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Lorenzo Parco saca adelante a su familia, en Quito, con la venta de algodón de azúcar y granizados desde hace 28 años

Los dulces tradicionales estuvieron de exposición en el centro histórico de Quito, que celebra sus 488 años de fundación.

QUITO.- Dulces tradicionales estuvieron de exposición en el Museo de la Ciudad, por los 488 años de fundación de la capital. Foto: Andrés Salazar

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Lorenzo Parco atiende con una sonrisa a cada cliente. Nació en Riobamba, pero desde hace 28 años vende algodón de azúcar en la capital. A su lado, una mujer ofrece granizado (prensado de hielo con colorante), es su esposa. Los dos coches han servido para mantener a su familia.

Mientras se desocupa de girar los palos de madera que forman la base de los algodones de azúcar, comenta que los dos puestos le han servido para educar a sus tres hijos y mantener a la familia.

“Pero ya son mayores de edad, ya se casaron y se fueron, aunque sí nos acompañan”, expresa Lorenzo.

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Cuando llegó a Quito trabajó en la construcción y con eso ahorró dinero para comprarse un coche de algodón de azúcar; después, con los ahorros, compró el puesto de granizados.

Junto con su esposa tienen un puesto que les brindó el Municipio de Quito, en la Marín, centro de la capital. Este fin de semana fueron parte de la feria de dulces y tradiciones que se llevó a cabo en el Museo de la Ciudad, en el antiguo Hospital San Juan de Dios.

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En la feria también estuvo Anita Carrasco, quien vendía el tradicional rosero quiteño, ella es parte de la tercera generación que prepara esta bebida. Es un refresco preparado con mote y fruta, tiene más de 20 ingredientes a base de aguas frescas y hierbas picadas. Anita también ofrecía las bonitísimas, unas tortillas de tiesto con queso y papa.

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QUITO.- Dulces tradicionales estuvieron de exposición en el Museo de la Ciudad, por los 488 años de fundación de la capital. Foto: Andrés Salazar

“El rosero quiteño se tomaba en la época de la colonia, las familias adineradas preparaban esta bebida en las fiestas religiosas, en bautizos, matrimonios, entre otras celebraciones. Una familia Rosero fue la creadora de esta bebida”, señaló.

Además, indicó que en aquel tiempo, la contraparte, la bebida de clase baja era el “champús”, a base de harina de maíz cocinada y mote entero.

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La feria contó con presentaciones artísticas, dulces tradicionales como quesadillas, turrones, tamales, pristiños, buñuelos, entre otras delicias que se exhibieron en este lugar. La mayoría cuenta con locales en el mismo centro histórico, aunque por redes sociales también se pueden encontrar los emprendimientos que ofertan este patrimonio histórico de la gastronomía. (I)

Redacción
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