Vera Paúl. Cédula de identidad: N.N. Edad: 38 años; diagnóstico: síndrome de abstinencia. Fecha de ingreso: 06/07/2021. Estos datos, que constan en un cartel ubicado al pie de la cama 5 del hospital Bicentenario, administrado por el Municipio de Guayaquil, son los únicos que se conocían hasta la mañana del 30 de agosto de 2021 sobre un hombre de mirada brillosa, flaco y ojeroso que estaba sentado en aquella cama.

Vera Paúl estaba escrito en una pared externa del Cementerio Patrimonial de Guayaquil. Allí, en el espacio que dejan dos pilares que dan a la acera, sobrevivía el hombre sobre unos cartones, con unas ropas negruzcas desgarradas. La doctora Julieta Sagñay, jefa del programa Un Futuro sin Drogas del Municipio, lo rescató y lo llevó al área de tratamiento de adicciones del Bicentenario.

Paúl podía ser Paúl, por el nombre pintado en la pared; es sordomudo y sufría algún tipo de adicción. No tenía ningún documento. No entendía en lenguaje de señas y en un inicio era muy difícil comunicarse con él, relata la sicóloga Maité Idrovo, encargada de atenderlo en el Bicentenario. Se le hizo una serie de exámenes al hombre y en uno de ellos se le detectó una enfermedad grave. Si bien había sido rescatado, examinado y atendido, para los profesionales que lo cuidaban empezaba un viacrucis por conseguir medicamentos y un sitio de acogida.

La traba principal fue la burocracia, cita la doctora Sagñay. Para apoyar a Paúl con medicamentos y buscar algún albergue, los ministerios de Inclusión Social y de Salud pidieron que se le saque el carné de discapacidad, pero Paúl no tenía cédula. “En el Registro Civil nos pidieron identificación para buscar la identificación. Ya esto se pasa de lo absurdo”, cita Sagñay.

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Ella encargó el cuidado y el trámite a la sicóloga Idrovo. Luego de semanas de averiguaciones hallaron una pista de identificación. El paciente sería Aníbal Paúl Vera Cedeño y según personas que lo vieron en la calle, hace tiempo, en una fiesta habría sido abordado por dos mujeres que lo habrían dado escopolamina en exceso. Desde entonces moraba afuera del cementerio.

En esa búsqueda de identidad apareció una posible fecha de su última cedulación, en 1974. En el Registro Civil municipal le tomaron las huellas para comparar con aquellas que constaban de Vera Cedeño, pero solo coincidieron dos y no tres que, como mínimo, exige la ley. Es decir, no le correspondería esa identidad. Así, aquel 30 de agosto, Paúl movía la cabeza ante un gesto de la sicóloga Idrovo. Su destino, su salud, su vida seguían a la deriva.

Casos como el de Paúl hay por decenas, por cientos en Guayaquil o en otras ciudades del país. Duermen en algunos portales, bajo pasos a desnivel, en solares vacíos. Durante el día vagan por calles y aceras y a algunos, los dueños de negocios les arrojan agua para ahuyentarlos.

“Casos como Paúl hay muchos, los pacientes con trastornos mentales, por ejemplo. A ellos no se les puede mezclarlos con las otras personas. Necesitamos albergues dirigidos para este tipo de pacientes”, dice la directora del programa Un Futuro sin Drogas.

De ellos deberían hacerse cargo el Ministerio de Inclusión Económica y Social (MIES) y el de Salud. También sus familiares. Sagñay señala que llama la atención la cantidad de personas con problemas mentales que deambulan como indigentes y cuyos familiares no quieren hacerse responsables de ellos.

Los funcionarios han descubierto ancianos con cuadros de demencia. “A la mayoría de ellos los familiares se les han agarrado el bono (que entrega el Gobierno) y lo utilizan para sí. Se han apoderado de sus bienes, aprovechándose de su cuadro demencial”, señala la profesional.

Destaca que no hay una ley que proteja a estas personas vulnerables. “Tenemos leyes que multan si abandonas a un animal, pero no hay una ley que responsabilice al familiar de esta negligencia”, dice contundente la doctora Sagñay.

Añade que el MIES responde que no tiene capacidad resolutiva y el Ministerio de Salud pide que se presente un familiar responsable. Sobre el caso, el MIES indicó a este Diario que la dotación de medicamentos le corresponde al Ministerio de Salud. “De darse alguna petición, el MIES realiza las acciones necesarias para la restitución de derechos a través de un equipo técnico, mediante derivación de casos a las instituciones especializadas para una atención integral”, señala la entidad.

La insistencia en las gestiones por parte de la sicóloga Idrovo y todo el equipo de la Unidad de Adicciones logró que a Paúl se lo atienda en el Instituto de Infectología y que se le den loe medicamentos. Ya el 9 de agosto, él está en el albergue de una fundación. Pero las leyes, la burocracia, el olvido estatal y de los familiares sigue vigente y se expresa en todos aquellos indigentes que usted ve a diario en las calles. (I)