“Persistimos en esta obra de teatro que tiene que ver con las tradiciones muy particulares nuestras de los guayaquileños, donde el rito funerario, a pesar de las salas de velaciones, aún conserva algunos elementos de la cultura popular. Es una obra que retoma estos rituales fortaleciendo el rito social. Tratamos de recuperar cómo funciona una sociedad y las dinámicas que se generan alrededor de uno de los eventos más importantes cuando se trata de despedir a alguien y todos los pasos simbólicos que determinan en él una festividad”. Son palabras de Luis Enrique Mueckay Arcos, más conocido en el mundo teatrero como Lucho Mueckay, a propósito de Crónica de luto cerrado (bueno, no tan cerrado) que, en una nueva versión, retoma la historia llevada a las tablas en 1993, cinco años después de haber fundado el Centro Cultural Sarao en Guayaquil.

Como actor, coreógrafo, director escénico, humorista y promotor cultural -además de ser considerado el precursor de la danza contemporánea y del Teatro del movimiento en Guayaquil- Mueckay se ha mantenido hasta ahora como un observador constante de los cambios sociales que le han servido para crear historias y personajes icónicos que han quedado en la memoria.

No es el teatro como muchos creen, un espectáculo de pura diversión y pasatiempo. Cuando está bien elaborado, se convierte en un verdadero modelo de la buena educación, capaz de inspirar a la gente. Ese ha sido el camino de Mueckay.

Cuando se estrenó Crónica de luto cerrado hace 28 años fue tanto el éxito que tuvo una temporada inicial de 16 funciones, algo inusual en aquella época. Luego tuvo una segunda temporada en el Centro Cultural Sarao, ubicado en la cdla. Kennedy Vieja. Después se presentó en función de gala en el Teatro Sucre de Quito dentro de las Jornadas de Danza Mary Wigman. En 2018, Mueckay seguía insistiendo y la reestrenó en el Estudio Paulsen, que la incluyó en su programación estelar. Para 2019 se presentó en la sala Muégano Teatro, coincidiendo con el Día Mundial de la Danza. Y finalmente tuvo su presentación en el II Festival Internacional Portoviejo Vive Teatro, organizado por la Casa de la Cultura de Manabí.

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De ese tiempo acá las cosas han cambiado y bastante, y Lucho no se ha quedado quieto. “La obra sigue tratando esa línea casi imperceptible entre las tradiciones populares que se hacían antes en las casas, pero ahora en una sala de velaciones. Los personajes son los mismos, es decir, esos estereotipos que responden a diferentes clases y grupos sociales. Ahora tenemos la suerte de trabajar con Prema Delpi, que además de mago, le está dando otras connotaciones a los momentos más mágicos a la obra”, cuenta Mueckay.

Lucho Mueckay, director artístico del Centro Cultural Sarao.

El otro nuevo integrante también es el actor guayaquileño Andrés Barzola. No es la primera vez que trabaja con Lucho, ya que con Sarao ha realizado giras en España y Francia. “Él hace el papel del latin lover guayaco”.

De 1993 a 2021 Crónica de luto cerrado se ha ido adaptando para mostrar ciertos cambios sociales. “De hecho, las costumbres han cambiado desde ese año, no solo en estos rituales sino también en las características de los personajes. Por ejemplo, el chico joven rockero y punkero que estaba en 1993 es ahora el ñengocito (protagonizado por Adrián De la Cruz). Porque ahora hay una nueva tipología de ciertos jóvenes de la calle; la chica modelo de televisión ahora es una influencer y que hace el uso de la tecnología que en ese año, por ejemplo, no existían los celulares. No había esa manera de comunicarnos masivamente. Otro elemento importante es el factor de la muerte. Las maneras de morir también -aunque suene frívolo- han cambiado. Son aquellas circunstancias en donde, por ejemplo, la delincuencia en las calles hace que de repente la gente muera sin que le toque. Tenemos el caso del niño que por ir a comprar un helado junto con su papá encontró la muerte. Es muy triste porque connota una ciudad cuya violencia está mucho más próxima a la muerte que a la vida”, explica Mueckay.

Homenaje a Andrés Vivar

Tampoco se puede olvidar el COVID. “En 1993 no habíamos pasado por la trágica experiencia de una pandemia. Entonces ahora hay que poner esos elementos porque si no estaríamos dejando de contextualizar las diferentes causas de la muerte. Y tenemos que hacerlo así porque nuestra intención primaria (en la obra) es burlarnos de la muerte, pero para poder celebrar la vida”, comenta Lucho, quien logra, en esta nueva revisión, incorporar la pandemia a través de una forma muy significativa como es el uso de la mascarilla.

“La sociedad ha logrado integrar este elemento y en Crónica de luto cerrado, los personajes no solo lucen sus trajes en la pasarela cuando van al velorio, sino que también van narrando algunos tipos de muertes que son más masivas, como son los terremotos, las balas cruzadas en las calles. No estamos hablando de la pandemia, pero sí recordamos que una de las situaciones más trágicas es esta epidemia, que si bien es cierto recién estamos saliendo, no dejó de causarnos mucho dolor, tristeza y asombro cuando tuvimos que despedir a familiares y amigos”.

Lucho Mueckay hace un paréntesis para recordar a Andrés Vivar, quien fue uno de los integrantes que hacía el papel de El Funerario. “Justamente él falleció en plena pandemia y no pudimos ni siquiera despedirlo. Lo que quiero también es hacer un homenaje a este compañero tan importante para Sarao”.

El elenco lo completan Denniss Boza, Daniel Ernesto Correa, Fanny Herrera y Hanoi Mueckay. Y, al igual que la obra original, esta tragicomedia de largo formato fusiona danza, música y teatro físico. “Son cuadros variopintos donde el espacio teatral se ha modificado especialmente para que el público, desde el inicio hasta el final, viva toda una experiencia escénica donde la muerte y sus aristas nos llaman a celebrar la vida”, destaca Lucho.

Funciones: 28, 29, 30, 31 de octubre y 1 de noviembre. A las 20:30, en la Sala La Bota del malecón del Salado. Entrada: $ 15 ( jueves 28 de octubre 2x1), de venta en la boletería de La Bota y reservando al 099-112-7290.