Durante 12 días, en 2019, Ecuador vivió una jornada de protestas debido a las medidas económicas anunciadas por el entonces presidente Lenín Moreno. Desde el 2 hasta el 13 de octubre en varias vías del país se observaron barricadas, mientras que Quito fue el punto álgido de las manifestaciones.

Un grupo de investigadores analizó los efectos ambientales de las protestas y así determinar si hubo una afectación positiva en la calidad del aire o no comparando 12 días antes (25 de septiembre al 1 de octubre), los días de huelga y 12 días después (14 al 25 de octubre). El estudio El efecto de la protesta nacional en Ecuador sobre la contaminación por PM lo recibió la revista Nature el pasado 7 de junio y finalmente fue publicado el 2 de septiembre pasado.

En el documento, los investigadores señalan que el material particulado (PM) es responsable de millones de muertes prematuras y justamente la concentración de este fue motivo de investigación para lo cual se utilizaron datos terrestres y satelitales; además presentaron un análisis químico de muestras de planta de un parque que albergó la huelga.

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Rasa Zalakeviciute, ingeniera ambiental y docente investigadora de la Universidad de las Américas (UDLA), explicó que el material particulado puede ser de polvo o de hollín que tienen diferentes tamaños. Ellos evaluaron las partículas PM 2.5 (2,5 micrómetros en su diámetro) que pueden entrar a los pulmones.

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A través de la red de monitoreo de la calidad del aire de la Secretaría de Ambiente del Municipio de Quito observaron cómo estaba la concentración de estos elementos en siete sitios.

Sitios de monitoreo de PM en Quito antes, durante y después de las protestas del 2019. Foto: El Universo

Dentro del documento se menciona que hubo una reducción general del 10,75% a 17,74% de material particulado durante las protestas, comparados con niveles de días previos. La concentración inicial en el distrito de Pichincha se había contabilizado en 8,04 µg/m3, durante la huelga se estableció en 6,99 µg/m3 y 7,8 µg/m3 para en los 12 días posteriores del evento.

“En general, los cambios regionales derivados de la reducción de las actividades urbanas son claramente visibles cerca de Quito. Esto se espera, ya que una de las mayores fuentes de contaminación en Quito (y Ecuador) es un combustible de mala calidad utilizado por flotas motorizadas de tecnología más antigua. Por lo tanto, nuestros hallazgos apuntan a un impacto regional positivo de las protestas con parálisis de la circulación de vehículos motorizados en la calidad del aire ambiental en Ecuador, y muy probablemente en otros países de América del Sur”, se explica en el estudio.

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En el sector Carapungo hubo un aumento de estas concentraciones durante el tiempo de la huelga, en contraste con el sector Belisario que registró un aumento en los días posteriores. Además se mencionó que el clima se volvió más lluvioso y húmedo tras las jornadas de manifestaciones por lo que pudo influir en el aumento de uso de vehículos y a su vez de partículas antropogénicas.

“En el tiempo que hubo la protesta se puede ver que los niveles de PM 2.5 que son esas partículas inhalables que entran hasta nuestro pulmón bajan muchísimos en muchas zonas, la única que no baja es al norte que era más cerca de las barricadas de las vías y se podían ver las torres de humo. Si estamos con mucha actividad de protesta, los niveles, aún cuando no se tengan carros, pueden superar los límites saludables”, explicó Zalakeviciute.

Impacto en la salud de los manifestantes

Los investigadores analizaron también las plantas y arbustos del parque El Ejido, específicamente las hojas de Melaleuca armillaris de diversos sectores para así determinar los elementos que allí se encontraban.

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Cerca de la avenida 6 de Diciembre y en la 10 de Agosto se observaron los niveles más altos de metales, allí había signos visibles de quemaduras en las hojas recolectadas así como cubiertas de hollín. Los elementos encontrados fueron monóxido de carbono, cromo, zinc, aluminio, hierro, plomo, magnesio y bario. Cerca de la intersección entre la avenida 6 de Diciembre y Patria también se encontró una mayor concentración de cobre aunque no había signos de quemaduras de hojas.

La explicación que se da fue que en este último punto se encontraba al frente una barricada que tuvo una intensa quema de materiales, principalmente neumáticos, además que el potasio también podía evidenciar que los manifestantes estaban quemando madera para así reducir el ardor del gas lacrimógeno.

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“Estos metales pesados de la producción de la llanta se levantan con el humo y entran en nuestro cuerpo como partículas y con el tiempo puede causar diferentes problemas. En un principio puede causar vómitos, náuseas, dolor de cabeza por inhalación de alta concentración, pero si tenemos más acumulación con el tiempo se puede ir produciendo problemas de salud como cáncer, falla de órganos, etcétera”, precisa la investigadora.

Si bien los autores reconocen que la protesta también es un fenómeno social de diferentes motivaciones, se debe tomar recaudos para que esta no se vuelva en un peligro para la salud de los participantes.

“Por lo menos en esas actividades de quema, la gente podría disminuir la inhalación de esas partículas utilizando la mascarilla”, añade Zalakeviciute.

Del estudio participaron investigadores de la UDLA, Universidad de Cuenca, Universidad Tecnológica Indoamérica, Universidad de Dalarna y de la Secretaría de Medio Ambiente del Municipio de Quito. (I)