Pese a que los riesgos han sido siempre la piedra de toque tradicional para no respaldar la gestación después de los 35 años, para el ginecobstetra Eduardo Bauer, director médico del Hospital de Especialidades Alfredo Paulson de la Junta de Beneficencia, la alerta ha disminuido debido a las conductas de prevención.

Bauer explica que en este tipo de gestantes debe ponerse en práctica la inversión de la pirámide de vigilancia obstétrica, ya que usualmente la frecuencia de la consulta prenatal se incrementa en los últimos meses de embarazo (semanas 32 a 40), sin embargo, en estas pacientes la mayor vigilancia debe ser entre las semanas 10 y 22, en que es posible pesquisar signos de anormalidades cromosómicas, como ausencia del hueso nasal y el pliegue nucal; o patologías que pueden tener tratamiento quirúrgico intraútero o al nacimiento.

“La información transparente debe ser el proceso natural de comunicación entre el médico y la paciente. Los temores al sangrado gestacional y al parto son los inconvenientes más frecuentes, pero deben ser eliminados con la inducción de hábitos adecuados”, detalla el experto.

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En tanto, para la ginecobstetra Glenda Ayala Véliz, médico tratante de Servicio de embarazo de alto riesgo, aunque la medicina perinatal ha avanzado mucho, no merma el riesgo de tener un producto con síndrome de Down o trisomía 21. “Lo hemos minimizado, ya que estadísticamente a la edad de 40 años de cada 200 embarazos, una tendrá un niño o niña con una cromosomopatía”, afirma Ayala.

Actualmente, a través de estudios ecográficos y otros no invasivos, ya es posible conocer con probabilidad muy alta a las 12 semanas de gestación si la criatura viene con una alteración cromosómica.

Antes del proceso de gestación

Para ambos expertos, la consulta preconcepcional tres meses antes del embarazo para conocer el estado general de la futura madre es vital, estos comprenden una serie de estudios para descartar enfermedades metabólicas, conocer antecedentes obstétricos y familiares, exámenes genéticos, factores externos donde se desarrollará el embarazo, entre otros. “Cada uno de ellos (resultados) deberá determinar e indicar en qué momento ya nuestra paciente está apta para un embarazo y se actualizará cada tres meses durante el embarazo”, sostiene Ayala.

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También deben ser pesquisadas y corregidas las deficiencias minerales maternas, para evitar defectos congénitos en el feto, recomienda Bauer. “El embarazo es un estado normal de la mujer, por lo que deben continuar los ejercicios físicos y las actividades laborales y profesionales, manteniendo orientación en los límites que deben ser observados”, puntualiza el experto.

Lo importante es trabajar con un equipo multidisciplinario para poder llegar a un feliz término ese embarazo, o buscar las mejores condiciones para que ese producto nazca y brindarle una buena calidad de vida.

Ginecobstetra Glenda Ayala Véliz, médico tratante de Servicio de embarazo de alto riesgo