La existencia de los pulgueros no es algo nuevo en Ecuador, pero sí empieza a aparecer como tendencia en el país la venta de ropa de segundo uso con una modalidad distinta que ofrece ganancias al que la oferta, al promotor, al consumidor y adicionalmente al planeta afectado por la industria de la moda rápida que según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) es responsable del 20 % del desperdicio total de agua a nivel mundial y es la segunda causa de contaminación global.

Karen Rojas, socia fundadora de la app Niftymark junto con Apricot León, explica que los negocios de moda sustentable o circular son comunes en el exterior, pero como concepto, y particularmente en una aplicación, es nuevo en el país y requiere aún de impulso.

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Su proyecto se inició en 2019 y a finales de 2020 vio la luz la plataforma Niftymark. En ella se puede encontrar prendas de segundo uso y también nuevas con o sin etiqueta. No recibe productos a consignación, aclara Karen, quien explica que el vendedor comparte su clóset y el interesado selecciona, coloca en un carrito y paga. Están habilitados para todas las formas de pago. “El dinero no se libera inmediatamente al vendedor, coordinamos con nuestro correo aliado para que retire las prendas de las manos del vendedor y se traslada a la dirección del comprador que desde ese momento tiene 48 horas para confirmar si lo que recibió es lo publicado, calificar en la plataforma de manera pública al vendedor y automáticamente se liberan los fondos al propietario original de la ropa menos la comisión de la aplicación”.

En la página web de NiftyMark se anota que tienen una comisión de servicio del 22 % sobre el monto de lo que se publica y por cada venta efectiva. Para Karen es una forma de empezar a generar ingresos a quien tiene un clóset con ropa sin uso y se beneficia a las personas adquieren una prenda porque el costo es hasta 70 % menor al que encontrará en un almacén de artículos nuevos.

A la ganancia que se obtiene como plataforma se suma el beneficio para el ambiente, considerando que a menos demanda menos fabricación y contaminación. De acuerdo con la publicación de la investigación Puntadas tóxicas, de Greenpeace, cada año se producen 80.000 millones de prendas de vestir y cada habitante del planeta consume al menos once de ellas.

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En la Conferencia de la ONU sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), el año 2019 antes del inicio de la pandemia del COVID-19, se difundió datos de la industria textil según lo cual el rubro del vestido utiliza cada año 93.000 millones de metros cúbicos de agua, con lo que podrían vivir cinco millones de personas.

Cada año se tiran al mar medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a 3 millones de barriles de petróleo, anota entre otros efectos.

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La industria de la moda es responsable del 20 % del desperdicio total de agua a nivel mundial, agrega la ONU. Isabella Pazmiño, una joven dedicada al negocio de la moda circular, afirma que con este tipo de comercio ganan todos.

Isabella es la propietaria de @babybin_ec, una tienda de segundo uso, en Instagram, que básicamente recibe a consignación prendas y artículos para bebés, niños y maternidad. La idea surgió en plena pandemia, cuando revisando su clóset observó ropa que no volvería a vestir y buscó sitios para comercializarla, aunque halló varios le despertó el bichito de crear su propio emprendimiento para obtener ingresos.

Una vez creado @babybin_ec Isabella empezó a investigar y se descubrió inmersa en la moda circular, pues cuando estudiaba en Estados Unidos compraba ropa y carteras de segundo uso por conveniencia económica más que por conocer de la moda circular en la que se centra hoy su emprendimiento. Obtenía un artículo a menos de la mitad de precio que uno nuevo y prácticamente en las mismas condiciones.

En la investigación “me encontré con esta impresionante realidad de que la moda rápida es realmente muy dañina para el medio ambiente, desde cuando tiñen la ropa, los trabajadores mal pagados, hasta la manera en que llegan los productos a la tienda... En algún lugar leí ‘si quieres saber cuál es el color de la próxima temporada, mira los colores de los ríos de la China’... Todavía no me considero ambientalista, soy una miniambientalista, estoy tratando, estoy en camino a reducir mi huella de carbono”, dice y reconoce que hay hábitos por cambiar en la sociedad, entre los que menciona no usar fundas plásticas y normalizar la compra de ropa de segundo uso.

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Antes yo le decía a mi mami quiero dejar una huella en este mundo, ahora no quiero dejar una huella, no quiero dejar una huella de carbono, ese es mi modo ahora, recalca.

Coincide con Karen Rojas en el sentido de que aún queda un camino de lucha contra el estigma de la compra de ropa de segunda mano. La mujeres mileniales y centeniales, que han salido del país y retornado, son las que más han aceptado a este modelo de negocio y lo valoran por economía y cuidado del planeta.

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Ambas hablan de la necesidad de normalizar la compra de ropa usada como se lo hace en Estados Unidos o Australia, donde son comunes los almacenes de este tipo.

En Ecuador, estas iniciativas empiezan a tener reconocimientos que las impulsan a crecer. Karen Rojas menciona con alegría la mención que recibieron de los Premios Latinoamérica Verde y el 15 de diciembre de 2021 recibieron el capital semilla de 13.500 dólares que ganaron en la convocatoria Fonquito 3000, parte de lo cual aspiran invertir en marketing para hacer más conocida la aplicación.

Con las tiendas de moda circular ganan todos, insiste Isabella. En su caso una madre que entrega una prenda, coche de bebé u otro artículo firma un contrato en que ella se compromete a retornarle el 60 % del costo en que se comercializará, quien la compra obtiene un producto bien cuidado a buen precio, son tres personas con un beneficio económico. Y el planeta con algo más de aire frente a una industria altamente contaminante.

Para Isabella la economía circular es una necesidad “tenemos que aprender a reusar nuestro recursos, a reusar lo que ya tenemos en lugar de producir, producir y producir sin pensar en que esto no va a tener un impacto, ahora hacen las cosas para que terminen en la basura, en vez de hacer algo que se pueda volver a usar o arreglar para usarlo”.

Justamente Cecilia Torres, de la ONG Mares del Ecuador, comenta que también existen diseñadores que cambian la imagen de una prenda usada y la convierten en una pieza única, más allá de que según Karen Rojas esto encarece el producto, pero en el caso de su plataforma se lo ha hecho con algunos artistas en ocasiones muy puntuales.

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Cecilia considera el tema de la moda rápida tan serio como la contaminación por plástico desechable, sin contar que su lavado genera microfibras que van a parar al río, en el caso de Guayaquil, por más que sea tratada el agua.

De lo que se trata es de educar para que la ciudadanía no compre ropa de moda rápida que son las prendas que tienen un costo bajo, pero se dañan rápido, entonces lo que busca la moda rápida es que usted compre, compre y no deje de comprar... En Guayaquil existen muchas tiendas de segunda mano donde se puede encontrar ropa que para otras personas ya es vieja o pasó de moda y lo que estás haciendo ahí es un poco la moda circular, inclusive ya hay estas diseñadoras que utilizan telas recicladas”.

Añade que no se trata de no comprar ropa sino de investigar de dónde viene. No solo es el tema de desechos sino problemas sociales “generalmente cuando usted ve que una etiqueta dice hecha en Bangladesh o Pakistán eso quiere decir que esa prenda fue hecha donde hay personas que ganan muy poco dinero, en situaciones laborales deplorables, entonces es todo, un poco buscar la circularidad de la ropa porque a veces nos olvidamos que la moda también genera desechos. Por ejemplo cuando compramos jean no nos damos cuenta de la cantidad de agua que se utiliza cuando se hace”, enfatiza.

Para confeccionar unos jeans se requiere aproximadamente 7.500 litros de agua, que es la cantidad de líquido que en promedio bebe una persona en siete años, según la ONU.

Además de la existencia de las tiendas de segundo uso una ventaja en Ecuador para no observar en los botaderos montañas de ropa usada o que no se ha vendido, como ocurre en otros países, es que sus habitantes mantienen la cultura de regalar ropa o heredar las prendas que usó el hermano mayor al menor o entre primos y hasta amigas. ¿Qué hace usted con la ropa que ya no utiliza? aquí tiene varias opciones para monetizarla o reusar sin causar más contaminación.