Bajo el cielo azul del Caribe, familiares de las víctimas de los ataques del 11 de septiembre de 2001 se reunieron el sábado para una ceremonia en la base naval estadounidense de la Bahía de Guantánamo, Cuba, conscientes de que el autor intelectual de los atentados estaba en una celda a pocos kilómetros de distancia.

“En esta instalación naval, más que en cualquier otro sitio del mundo, recordamos esto todos los días”, dijo el comandante de la base, el capitán Samuel White, en un servicio religioso con motivo del vigésimo aniversario de los ataques.

Aún sin juicio

En Guantánamo, Jalid Sheij Mohamed y otras cuatro personas están siendo procesados por los ataques del 11 de septiembre en audiencias que han durado nueve años y que aún se encuentran en la fase previa al juicio, poniendo a prueba la paciencia de miles de personas que perdieron a sus seres queridos ese día.

Este boceto de la sala del tribunal en Guantánamo el 7 de septiembre de 2021 muestra a miembros de los medios de comunicación (abajo izq) y familiares de las víctimas (abajo der) observando como acusado al autor intelectual del 11 de septiembre de 2001, Khalid Sheikh Mohammed (C), junto con los co-defensores Mustafa al-Hawsawi, Ali Abdul Aziz Ali, Ramzi bin al-Shibh y Walid bin Attash comparecen para una audiencia previa al juicio. (Foto WILLIAM J. HENNESSY / AFP) Foto: -- WILLIAM J. HENNESSY

En la capilla, Elizabeth Berry, cuyo hermano bombero Billy Burke murió en el World Trade Center el 11 de septiembre, habló de todos los fallecidos aquel día, especialmente de los bomberos que evacuaron las torres gemelas después de que los secuestradores de Al Qaeda chocaran contra ellas con aviones en el marco de la operación diseñada por Mohamed.

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Fopografía de archivo cedida del 1 de marzo del 2003 del miembro de Al-Qaeda, Khalid Sheikh Mohammed, poco después de ser capturado en Rawalpindi, Pakistán. EFE Foto: EFE

“Hubo muchos héroes ese día”, le dijo a la audiencia. “En uno de los peores días de nuestra historia, vimos lo mejor de la humanidad”.

Camiones de bomberos custodiaban la entrada a la capilla ubicada en la cima de una colina para honrar a los 343 soldados del fuego de Nueva York que murieron ese día.

En el interior, una mesa exhibía uniformes de algunos de los bomberos muertos y piezas recogidas de las torres derruidas.

Al igual que Berry, familiares de Sean Canavan, un carpintero que también falleció en las torres, viajaron a Guantánamo para asistir a las audiencias y se quedaron para los actos conmemorativos del aniversario.

“Debido a estos ataques, nunca conocí a Sean, quien habría sido mi padrino”, dijo Liam Canavan, sobrino del fallecido y nacido después de los ataques.

“Lo único que trae paz a mi familia es saber que los hombres responsables de tanto dolor están encerrados aquí en la Bahía de Guantánamo y nunca volverán a causar dolor”, dijo. (I)