La vitamina D, conocida también como calciferol, es liposoluble e imprescindible para la absorción de calcio y fósforo, lo que permite correcta formación de los huesos y de los dientes, reseña CuídatePlus.

Por su parte, la vitamina D3, es usada para tratar y prevenir trastornos óseos, como el raquitismo, la osteomalacia y la osteoporosis. Esta vitamina es usada con otros medicamentos para tratar los niveles bajos de calcio o fosfato causados por cientos de trastornos, como el hipoparatiroidismo, entre otros.

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Los suplementos de vitamina D3 pueden convertirse en una opción segura y cómoda para cubrir las necesidades de cada persona, especialmente en aquellas que corren el riesgo de padecer de insuficiencia o deficiencia de vitamina D.

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Foto: Freepik.

¿Cuáles son los beneficios de la vitamina D3?

  • Optimiza la salud ósea: es fundamental para la absorción y utilización del calcio y el fósforo, importantes para mantener los huesos sanos y fuertes, reseña el Laboratorio Farma.
  • Mejora la función inmunitaria: actúa como modulador del sistema inmunológico, permite la activación de las defensas del cuerpo contra las infecciones y enfermedades. La vitamina D3 promueve la producción de péptidos antimicrobianos en los glóbulos blancos y las células epiteliales.

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  • Permite controlar problemas metabólicos: tener niveles óptimos de vitamina D3 permite que el organismo regule mejor la insulina y el metabolismo de la glucosa, reduciendo el riesgo de progresión a diabetes.
  • Regula el estado de ánimo: aporta a la producción de neurotransmisores como la serotonina, que está vinculada al bienestar y la felicidad. Tener los niveles adecuados de vitamina D3 puede servir para prevenir trastornos en el estado de ánimo, como la depresión y la ansiedad.

¿Cuáles son los síntomas de la deficiencia de vitamina D3?

  • Constante fatiga y debilidad general.
  • Dolor muscular y debilidad inexplicables.
  • Dolor óseo en la parte baja de la espalda y las piernas.
  • Fragilidad ósea.
  • Problemas anímicos, como la depresión, la ansiedad e irritabilidad.
  • Caída de cabello.
  • Infecciones frecuentes por un sistema inmune débil.
  • Malestar y dolor en las articulaciones.
  • Dificultades para concentrarse, olvidos y confusión.

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