Bhagavad-gītā dice que nosotros hemos nacido en un mundo de naturaleza, nuestro segundo nacimiento es en el mundo del espíritu.

Me imagino el universo como una sola cosa y que todo ya está hecho y que Dios le dio la inteligencia al hombre y la mujer para que disfruten de todas sus bellezas y riquezas y se distraigan descubriendo todas sus grandezas. El hallazgo más grande fue el amor, ese era su espíritu, lo demás al descubrir una cosa veía que se correlacionaba con otra, el átomo, los protones, electrones, los positrones y de ahí a mover todo el mundo material.

Las negociaciones más importantes son con uno mismo

Luego las células con su núcleo y protoplasma, sus mitocondrias y condrocitos, sus genes se convirtieron en el secreto de la vida y de ahí el sol que lo hace todo en silencio, con su luz alimenta las plantas y estas a los animales y todo con humildad y en silencio.

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El agua con su capacidad de transformarse de sólido a líquido y gaseoso y en silencio lo hace todo: forma glaciares, de ahí se precipita en forma de riachuelos y ríos que irrigan los campos, da vida a las plantas y animales y se encamina a su único destino, el mar, que en silencio la recoge, de ahí el sol la evapora y se convierte en nubes que después en forma de lluvias irriga los campos y hace posible la vida; de ahí el aire que nos da vida y el fuego que todo lo transforma y domina, funde el hierro, da luz con las velas y enciende las teas de la paz o de la guerra.

Un legado de vida y compromiso

Y la semilla, ¿quién la creó?, ¿quién la inventó?, pues Dios que en su humildad hace florecer toda la naturaleza. El amor es Dios que hace posible el arte, los poemas, la poesía ¿qué más se puede pedir?, si al final nada nos vamos a llevar porque todo lo material es prestado, lo único que nos acompañará siempre y hasta el infinito será el alma, que es lo único que debemos amar y proteger. (O)

Hugo Alexander Cajas Salvatierra, médico y comunicador social, Milagro