… La libertad es tan indefinible como el amor o como la verdad. A lo largo de la historia y a lo ancho del orbe se ha tratado profusamente de conceptualizarla, pero ha sido materialmente imposible. La propia esencia insurgente de la palabra no permite que se la atrape en un concepto, no se la puede acorralar en una definición; jamás ha aceptado el cautiverio de la intolerancia, es eterna e inacabada. Ella transita por espacios y tiempos y toma la forma que le dan los pueblos y sus realidades.

Puede transformarse en el más elevado anhelo de un individuo o de millones. Puede ser una causa, puede ser un efecto y hasta una quimera. Por ahora, junto a la vida, es el bien más tutelado por la humanidad, pero curiosamente es también el más vejado por esa misma humanidad cuando decide reducir la sensatez a su nivel más zoológico.

Lo importante es que la libertad permanezca, in saecula saeculorum, abrazada por el amor, por la moral, por la justicia y por Dios, o si no será la osada y grosera excusa de aberraciones, perversiones y opresiones, caos.

Que siempre tengamos libertad (y paz) para bien obrar, para amar, para hermanarnos, pero no contemos con ella jamás para auspiciar odios ni maleficencias ni violencia. (O)

Henry John Carrascal Chiquito, magíster, periodista y abogado, Guayaquil