La familia Estrella Lidioma fue a agradecer el retorno de Jhoao a la Virgen de El Quinche. Lo hizo horas después de su arribo a Quito. Él y seis personas más salieron en un vuelo humanitario del Gobierno mexicano. A la 01:15 del domingo 6 de marzo del 2022, llegó al aeropuerto Mariscal Sucre de la capital de la República.

Su travesía duró nueve días, desde Vinnytsia (Ucrania) hasta Quito (Ecuador).

Luego del agradecimiento religioso, saboreó su plato típico favorito: un encebollado.

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De 19 años, Jhoao Estrella Lidioma estuvo en Ucrania durante cinco meses. Iba a estudiar management (administración) en Finanzas y Comercio Exterior. Antes de que estallara la guerra, aprendió el idioma.

Su aspiración es que acabe la guerra porque —agregó— no hay ni ganadores ni vencedores: todos pierden.

Salió de esa ciudad ucraniana junto con un compañero el 25 de febrero del 2022, pues —adujo— no hubo ayuda de la Universidad Nacional Técnica de Vinnytsia, en la que estaba dado que no les quisieron entregar los documentos denominados Posvidka, que les permitían estar como legales, según contó.

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Hubo un simulacro en la residencia universitaria en la que vivía; luego de tres alarmas, debían ingresar a un búnker, pero ambos chicos decidieron abandonar el edificio e intentar dejar esa nación por su propia cuenta.

Lograron movilizarse en un taxi hacia la frontera con Moldavia y Rumanía. Diez kilómetros antes, el tráfico —al igual que la fila para dejar el país— era interminable.

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Sin los documentos —retenidos por la universidad— y con la visa estudiantil caducada, que supuestamente era para un año pero duró tres meses, el trayecto se hizo aún más complicado.

Les ofrecieron desde Cancillería una solución que no aceptaron, por la dificultad para tomarla, que era movilizarse hacia Kiev o Moscú.

En la frontera tuvieron que pagar una multa de $ 175 por tener la visa caducada para poder cruzarla. Ya en Moldavia, los ayudaron con un chip ilimitado, hubo alimentación y transporte sin costo. Fueron a Chisináu, la capital de Moldavia, pero buscaron llegar a la frontera con Rumanía por la facilidad para movilizarse.

Adquirieron un vuelo para el 27 de febrero con destino a Ecuador, aunque debían hacer tres escalas: Varsovia (Polonia), Barcelona (España) y Bogotá (Colombia), antes de llegar a Quito (Ecuador), pero al no tener visa Schengen les negaron el embarque.

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Por último, la solución dada por Cancillería era ir a Bucarest, capital de Rumanía, desde donde iba a salir un vuelo humanitario del Gobierno de México; el cual, aunque se pospuso, finalmente partió hacia esa nación, donde estuvieron un día para luego volver a pisar suelo ecuatoriano.

Me siento ya tranquilo. Sí, un poco triste, porque quería continuar con mis estudios; pero ya tranquilo, muy feliz, porque me encuentro con mi familia, ya que ellos estaban muy preocupados”, dijo.

Lo corrobora su madre, Miriam. “Volvió a nacer mi hijo”, fueron las palabras llenas de tranquilidad y calma de la mujer, de 46 años.

Ella contó que antes de su retorno hubo días de incertidumbre, pues a pesar de comunicaciones por videollamada, no sabía lo que exactamente sucedía. Tampoco dormían o comían bien.

Antes de irse al extranjero, el muchacho intentó ingresar a la Escuela Superior Militar (Esmil). Fue algo que lo frustró bastante, recordó ella. El chico ingresó al preuniversitario en una universidad, pero se enteró de un programa para viajar al exterior y se embarcó en ese sueño.

Semestralmente pagaban unos $ 1.300; cada mes le enviaban unos $ 300 para gastos personales. Antes del desplazamiento, cancelaron unos $ 5.000, sin tomar en cuenta el costo del pasaje en avión.

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Jhoao se ve a sí mismo más maduro y, sobre todo, dice que aprecia cada momento que hay en la vida, y a seguir adelante.

Madre e hijo aspiran a que el Gobierno o entidades locales los puedan ayudar con un cupo o con una beca para alguna universidad privada a fin de continuar estudiando.

Yo quisiera volver a estudiar en Ucrania. Está difícil”, reflexiona el muchacho, palabras que manifiesta con un ligero suspiro de añoranza. (I)