Lo que somos como sociedad hoy en día es el reflejo y herencia de nuestro pasado. “Nuestros hábitos, nuestras costumbres y nuestro día a día están marcados por los diferentes momentos que han dado lugar a la construcción tangible e intangible de la ciudad en que realizamos nuestras actividades, del país en que vivimos”, indica Álex Narváez R., magíster arquitecto en Gestión Territorial de la Universidad Internacional SEK Ecuador (UISEK Ecuador), entidad que en agosto celebró el I Seminario Internacional sobre Patrimonio Arquitectónico (UISEK).

Narváez y Pablo Millán, arquitecto y Ph. D. de la Universidad de Sevilla (España), responden como participantes de ese evento y expertos en el tema.

Pregunta: ¿Qué es el patrimonio?

Álex Narváez R.: Cuando nos referimos a patrimonio debemos entender que se refiere a dos dimensiones que este tiene: i) los intangibles: costumbres, hábitos, manifestaciones artísticas y culturales y; ii) tangibles: la ciudad construida, sus calles, plazas, parques y su arquitectura. Por lo tanto, es fundamental para el funcionamiento correcto de la vida en un territorio determinado, que el patrimonio entendido en ese sentido sea reconocido, mantenido y promocionado.

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Pregunta: ¿Qué papel o nivel de importancia debería tener el patrimonio en la identidad de los habitantes de una ciudad?

Pablo Millán: El patrimonio debería tener un papel nuclear, central. El patrimonio es la herencia que configura un pueblo. Somos responsables de la herencia que recibimos y por tanto transmisores de los valores que han configurado nuestra identidad. Eso es de vital importancia. La identidad es lo que nos vincula a un lugar, nos da raíces, nos arraiga. Un pueblo cuida su identidad tanto en cuanto cuida su patrimonio. En la actualidad observamos cómo las ciudades cada vez se van haciendo más genéricas, estandarizadas, sin alma. Igualmente ocurre cuando se interviene en patrimonio con el único fin de mercantilizarlo, supone el error de venderlo, ponerle un precio. El patrimonio debe conservarse por su propia naturaleza, por ser la herencia que recibimos de nuestros padres y que tenemos que legar a nuestros hijos. Me atrevería a decir que un pueblo que no reconoce su patrimonio es un pueblo que ha perdido su identidad, su alma.

Edificio Cóndor, en la avenida 9 de Octubre y Chile, es otro ejemplo de arquitectura moderna. Tiene 67 años de historia y fue declarado en el 2011 Patrimonio Cultural del Ecuador, junto a otros inmuebles situados en el área central de Guayaquil. Foto: Víctor Álvarez / Archivo.

Pregunta: ¿Cómo ha evolucionado la identidad arquitectónica de Guayaquil?

Álex Narváez R.: La identidad es la sobreposición de diferentes capas históricas, de momentos diversos que marcaron las dinámicas de la ciudad y que configuraron sus espacios arquitectónicos y públicos. En ese sentido, Guayaquil es una ciudad producto de un par eventos drásticos como los incendios de octubre de 1896 y aquel posterior de julio de 1902, en los cuales se perdieron alrededor de 200 viviendas (casi 90 manzanas afectadas) y, también, de procesos migratorios internos y externos, que determinaron un antes y un después. Hoy por hoy, Guayaquil tiene, seguramente, el legado más grande de arquitectura moderna del país, situación que debe ser reconocida, valorada y estudiada, con el fin de generar una consciencia ciudadana de esta arquitectura.

Pregunta: ¿Cuáles son sus elementos más distintivos?

Álex Narváez R.: Si reconocemos la herencia arquitectónica moderna como legado tangible de la ciudad, se puede reconocer una serie de virtudes y características de ese momento. Nos debemos remontar al primer cuarto de siglo, del siglo pasado (s. XX), como marco temporal en el que la ciudad fue el escenario de acogida de nuevos ciudadanos venidos de Europa principalmente. Con ellos llegaron nuevas costumbres y formas de vivir. En cuanto a la arquitectura, esta se caracterizaba por nuevos parámetros configuradores espaciales que exigían nuevas formas de materializarlas, por lo que se introdujeron técnicas constructivas diferentes. El aparecimiento del hormigón armado, las superficies lisas, las transparencias y las organizaciones funcionales, son algunos de esos distintivos propios de la arquitectura moderna.

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El Museo Municipal de Guayaquil, diseñado por Guillermo Cubillo en 1952, es un ejemplo de arquitectura moderna.

Pregunta: ¿Cuáles son los aspectos del patrimonio en Guayaquil más menospreciados por los ciudadanos?

Álex Narváez R.: Me parece que el tema no pasa tanto por un menosprecio a la arquitectura patrimonial existente, tanto y cuanto por una visión romántica de una arquitectura que ya no existe. Esa arquitectura propia del periodo del “Gran Cacao” con sus villas que se caracterizaban por sus pórticos, venecianas, grandes faldones, construidos en madera. Si analizamos la arquitectura moderna, también tienen muchas de esas características, pero solucionadas con otras técnicas constructivas, por lo que se configura una imagen arquitectónica y urbana diferente. Por eso, insisto en que Guayaquil tiene un legado importante que debe ser reconocido a todo nivel; es decir, por la academia, por profesionales expertos, por autoridades locales y nacionales y por su ciudadanía en general.

Dejar atrás los referentes externos, que tanto mal han hecho, es importante en la recuperación patrimonial. Solo basta poner como ejemplo la inclusión de vegetación introducida en espacio público a desmedro de la conservación y mantenimiento de la vegetación endógena, que se ha dado en los últimos años en la ciudad. Es una situación que ha atentado contra el paisaje urbano de Guayaquil.

Pregunta: Con base en las conclusiones del reciente seminario de la UISEK, ¿cómo pueden los guayaquileños y ecuatorianos en general mejorar su percepción y apreciación del patrimonio urbano?

Álex Narváez R.: Lo fundamental es reconocer que el patrimonio existe y está ahí, viviendo el día a día con cada guayaquileño y visitante. Esa postura permitirá construir una proxémica propia que consolidará esa identidad actual y remarcará sus cualidades locales en un contexto global. Es decir, ofrecer al país y al mundo una experiencia única de obligatorio conocimiento. Abrir espacios de reflexiones, conversaciones y aportes, para consolidar políticas públicas, programas y proyectos sobre patrimonio edificado arquitectónico y espacio público, es tarea de la academia, municipio y colegios profesionales, para que exista una verdadera democratización del uso patrimonial de la ciudad, por y para todos y cada uno de sus ciudadanos.

Pablo Millán: En primer lugar, reconociéndolo. Hay muchos valores del patrimonio urbano que, por el hecho de verlos a diario, no son reconocidos como excepcionales y configuradores de una identidad. En segundo lugar, diría que se mejora la percepción del patrimonio urbano estudiándolo. Se necesitan investigadores del patrimonio, máster en patrimonio, estudios específicos centrados en el patrimonio guayaquileño y ecuatoriano. De esos estudios se derivarán, con total seguridad, argumentos técnicos que animarán a las administraciones públicas a legislar en la protección patrimonial. Por ello, en tercer lugar, es de vital importancia buscar mecanismos de transmisión, como este seminario desarrollado por la UISEK, que permitan unir a técnicos e investigadores en el contexto de una universidad para debatir, buscar y desarrollar iniciativas que unan y evidencien a la sociedad los valores y potenciales que tienen. Estamos convencidos de que el reconocimiento social del patrimonio vendrá en paralelo de una correcta concienciación social. Las conclusiones de seminarios como el que hemos desarrollado esperamos sean el lugar del que se nutran las políticas públicas para trabajar por la conservación material, antropológica y social de nuestro patrimonio. (I)