Primeramente cabe resaltar y magnificar que quienes construyeron este puente, hace más de 60 años, se deduce que era gente muy honrada, profesional, honesta y seria, en poner los mejores materiales resistentes y estructurales de esa época. Deben haber sido autoridades enemigas de la coima, el lleve o el reparto entre constructora y el equipo político administrativo.

Ese puente pudo haber continuado sirviendo por sus características, siempre y cuando se le hubiera puesto más atención en cuanto a mantenimiento y en especial a señaléticas claras y advertencias de uso de rodaje de ese puente. Por ejemplo, advertir la capacidad de peso total de resistencia del puente para que haya cuidado y riesgos por mal uso de sobrecargarlo más; y más aún si se supiera el año de construcción y por sentido común ver que un río muy correntoso y crecido por el invierno fuerte genera sobrecargas de correntada en sus bases.

​El colapso del puente Gonzalo Icaza Cornejo

En puentes como el que cayó deberían poner garitas con personal de turno para poder controlar el ingreso de los vehículos y que se respete el peso permitido. Algunos dirán que costaría pagar vigilancia, pero cuánto cuesta el puente y todo lo que implica si se cae.

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Que la caída del puente Icaza Cornejo, en el cantón Daule, que por lo excelentemente construido hace décadas ya no resistió los embates de alguna negligencia si es que la hubo por más que quiso seguir sirviendo, quede como enseñanza de que hay que hacer bien las obras y poner las observaciones que se requieran. Estas advertencias podrían fijarse desde las garitas de peaje de ser posible para tomar todas las precauciones, ya que esos carros de muchos ejes y traslado en convoy es muy probable que cruzaron por el peaje de control de salida.

El colapso del puente Icaza Cornejo: la responsabilidad

Confiemos en que las autoridades actuales emulen a quienes hicieron el puente en Daule y por qué no decirlo, que imiten también la calidad comprobada de obras de tiempos recientes para que la historia y sus conciencias los premien. (O)

Édgar Saldaña, Guayaquil