecuador”. Subrayó que esta iniciativa demuestra cómo el arte puede transformar el espacio público y conectar con la comunidad. “Esta unificación de esfuerzos permitió cerrar de manera grandiosa el Mes de las Artes”, afirmó.
Yesenia Alfaro Mendoza, una de las bailarinas presentes, compartió la experiencia desde dentro: “Fue muy cansado, hubo mucho sacrificio y ensayos largos. Pero valió la pena. Fue enriquecedor ver que nuestro trabajo se reconoce y que el arte se está haciendo ver en Guayaquil”.
El objetivo a futuro es que esta barra de ballet se convierta en una tradición en la ciudad y un símbolo nacional de cómo el arte puede tomar el espacio urbano para inspirar a nuevas generaciones. Y es que la imagen de decenas de bailarines danzando frente al río Guayas no solo cerró un ciclo artístico, sino que abrió las puertas a nuevas formas de vivir y sentir el arte en comunidad. (E)