Entre las funciones de los huesos se encuentran la estabilización del cuerpo y la protección a los órganos internos. Están constituidos principalmente por tejido óseo, aunque también poseen agua; además, la médula ósea roja contenida en estos es responsable de las células sanguíneas.

Existen diferentes tipos de huesos, y —así como el resto de los órganos— son propensos a sufrir enfermedades, por genética, edad, alimentación, entre otras causas.

Entre las enfermedades más comunes que pueden padecer los huesos se encuentra la osteoporosis, que consiste en una pérdida de masa ósea (medida como densidad ósea) que provoca que los huesos se debiliten y se rompan fácilmente.

Desde los 35 años la mayoría de las personas comienza a perder lentamente más masa ósea de la que se puede remplazar y, por ello, los huesos se vuelven más delgados y más débiles en estructura. Mientras que en las mujeres este proceso se acelera durante la menopausia, en los hombres la pérdida ósea generalmente es más problemática alrededor de los 70 años.

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Los síntomas comunes de la osteoporosis son dolor de espalda, provocado por una vértebra fracturada o aplastada; pérdida de estatura con el tiempo; postura encorvada o huesos que se rompen mucho más fácilmente de lo esperado.

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Osteomielitis en cambio es un infección de los huesos que puede llegar hasta allí mediante el torrente sanguíneo o al extenderse desde el tejido cercano. En todo caso, las infecciones también pueden comenzar en el propio hueso si una lesión —como una fractura abierta, por ejemplo— lo expone gérmenes.

Las personas que padecen diabetes, insuficiencia renal o enfermedades crónicas, así como los fumadores, tienen un mayor riesgo de desarrollar osteomielitis, cuyos síntomas incluyen fiebre, dolor en la zona de la infección, fatiga o inflamación, calor y enrojecimiento en la zona de la infección.

Este padecimiento puede ser tratado. En la mayoría de los casos el paciente deberá someterse a cirugía para extirpar las zonas del hueso afectadas. Tras cirugía generalmente se administrarán antibióticos.

También se encuentra la osteoartritis, una enfermedad degenerativa que más bien afecta principalmente al cartílago, tejido resbaladizo que cubre los extremos de los huesos en una articulación. Causa dolor e hinchazón en las articulaciones correspondientes a la mano, cadera o rodilla.

Los estudios médicos indican que las lesiones en las articulaciones, el exceso de peso y, por ende, la obesidad, y el uso repetitivo de las articulaciones —por ejemplo, en algunos deportes u ocupaciones laborales— son factores de riesgo para este padecimiento.

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La osteomalacia consiste en el reblandecimiento de los huesos, una afección que se presenta por lo general debido a la falta de vitamina D, sustancia que ayuda al cuerpo a absorber el calcio, mineral esencial para mantener la fuerza y dureza de los huesos.

Si bien la deficiencia de vitamina D es la principal causa, otras afecciones —como cáncer, insuficiencia renal o la enfermedad hepática— también pueden causar osteomalacia, que se caracteriza por fracturas óseas que suceden sin una lesión real, debilidad muscular o dolor óseo diseminado, especialmente en las caderas.

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La enfermedad de Paget, también conocida como osteitis deformante, consiste en una alteración del tamaño del hueso y la deformación secundaria que se produce. Su incidencia aumenta con la enfermedad, siendo así que rara vez aparece antes de los 40 años.

El origen de esta enfermedad se ha asociado con los virus del sarampión y de la rubeola, así como a factores genéticos. No obstante, se desconoce con exactitud la causa de este padecimiento, que generalmente al principio no presenta síntomas. Aunque puede afectarse cualquier hueso, generalmente los más afectados suelen ser la columna, el cráneo y la pelvis.

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La osteogénesis imperfecta, o enfermedad de los huesos de cristal, hace que los huesos se fracturen con extrema facilidad. Ocurre debido a un defecto en un gen que hace que transmita instrucciones incorrectas para la producción del colágeno. Cualquiera puede nacer con esta afección, aunque quienes tienen familiares con esta enfermedad tienen una mayor probabilidad.

Además de las fracturas, otros síntomas que se pueden presentar son malformación o arqueamiento de los huesos largos, moretones en la piel, articulaciones laxas, columna vertebral curva, dientes quebradizos, deformes o descoloridos, malformación de las articulaciones de la cadera, entre otros.

Esta afección es incurable, aunque el paciente es sometido a tratamientos como terapia física u ocupacional, medicamentos, cirugía y ayudas de movilidad para desplazarse con seguridad.

Entre otras enfermedades de los huesos se encuentran la acromegalia o los tumores óseos. (I)

Fuentes: Mayo Clinic | NIH | Inforeuma