Al recordar el Día Universal de la Mujer, la voz de la maestra se eleva diáfana, pura, y llega con un saludo fraterno a todas las mujeres que se unen en estrecho abrazo regando pétalos perfumados de sus almas, para buscar la luz vivificante entonando el himno del deber.
En la actualidad es evidente que la mujer ha conquistado todos los campos del saber humano. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, que conmovió intensamente a la humanidad, llenándola de dolor, un grupo de mujeres alemanas emprendió un verdadero movimiento femenino en aras de la paz, protección a los niños y en defensa de la igualdad de derechos para la mujer. Se proclamó el 8 de marzo el Día de la Mujer, como un homenaje a las mujeres norteamericanas que en 1957, en defensa de legítimos derechos, se lanzaron a las calles para hacer llegar su voz de protesta por el mínimo salario que percibían y las agotadoras horas de trabajo.
Hoy que la mujer tiene plena conciencia de los deberes sociales, que afronta cualquier problema por complicado que sea dando su aporte a la patria, civilización y a la moral haciendo vivir plenamente valores éticos, lógicos y morales...
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Hoy que marcha a la vanguardia de sagrados ideales, a la mujer universal, un cálido saludo. A la mujer obrera que, con manos encallecidas y alma blanca, entrega cánticos de paz. A la maestra que hace de su alma un santuario que se hunde con el más bello de los sentimientos que purifican las pasiones humanas y las transforman en eternidad, esa mujer que ama la ansiedad que ocasiona el camino escogido, con el corazón sereno y la frente altiva. A esas mujeres, mis felicitaciones.
La mujer representa la rebeldía noble y altiva de los pueblos y la victoria final del derecho de la justicia contra la injusticia. Mujeres, las aplaudo y felicito. (O)
Esneyder Castro Salvatierra, docente, Jipijapa

















