La minería es fundamental para el futuro del país, desarrollar esta actividad económica, pues trae beneficios al país reflejados en diferentes áreas. Primero en la generación de empleos directos e indirectos, por la contratación de personas de las comunidades aledañas a las minas, así como también por los encadenamientos que se realizan con otros sectores, como la provisión de servicios de alojamiento, alimentación, entre otros. Esto a su vez conlleva que mejoren los salarios de los involucrados en las actividades; así también, el aumento de la formalidad les permitirá ser parte de la seguridad social. Segundo, el aumento de recaudación tributaria y generación de regalías para el Estado; es importante que estos nuevos ingresos se reviertan especialmente en las comunidades. Tercero, el desarrollo de nuevos oficios relacionados con la actividad, que al finalizar luego de varios años la vida útil de la mina pueden laborar en otros sectores de la economía gracias a las competencias, conocimientos, habilidades y destrezas adquiridas, trayendo consigo un mejor posicionamiento laboral. Cuarto, fomento de la educación de tercer nivel; ya ocurrió hace más de 25 años, cuando llegó la telefonía celular al país y nuestros profesionales solo trabajaban con las redes fijas y debieron aprender en el proceso sobre redes móviles, lo que llevará al desarrollo de carreras técnicas, tecnológicas y universitarias vinculadas con la minería y, por ende, a la creación de centros de estudios cercanos a las zonas de explotación. Quinto, la inversión en infraestructura en las comunidades, puesto que las minas, al ubicarse en zonas rurales, generan un impacto positivo en la construcción de carreteras, puentes, etc. Sexto, potenciación del emprendimiento local a través del aumento del consumo de productos elaborados por los miembros de las comunidades circundantes. Séptimo, se contrarresta la minería ilegal que ha perjudicado a los ecosistemas donde se asientan, dado que los proyectos mineros se licitan a las empresas con una importante trayectoria reflejada en inversiones y en el manejo ambiental, permitiendo así una explotación adecuada y responsable.

Sin duda, Ecuador tiene un potencial minero importante que debe saberlo aprovechar adecuadamente, pues el impacto de la actividad ayudaría, como se ha mencionado, a la generación de empleos directos e indirectos, aumento de las exportaciones, atracción de IED, incremento del PIB y más; pero es importante que se erradique la minería ilegal para que se potencien los proyectos actuales y los futuros que se desarrollen. Adicionalmente, es vital que se siga construyendo un entorno atractivo para la inversión y que garantice la seguridad jurídica. Los proyectos que actualmente se encuentran en fase de exploración no hay que dar por sentado que pasarán a la siguiente fase, pues las condiciones pueden volverse adversas; de ahí el trabajo de todos los actores involucrados para garantizar que entren en funcionamiento y así preservar los flujos futuros de ingresos que generarían.

Entrar a un boom minero significa también la responsabilidad de la adecuada explotación de este recurso, así como también usar responsablemente los ingresos que se generen especialmente hacia las comunidades cercanas a los proyectos; además de sentar las bases para una transición productiva pospetrolera acorde también con la dinámica mundial que busca sustituir el petróleo, convirtiendo así a la industria minera en un pilar fundamental de la economía ecuatoriana capaz de sortear los shocks externos y proyectar al país a una senda de crecimiento económico sostenido y, por supuesto, sustentable. Será vital fortalecer esta y otras actividades económicas que permitan encadenamientos productivos, y cuyo efecto multiplicador se refleje en el bienestar de las comunidades y del país en general. (O)

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Jorge Calderón Salazar, analista económico, Guayaquil