En menos de diez minutos, José perdió casi $ 700 en un asalto. Hace unos dos meses, aproximadamente, fue interceptado por dos sujetos a bordo de una motocicleta cuando salía de la avenida 8A de la ciudadela Guayaquil, en el norte de la ciudad.

Durante el robo se le llevaron un teléfono celular nuevo valorado en más de $ 500 y $ 150 en efectivo que había recibido como pago del trabajo.

Eran las 19:00 cuando el joven de 27 años caminaba hacia la parada de bus ubicada a pocos metros del Skate Park municipal, en la avenida Francisco de Orellana. Allí, su hermana lo iba a recoger para llevarlo a casa.

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“Había tráfico, muchísimos carros como suele haber en la subida al puente que lleva al mall. Eran dos personas que se subieron al parterre y con un cuchillo me amenazaron que les dé todo”, relató el joven, quien camina por ese sector todos los días para ir a su trabajo en una empresa privada.

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Él contó que esta no es la primera vez que sucede un hecho de este tipo. Hace un mes en el mismo sector, durante un atasco en hora pico (18:30-19:00), también sujetos a bordo de motocicletas robaron a dos vehículos que estaban en la fila para subir el paso elevado que conecta al centro comercial y la avenida de las Américas.

“No iban a poder defenderse o hacer algo, los carros están corchados por el tráfico, ahí ellos aprovechan”, dijo el joven. A una compañera de trabajo también la habían asaltado semanas atrás a la hora del almuerzo.

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De hecho, este problema se ha denunciado a través de redes sociales, en donde se menciona que a diario se registran robos en ese punto de la Francisco de Orellana, sobre todo, cuando hay congestionamiento vehicular.

Los usuarios solicitan un mayor patrullaje para evitar que se den los robos.

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“Ese es el diario vivir”, expresó el guardia de una de las empresas ubicadas en la avenida 8A y Primer callejón de la misma ciudadela.

En ese sector, que aseguró se suele confundir con la ciudadela Kennedy, hay edificios en los que se ofrecen servicios de spa, tiendas de muebles y tubos de escape, sedes inmobiliarias, restaurantes y parrilladas.

La ciudadela Guayaquil agrupa al menos 30 manzanas en las que existen edificios de hasta tres plantas, villas y bodegas.

Las vías que colindan con el barrio son la avenida Carlos Plaza Dañín, de las Américas y Francisco de Orellana.

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“Somos un barrio que está al lado de la Kennedy y se lo suele confundir, pero somos otra ciudadela, con otras necesidades”, comentó el guardia.

Según el propietario de una tienda en el barrio, a pesar de tener una Unidad de Policía Comunitaria (UPC) cerca, la inseguridad no da tregua en el sector. En los últimos seis meses, añadió, llegaron los vacunadores al sector.

“Somos como el hermano olvidado de la Kennedy, un sector oscuro e inseguro a pesar de que haya negocios y sea considerado residencial”, mencionó el trabajador de una tienda de repuestos.

Uno de los principales problemas que tiene la ciudadela es que se vuelve solitaria luego de las horas “pico” que se registran en tres momentos del día, dijo una residente.

Las personas sin hogar y los drogadictos generan temor a quienes caminan por la ciudadela. Foto: El Universo

Uno de los factores que motivan a que se den los robos es la oscuridad que hay entre sus callejones.

Por ejemplo, entre las 07:30 y 09:00 se registra cierto movimiento por los trabajadores que llegan a las empresas del sector o aquellas que cruzan hacia la Kennedy o la zona del Mall del Sol.

Luego, el sector muere hasta las 12:00 y 13:00 que los mismos empleados salen a almorzar.

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En la tarde, nuevamente, hay cierto movimiento a partir de las 16:00.

“Las personas que vivimos aquí preferimos salir de las casas cuando hay un poco más de movimiento, luego de las 17:00 o 18:00 hay que poner todo bajo llave porque no se escucha ni un alma”, apuntó una moradora que vive hace más de 30 años a pocos metros del parque Antonio Neumane.

En ese parque y en el Primer y Segundo Callejón, la presencia de drogadictos y mendigos genera incertidumbre a quienes caminan por la zona. En esas zonas también la basura está dispersa.

Los moradores indicaron que son los mismos recicladores quienes desordenan las fundas y cartones y los dejan esparcidos por el bordillo.

El dueño de un restaurante en ese sector dijo que uno de los grandes problemas de la ciudadela es que al ser una zona que alberga a negocios, existe poco empoderamiento ciudadano.

“Con la inseguridad que hay, cada uno vela por su bienestar, pero sí se pide que se hagan más rondas policiales, que se sienta que los negocios y los trabajadores pueden caminar seguros y no viendo hacia los lados a cada rato pensando que le van a robar”, comentó el comerciante. (I)