Un libro bello. Así puede catalogarse el nuevo poemario de la escritora Maritza Cino Alvear, voz capital de la literatura guayaquileña. Un tono mostaza sirve de fondo a pequeñas ramas verdes, florecidas, que configuran la portada y que son la puerta de entrada a El temblor de los huertos, título tan sugestivo como evocador de la naturaleza, que invita a recorrer los versos recientes de la autora ecuatoriana, hondos, diáfanos, como toda su anterior producción, o quizá más, puesto que acaso la maestría consista en suscitar con el lenguaje una forma nueva y sin artificios de expresar aquello que se quiere nombrar. Y eso que nombra es la vida. El tiempo. Las ausencias y presencias. Los espacios. Los efectos.

El poemario, publicado en Argentina por Ediciones del Camino, trae un prólogo de la poeta bonaerense María Malusardi, quien afirma que “cada poema de El temblor de los huertos es una celebración intimista y muda no precisamente de la vida, sino de lo que la poesía puede hacer con ella”. La obra está dividida en cinco partes: Tramas, Interiores, Exteriores, Puentes y Umbrales. Son el itinerario que Maritza Cino plantea al lector, quien en cada tramo, verso a verso descubre al yo lírico.

En este libro se poetiza la existencia cotidiana, el pasado familiar, los recuerdos de infancia, los juegos, las incertidumbres, el amor. Hay aromas, flores, huertos, mascotas, objetos, lugares. “La planta baja donde ahora vivo está muy distante/ de la antigua casa y de la escalera de caracol donde/ bajé al mundo y mi abuelo dejó su vida”, dice en uno de los poemas de Interiores.

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Es como si nos adentráramos en el universo íntimo de ese yo poético y lo acompañáramos, desde el hoy, en las evocaciones. En las mudanzas. En las sensaciones. Hay una memoria, una voz minuciosa que da cuenta de pasado y presente y que transforma pequeños o grandes momentos –y también los objetos y espacios que nombra– en poesía pura. En poesía que germina del día a día: “nuestro huerto ha empezado a echar raíces/ ramitas de perejil y albahaca/ tú abonas semillas híbridas/ las gatas circulan en puntillas/ yo sospecho que la vida es solo eso”, refiere en uno de los poemas de Exteriores. Hay, asimismo, luz. Plenitud. “La casa ya no está vacía/ tu aura ahuyenta/ la oscuridad/ tu ropa aparece en desorden/ por la habitación/ que ahora es/ la zona de acogida del amor/ de puertas que se abren con la firmeza/ de la brisa fugitiva”.

Maritza Cino es autora de casi una decena de libros. Llegó al mundo de las publicaciones con Algo parecido al juego, en 1983. En 1987 dio a conocer A cinco minutos de la bruma. Luego vinieron Invenciones del retorno, de 1992; Entre el juego y la bruma, de 1997; Infiel a la sombra, de 2000, y Cuerpos guardados, de 2008. En el 2013, la Casa de la Cultura del Guayas le publicó Poesía reunida, una antología de su producción poética. Y en 2016, la editorial Cadáver Exquisito le editó el libro de cuentos Días frívolos. Ahora nos entrega El temblor de los huertos, obra que por su forma y fondo, complace a la vista, al oído; a los sentidos, en suma.

El poemario se constituye, a la par, en una especie de inventario selecto de toda su producción: “no hay precepto que me lleve a ti/ no hay forma/ de seguir un orden/ la intuición es una trampa/ algo parecido al juego/ inventar un retorno/ calculando el tiempo que dura la bruma/ atrapada en el temblor de los huertos/ para ser infiel a la sombra/ desertando de todo porque no es posible/ guardar los cuerpos en estos días frívolos”.

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